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Sábado, 12 de abril de 2008 - 17:18 GMT
Una larga carrera hacia la libertad
Julian Shea

Gilbert Tuhabonye
Tuhabonye llega a Londres tras un largo proceso de autosuperación; tiene los ojos puestos en Pekín.
"No había forma de escapar. La gente esperaba afuera. Si alguien intentaba saltar, lo atacarían con sus machetes".

De los 36.000 corredores que se prepararon para la maratón del domingo en Londres, el aspirante a corredor olímpico Gilbert Tuhabonye, nacido en Burundi, es quien tiene una de las historias más conmovedoras.

En 1993, Tuhabonye, quien tenía entonces 19 años, esperaba graduarse de la secundaria en Kibimba y aspiraba a una beca para deportistas que le permitiera estudiar en la Universidad de Tulane en Estados Unidos.

Un día de octubre Tuhabonye y otros 100 tutsis como él fueron capturados por la etnia rival en su región de África, los hutus, quienes los condujeron hasta una gasolinera y procedieron a quemarlos vivos.

Si pude dejar ir en libertad a quien quiso matarme, es que puedo hacer cualquier cosa. Me inspiró
Gilbert Tuhabonye

"Estaban haciendo todo lo posible para que todos los que estábamos dentro muriéramos", dice Tuhabonye.

Fue el único sobreviviente de la masacre, ya que rompió una ventana saltó fuera y corrió por su vida.

Recuperación

Poco después se refugió en un hospital, y allí comenzó su lento proceso de recuperación.

Gilbert Tuhabonye en su club de Austin, Texas
Tuhabonye entrena a jóvenes corredores en su club de Austin, Texas, Las Gacelas de Gilbert.

Casi por milagro, en menos de 18 meses Tuhabonye corría de nuevo, a pesar de que el fuego le había quemado la carne de la pantorrilla hasta el hueso.

En 1995 compitió en los Juegos Mundiales Estudiantiles en Japón.

Al año siguiente, como uno de los talentos más prometedores del país, resultó seleccionado para participar en un campo de entrenamiento del Comité Olímpico Internacional para los países en desarrollo.

Allí, en un gesto de enorme simbolismo que sus anfitriones jamás hubieran imaginado, Tuhabonye llevó la antorcha olímpica en el año de los Juegos de Atlanta, por las calles de Birmingham, Alabama, la cuna del movimiento de los derechos civiles.

"Ese fuego me había quemado, pero ahora yo lo llevaba en alto; fue increíble", dice.

"Nos dijeron que corriéramos lentamente, pero yo no los escuché: corría rápido. Fue una sensación tan increíble", recuerda.

El perdón

En 1996 Tuhabonye se vio cara a cara con uno de los hombres que intentaron matarlo.

Si pudiera llegar a Pekín enviaría un mensaje tremendo sobre el perdón
Gilbert Tuhabonye

"Se derrumbó a mis pies, pidiendo perdón", dice.

"Ahí estaba el hombre que puso a toda aquella gente dentro del edificio. Pero llegaban algunos de mis amigos y supe que si no lo dejaba ir, lo matarían. Así que le dije: 'Vete de aquí'. No lo podía creer", agrega.

"Verlo marchar fue el mejor momento de mi vida", dice.

"Si pude dejar ir en libertad a quien quiso matarme, es que puedo hacer cualquier cosa. Me inspiró", asegura.

Instalado en Austin, Texas, Tuhabonye se ha convertido en una inspiración hasta para él mismo, y ni que hablar para cientos de corredores miembros de su club, Las Gacelas de Gilbert.

Entrenarlos le significó saltar de corredor de distancias medianas a largas.

"Un día me dije: 'Debo correr una maratón'".

Un mensaje

Se presenta este domingo con una marca personal de 2 horas, 22 minutos y 7 segundos. Por cuatro minutos queda fuera del grupo B, y por siete del A.

"Si pudiera llegar a Pekín enviaría un mensaje tremendo sobre el perdón", dice.

"He superado el pasado y perdonado a la gente que quiso matarme. Para que el mundo sea un mejor lugar, debemos dejar el pasado detrás y seguir adelante", remata.



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