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Martes, 27 de mayo de 2008 - 11:37 GMT
Paraguay: sonidos de esperanza
Alfonso Daniels
Asunción

Niños y adultos hurgan en busca de alimentos y materiales reciclables entre montañas de basura que apesta, bajo un sol insoportable.

Estudiantes de Sonidos de la Tierra en  Cateura, Asunción
Sonidos de la Tierra cuenta con 8.000 estudiantes en 120 comunidades.

De repente los violines de la Música para los Reales Fuegos de Artificio de Handel rompen el sonido de los perros callejeros que ladran y el ruido de los camiones recolectores de desperdicios, transportando al visitante a las calles de cualquier ciudad europea como Praga o Viena.

Se trata de Cateura, el principal basurero de la capital de Paraguay, Asunción, donde el conductor de la orquesta sinfónica del país, Luis Szaran, ha establecido una escuela de música.

"Yo vine aquí una vez aquí y vi a una mujer cargando a un bebé recién nacido con una mano y con la otra seleccionando los desperdicios, y me dije que esto no podía continuar de esta manera, y así fue como todo comenzó", recuerda Szaran, quien es húngaro, de origen polaco.

Luego lanzó la iniciativa los Sonidos de la Tierra -hace ya seis años- para traer la música clásica y la música folklórica a los niños más pobres, con la ayuda de organización no gubernamental suiza, Avina.

Esperanza

La música ha cambiado mi vida, me siento completamente distinto
Israel, estudiante de Sonidos de la Tierra

El programa cuenta en la actualidad con 8.000 alumnos en 120 comunidades en todo el Paraguay, un tercio de la población de 6,5 millones que vive con menos de dos dólares al día.

"La música ha cambiado mi vida, me siento completamente distinto", dijo Israel, de 11 años, uno de los 65 niños que estudian en Cateura, mientras sostiene firmemente un violín con sus manos.

"Antes yo solía sentirme deprimido todo el tiempo, pero ahora tengo esperanza", añade María del Carmen, de 19 años, sentada delante del profesor que también se encarga de comprobar que lo están haciendo bien en la escuela.

Al otro lado de la puerta del salón de clase, sus padres separan activamente los materiales reciclables de la basura, que después venden de vuelta a las industrias, por una escasa ganancia.

Pocas alternativas

Estudiantes de Sonidos de la Tierra en  Cateura, Asunción
Casi todos los recursos son generados por la propia comunidad.

Este año, un grupo de estudiantes de Cateura se presentó en la Universidad de Oxford, donde Szaran recibió hace tres años un premio de empresariado social, que le ha permitido seguir expandiendo su ambicioso proyecto.

Los niños más talentosos pueden ahora seguir una carrera musical con la ayuda de donaciones de familias europeas, e incluso estudiar con los miembros de prestigiosas orquestas, como el primer violinista de la Filarmónica de Berlín.

Si no fuera por Sonidos de la Tierra, ellos estarían deambulando en la suciedad de las calles durante todo el día, hurgando entre la basura sin que sus padres sepan dónde están y comenzando a trabajar en el botadero a la edad de 11 años.

Hay muy pocas opciones distintas para esta comunidad de 10.000 personas que dependen directamente de la basura para subsistir.

Cateura es un lugar lleno de miseria, donde la policía no se atreve a entrar de noche, y donde las enfermedades y las epidemias se han generalizado debido a la falta de agua potable.

Instrumentos de basura

Luis Szaran, director (en el medio), rodeado por estudiantes de Sonidos de la Tierra
La nuestra es una sociedad fracturada en la que el pesimismo es la norma; pero hasta que el cambio se produzca seguiremos tratando de salvar a los niños
Luis Szaran
Fundador de Sonidos de la Tierra

Pero a los niños en el programa no sólo se les enseña a tocar música. También aprenden a construir y a reparar instrumentos musicales, en un taller adyacente.

A los niños se les proporciona crédito para comprar materiales como cuerdas y otros componentes especializados de música para sus instrumentos. Cuando han vendido o reparado un instrumento se pueden ganar un dinero que les permite sufragar sus gastos y mantener sus estudios.

Recientemente, comenzaron a construir instrumentos de alta calidad, hechos de basura.

Alberto, de 20 años, me muestra un tambor que incorpora una radiografía de una espina dorsal, mientras que su maestro toca una guitarra hecha de latas que fue utilizada en Oxford.

"Después de unirme al programa regresé a la escuela para terminar mis estudios. Mi sueño es llegar a ser un luthier, (alguien que construye o repara instrumentos de cuerda)", dice mientras sujeta una trompeta. Es una imagen increíble, si tenemos en cuenta que ocho meses atrás trabajaba en el botadero de basura.

Iniciativa sostenible

A diferencia de otras iniciativas musicales sociales, como la de la orquesta en Venezuela que el año pasado se presentó en la temporada de conciertos -los Proms- de la BBC en Londres, Sonidos de la Tierra no depende de donantes externos.

Más del 90% de sus recursos anuales, que ascienden a US$10 millones, es generado por las propias comunidades.

"Cuando llegamos a un nuevo lugar, donamos los instrumentos y proporcionamos el maestro", dice Szaran.

"Luego formamos una asociación de adultos y les enseñamos gestión y la contabilidad".

"Cuando están listos ellos van y buscan la financiación, algunas veces construyendo la escuela de música de sus hijos con sus propias manos."

De hecho, explica, el objetivo general es crear una cultura de rendición de cuentas y respeto, especialmente hacia las mujeres y los niños.

También busca proporcionar capacitación a las personas de manera que ellas tengan la oportunidad de escapar de su existencia rodeada de miseria dada la ausencia de una asistencia significativa por parte del gobierno.

Pero Szaran admite que esta historia de éxito no puede ocultar la situación desesperada en Paraguay, considerado uno de los países más corruptos del mundo.

Él cree que el ex obispo católico Fernando Lugo, quien ganó las elecciones presidenciales en abril y es un antiguo alumno suyo de guitarra, representa la única esperanza.

"Lugo es diferente a todo lo que hemos visto antes, este es un país pegado con alfileres, a merced de una elite corrupta", dice.

"La nuestra es una sociedad fracturada donde el pesimismo es la norma; pero hasta que el cambio llegue, seguiremos tratando de salvar a los niños."



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