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Miércoles, 21 de enero de 2009 - 19:41 GMT
"Racismo", violencia y fútbol
Gabriela Torres
Gabriela Torres
Barcelona, España

Rosario Central
El FC Rosario Central de Cataluña está compuesto íntegramente por extranjeros, la mayoría argentinos.

El fútbol en Barcelona, sinónimo de excelencia, vive un momento de escrutinio social. La liga de Tercera División, compuesta por clubes de barrio, ha sido blanco de críticas por "racismo y xenofobia" debido a altercados y agresiones violentas.

En lo que va de temporada un equipo, el Bada Bing, ha protagonizado ese tipo de incidentes que incluyen imputaciones de amenazas de muerte a los clubes contra los que se enfrenta. Una conducta que parece empeorar si el contrincante está compuesto por inmigrantes.

Todo se ha exagerado muchísimo porque esto no deja de ser una pelea que cada dos por tres hay en el campo de fútbol. ¿No viste el cabezazo de Zinedine Zidane?
Elena Marugan, abogada de dos presuntos agresores

La semana pasada, miembros del club y sus seguidores le propinaron una paliza a los del FC Rosario Central de Cataluña, compuesto íntegramente por extranjeros -la mayoría de Argentina- y que terminó con 10 inmigrantes hospitalizados y cinco de los agresores detenidos.

Según la asociación SOS Racismo, la razón de esos altercados, "el racismo y la xenofobia", está muy lejos de desaparecer en la sociedad y se consolida en áreas como el deporte.

En silencio

"Hay muchos casos de racismo que no son denunciados. Hay muchas personas que asumen (estas agresiones) como si fuera algo normal y sólo es ante episodios muy violentos que saltan las alarmas", le dijo a BBC Mundo Isabel Martínez, portavoz de SOS Racismo en Barcelona.

Hay muchos casos de racismo que no son denunciados. Hay muchas personas que asumen (estas agresiones) como si fuera algo normal y sólo es ante episodios muy violentos que saltan las alarmas
Isabel Martínez, SOS Racismo

En el caso del encuentro entre el Bada Bing y el Rosario, la alarma se escuchó alto y claro, acompañada de las imágenes de las suturas que tuvieron que recibir algunos de los jugadores inmigrantes por los palos (en sentido literal) que recibieron en la cabeza.

Los primeros en reaccionar fueron los miembros de la Comisión Antiviolencia de la Federación Catalana de Fútbol cuyo presidente, Antonio Bermuda, le explicó a BBC Mundo que una vez analizado los informes del árbitro más un video que se pudo tomar durante el incidente, recomendaron la expulsión del equipo Bada Bing de la Liga.

"Ni siquiera hemos pedido los partes médicos. ¡Es que no lo necesitamos! Evidentemente ha pesado el hecho de que diez personas de un mismo club hayan tenido que pasar por el hospital y ninguno del otro", agrega.

Cinco detenidos

Las siguientes en actuar fueron las autoridades de la policía. Quienes tras haber estado en el centro de todas las miradas por no haber enviado una patrulla a tiempo al campo de juego, detuvo en cuestión de horas a cinco de los miembros del Bada Bing.

Sitio electrónico de la Federación Catalana de Fútbol
La Federación Catalana de Fútbol soliclitó que se expulsara de la Liga al Bada Bing.
Se trata de Carlos R.G., José Luis, Jonathan P. F. y los hermanos Israel y Valentín Moreno, éste último con antecedentes penales pues hace ocho años estuvo involucrado en un homicidio por paliza en el puerto Olímpico de la ciudad, como le confirmaron a BBC Mundo fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.

Si bien BBC Mundo intentó ponerse en contacto con el Bada Bing -que en el pasado se llamó Lope de Vega, pero fue expulsado de la Liga por razones parecidas a las de ahora, y hoy está relacionado con la hinchada del FC Barcelona Boixos Nois, la más radical y violenta- sólo consiguió hablar con Elena Marugan, abogada de los hermanos Moreno.

"No sé qué pudo haber pasado por la cabeza (de Valentín e Israel) para llegar a esto, pero yo lo que creo es que todo se ha exagerado muchísimo porque esto no deja de ser una pelea que cada dos por tres hay en el campo de fútbol. ¿No viste el cabezazo de Zinedine Zidane?", le explica a BBC Mundo la abogada, quien aclara que no intenta justificar las acciones de sus defendidos.

Fuera de lo normal

El presidente de la Comisión Antiviolencia coincide con Marugan en el único hecho de que en el fútbol, donde hay pasión y competencia, existe una tensión tal que puede terminar en algún que otro acto agresivo, en cuyo caso el árbitro tiene las tarjetas en el bolsillo de su camiseta para controlar la situación.

