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Miércoles, 20 de agosto de 2008 - 20:36 GMT
¿Por quién doblan las campanas?
David Willey
BBC, Roma

Fabio Angelici
Fabio Angelici ha instalado decenas de sistemas automatizados en iglesias romanas.

En Roma, la capital del cristianismo, con más de 1.500 campanas en sus cerca de 600 iglesias, el antiguo oficio del campanero está a punto de desaparecer.

Durante siglos, las campanas, además de indicar la hora, doblaban para anunciar la muerte de un papa, celebrar los grandes festivales de navidad y pascua, y recordarles a los fieles la misa dominical.

Sin embargo, en la inmensa mayoría de las iglesias ya no es un campanero quien tira de las tradicionales cuerdas atadas a los badajos. En su lugar, hay un mecanismo automatizado.

Un sistema de cadenas unidas a engranajes y a un motor eléctrico ha sustituido al sacristán que se encargaba de repicar las campanas.

"Los romanos han perdido la buena costumbre de disfrutar el sonido de las campanas los domingos por la mañana o de despertarse al son de éstas", le dijo a la BBC Fabio Angelici, quien ha instalado decenas de sistemas automatizados durante los últimos 30 años.

"Por el contrario, para muchas personas las campanas se han convertido en una molestia y ahora la ley restringe su sonido exactamente igual que si formaran parte de un sistema de alarma", señaló.

Campaneros aficionados

En el norte de Italia hay miles de campaneros aficionados que ejecutan los toques tradicionales, dan conciertos de campanas y visitan iglesias de éste y otros países europeos para practicar su arte.

Taller de fundición de campanas en Italia
El último taller romano de fundición de campanas cerró en 1993, después de 500 años.

En junio, un festival nacional de toque de campanas en Castelnuovo del Grada, cerca de Verona, atrajo a más de 3.000 entusiastas.

Mientras tanto, en Roma parece que no hay ninguno.

La campana de bronce más antigua que he logrado encontrar en la capital italiana está en el campanario medieval de la iglesia de San Nicolás, que se levantó encima de un antiguo templo romano.

Tiene una distintiva forma tubular y todavía se puede leer la fecha en que se tocó por primera vez.

La moldeó en este lugar un tal Guidotto, de Pisa, hace exactamente 722 años.

Balas de cañón

Durantes los asedios de la ciudad, algunas campanas eran derretidas para convertirlas en balas de cañón.

No hace mucho, las campanas de las iglesias indicaban que uno tenía que ir a trabajar o regresar a almorzar en la casa al mediodía, pero todo eso ha cambiado
Fabio Angelici

Algunos romanos en la actualidad se lamentan de que no se haya derretido una mayor cantidad, dice Angelici, cuyo padre trabajó en el último taller romano de fundición de campanas, que cerró en 1993, después de aproximadamente 500 años de actividad.

"Si alguien en la parroquia se queja del ruido y dice que le causa angustia o daños, la policía puede mandar a detener las campanas", señala Angelici.

"No hace mucho, las campanas de las iglesias indicaban que uno tenía que ir a trabajar o regresar a almorzar en la casa al mediodía, pero todo eso ha cambiado", agrega.

Sólo un puñado de sacerdotes romanos, entre ellos Battista Pansa de la Iglesia de la Transfiguración, siguen haciendo los toques de forma manual.

Tradición

El padre Pansa dice que se opone a que las campanas se toquen apretando un botón, no sólo porque la instalación de un sistema automático puede costar hasta US$50.000, sino también porque, en su opinión, se trata de una tradición que se debe conservar.

Vaticano
Incluso en el Vaticano se ha cambiado la cuerda por el botón.

"Los domingos, cuando los niños acuden a misa, les encanta tirar de las cuerdas de los campanarios", señala.

"Si estoy sólo en la iglesia, yo también halo la soga, como cualquier otro feligrés".

Pero, cuando no queden practicantes que quieran tocar las campanas o a él no le acompañen las fuerzas, también tendrá que adoptar las nuevas tecnologías, dice.

Después de todo, incluso en el Vaticano se ha cambiado la cuerda por el botón.

El único consuelo es que, hasta ahora, la mayoría de los sacerdotes romanos han resistido la tentación de sustituir las campanas por repiques completamente electrónicos.



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