Si la gente quiere considerarme Dios no voy a llevarles la contraria
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No fue un actor ni un cineasta, sino un futbolista quien este martes acaparó la atención de la prensa y el público que asiste a la 61ª edición del festival internacional de cine de Cannes.
Calificado de "dios" por sus fanáticos seguidores y tan destacado en el campo deportivo como controvertido por su vida privada y sus declaraciones, el astro argentino Diego Armando Maradona asistió en la ciudad francesa a la presentación del documental que sobre su vida realizara el director serbio Emir Kusturica.
La presencia de Maradona en Cannes despertó gran expectación entre la prensa.
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"Maradona by Kusturica" es precisamente un relato donde, sobre el telón de fondo de la vida deportiva de este ícono del fútbol, se sobreponen la adoración casi religiosa que despierta en algunos, su paso por el infierno de las drogas y el alcohol y las ideas políticas comunes de la estrella y el realizador.
El famoso número 10 que en el campeonato mundial 1986 convirtió dos de los más famosos goles de la historia del fútbol, se presentó decidido a hacer lo mismo con los fotógrafos y el público que no dejaron de sorprenderse por su buen estado de salud y condiciones físicas.
La mano de Dios
En la rueda de prensa que siguió a la sesión de fotos y la primera proyección de la película, Maradona confesó haber dejado atrás "las malas costumbres" que lo llevaron varias veces al hospital y a tratamientos de rehabilitación.
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Haría lo que fuera por ver a Julia Roberts aquí. Me cortaría esta mano... la mano del gol de Inglaterra
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Pero también sedujo con la imagen humana que a los 47 años todavía lo muestra -al igual que la película- como el muchachito de un barrio pobre de Buenos Aires que inició una carrera deportiva internacional descollante.
Esto ocurrió particularmente al confesar que su actriz favorita era Julia Roberts. "Haría lo que fuera por verla aquí. Me cortaría la mano", dijo y al tiempo de simular la acción agregó "La mano del gol de Inglaterra".
De esa forma hacía referencia al partido de 1986 en que los llamados "gol del siglo" y el "de la mano de Dios", le dieron la victoria al seleccionado argentino contra Inglaterra por 2 a 1 en los cuartos de final en México.
El partido es una espina que todavía duele en el corazón de los aficionados al fútbol inglés, en especial el polémico tanto que Maradona siempre negó haberlo convertido con su mano.
Su famosa excusa de "habrá sido en todo caso la mano de Dios" se volvió tan icónica como el mismo gol.
El nuevo amigo de Diego
La película de Emir Kusturica muestra esos y otros de los más de 30 goles anotados por Maradona por su paso por el seleccionado argentino de fútbol.
La película sella la amistad entre Kusturica y Maradona.
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Pero el documental va más allá de lo meramente deportivo, del fervor casi religioso hacia Maradona, de su caída y recuperación de las drogas y el alcohol o hasta el lado humano del deportista que hasta incluso llega a sorprender cantando en la película.
En efecto, el serbio, ganador en dos oportunidades de la Palma de Oro de Cannes, sella en su película una amistad con "Dieguito" cimentada en ideas políticas comunes, especialmente en su odio compartido hacia el presidente de Estados Unidos, George W. Bush.
La cámara de Kusturica, además de mostrar a Maradona al lado del presidente de Venezuela, Hugo Chávez y del líder cubano, Fidel Castro, se regocija repitiendo una y otra vez el "gol de la mano de dios", intercalando imágenes de Bush, Tony Blair o Margaret Thatcher.
Para el cineasta, la victoria sobre Inglaterra en el campo deportivo, es una metáfora del triunfo del "tercer mundo" sobre las potencias occidentales que imponen su reglas sobre países como Argentina o Serbia ya sea a través de la OTAN o del Fondo Monetario Internacional.
Dioses y egocentrismos
Durante la rueda de prensa, Kusturica no reparó en elogios sobre el argentino. "Crea momentos mágicos. Si tuviéramos que comparar la popularidad que proyecta el fútbol hoy con los tiempos del Imperio Romano, está calificado para ser un Dios".
Kusturica fue criticado por su excesiva presencia en el documental.
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A lo que el argentino se apuró a contestar que le gusta que el público tenga fe en él y aunque no se siente como Dios, "si la gente quiere considerarme dios no voy a llevarles la contraria".
Una posición más terrenal adoptaron los periodistas y el público que asistió a la presentación del documental al negarse a ofrecerle a Kusturica los mismos aplausos que esuchó en Cannes en 1985 por "Papá está en viaje de negocios" y en 1995 por "Underground", un relato sobre la desintegración de Yugoslavia.
Es más, durante la rueda de prensa se le llegó a cuestionar su egocentrismo ya que el cineasta y fragmentos de sus películas aparecen tanto o más que su mismo ídolo a quien conoció hace tres años.
"Es que íbamos a Buenos Aires a buscar a Maradona para rodar y no lo encontrábamos, así que si no hubiese ocupado yo su lugar nunca hubiéramos terminado la película", se excusó el serbio.
"¡Toma!" exclamó Maradona sonriendo y golpeando con su puño el brazo del cineasta, a quien de todos modos, atribuyó la mejor película que se haya hecho hasta ahora sobre su vida.