Antonio Bermuda, Federación Catalana de Fútbol
Bermuda dice que ni siquiera hizo falta pedir los partes médicos para pedir la expulsión.
En el encuentro entre el Bada Bing y el Rosario Central, el árbitro también fue agredido físicamente y tuvo que encerrarse en su oficina para proteger su integridad y la del video que más tarde serviría de prueba.

"Los actos del otro día fueron actos violentos. Hay que ser muy violento para que en un partido se pegue con palo a la gente, y esos componentes son componentes sociales fundamentalmente", señala Bermuda.

La portavoz de SOS Racismo coincide con el presidente de la Comisión Antiviolencia en que se trata de un factor social y el hecho de que un episodio como éste se haya producido en una liga de clubes de barrio es muestra de ello.

"Es grave y denunciable que no te dejen entrar a un lugar por tu color de piel o tu origen. Es grave y denunciable que te traten de una forma diferente o te hablen mal; y estos son incidentes que se producen a diario en espacios como las escaleras de vecinos", agrega Martínez.

Sin sorpresas

Las agresiones del Bada Bing al Rosario Central no fueron una sorpresa para los clubes de Tercera División que contactó BBC Mundo. Antronio Olivero, presidente del FC Singuerlín, un equipo un barrio de la periferia de Barcelona, contó que "tienen expresiones racista, lo que ocurre es que en nuestro caso no pasó nada porque estaba la policía, aunque se enfadaron con nosotros por su presencia".

Por su parte, el árbitro Buenaventura Sacristán, quien lleva más de 20 años como colegiado y ha pitado a los Bada Bing en el pasado, le contó a BBC Mundo que en noviembre tuvo que "salir escoltado" por la policía.

"En esa ocasión expulsé a tres o cuatro jugadores y le dije a los delegados de la Federación que llamaran a las autoridades porque se iba a armar la grande y al final del partido le dije a los de la Federación que a ese equipo no los quería ver ni en pintura y redacté un informe", agrega.

La vez del Rosario

El domingo que al Rosario Central de Cataluña le tocó jugar contra el Bada Bing, ya se temía un desenlace violento en el campo. Por eso se habían solicitado que una patrulla estuviera presente durante el encuentro, pero como fuentes policiales le explicaron a BBC Mundo "ése (juego) no era de riesgo".

Hay que ser muy violento para que en un partido se pegue con palo a la gente, y esos componentes son componentes sociales fundamentalmente
Antonio Bermuda, Federación Catalana de Fútbol

Si bien en la primera mitad del partido había mucha tensión, la pesadilla llegó después del descanso. "Empieza un clima de violencia de parte de ellos de putearte (...) De decirte 'te voy a cortar el cuello', de pegarte cabezazos, tirar patadas y escupir", le cuenta a BBC Mundo el jugador argentino Federico Todeschini.

Cuando el Rosario marca el cuarto gol ya no hay vuelta atrás. "Sólo lo festeja un amigo mío porque todos los demás estábamos alerta. Y lo festeja con un '¡gol, carajo!' En ese momento uno de otro equipo vino y le dio una trompada".

Así que dos de los jugadores del Rosario decidieron salirse del campo "porque les estaban pegando de una manera como para que ya no tuvieran más ganas de jugar". A partir de allí todo ocurrió en cuestión de minutos que para Federico parecieron horas.

"En ese momento saltan todos los simpatizantes del Bada Bing a la cancha y junto con todos los jugadores, menos uno de los arqueros, empiezan a atacarnos. Quienes iban al rescate de los nuestros, terminaban con palos y patadas".

Hubo quien intentó defenderse hasta con el banderín del corner. "Pero no duró ni un segundo y le dejaron la espalda como a Jesús después de los latigazos. Eran como 40 ó 50 personas que estaban pegando a matar y 18 que no sabían cómo defenderse. La superioridad numérica era abrumadora y el deseo de hacer mal también".

Lo que quedó

La policía no llegó; fue la Guardia Urbana (GU), un cuerpo con menos competencias. "Cuando llegamos todo había acabado. Estaban los lesionados, cinco presuntos agresores identificados y un montón de testigos", le dice a BBC Mundo Jordi Villasaló, portavoz de la GU.

"Lo único que podíamos hacer era identificarlos. Si hubiera habido algún muerto, entonces se hubiera producido una detención. Pero no fue un hecho extraordinario", aclara Villasaló. No se requisaron los bates y palos con que habían propinado la paliza y tampoco escoltaron a los agredidos.

"Esto fue un evento racista", dice sin dudar Federico Todeschini. "Las amenazas de muerte no eran porque les estábamos ganando. Creo que si el partido hubiera sido contra un club catalán hubieran reaccionado de forma agresiva, paro acá lo que había era voluntad de matar".



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