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Lunes, 25 de febrero de 2008 - 23:42 GMT
Kuna Yala: autonomía y desafíos
Manuel Toledo
Manuel Toledo
BBC Mundo, Ukupseni, Kuna Yala

Islas cercanas a Ukupseni  Foto: Manuel Toledo, BBC Mundo

Es ari ni, el mes de las iguanas, y los indígenas de la comarca Kuna Yala, en el noreste de Panamá, celebran este lunes el aniversario de la revolución con la que alcanzaron su autonomía.

En Ukupseni (Playón Chico), una de las cerca de 40 islas habitadas del archipiélago de San Blas, los más jóvenes corren por las callejuelas con la bandera de la comarca en alto -roja y amarilla, con una esvástica en el centro- y les gritan vivas a los héroes de la gesta de 1925.

Gracias a ellos, la Asamblea Nacional de Panamá estableció, en 1938, la Comarca de San Blas y, en 1953, después de largas negociaciones con los líderes kunas, el gobierno definió su autonomía.

A pesar de que el grado de autonomía que alcanzaron era envidiable, en comparación con la situación de la mayoría de las comunidades indígenas de América Latina, los dirigentes kunas señalaron posteriormente que los límites territoriales establecidos eran insuficientes.

En 1995, la comarca aprobó su Ley Fundamental que, entre otras cosas, cambió su nombre a Kuna Yala, estableció las atribuciones de sus autoridades, tanto a nivel local como comarcal, y sentó las bases para la introducción de un sistema de educación intercultural bilingüe, en kuna y español.

Ahora, a 70 años del establecimiento de la comarca y en pleno siglo XXI, la comunidad se preocupa cada vez más por mantener viva su cultura y por hacer frente a desafíos que van desde cómo desarrollar sus propios medios de producción hasta qué medidas tomar para paliar los efectos negativos del turismo.

Largo viaje

Según su historia oral, los kunas se fortalecieron como pueblo en territorios que hoy pertenecen al departamento de Chocó, Colombia.

Casa de una familia kuna  Foto: Manuel Toledo, BBC Mundo
Unas 40 de las más de 300 islas del archipiélago están habitadas.

Vivían en las riberas del río Atrato -al que conocían como Ogigidiuala, Amukua Diuar o Koskun Diuar- y de allí se desplazaron hacia los afluentes del Tuira, llamado por ellos Duileuala, en la actual provincia panameña de Darién, donde todavía hay dos comunidades kunas, Paya y Púcuro.

Después migraron hacia la costa atlántica y se establecieron en zonas boscosas cercanas al mar y en las islas.

Los pueblos kunas, que estaban unidos en un territorio denominado Comarca de Tulenega, resultaron separados a raíz de la división de Colombia y Panamá en 1903.

La mayor parte quedó en el lado panameño, donde además de Kuna Yala hay otras dos comarcas menores, Madungandí y Wargandi.

Manejo sostenible

"Cuando llegué por primera vez a Kuna Yala, me sorprendió ver como un pueblo indígena ha logrado mantener su autonomía de decisión en un territorio ancestral", le dijo a BBC Mundo la investigadora griega Marina Apgar, que estudia la práctica cultural y los sistemas de conocimiento de los kunas en el contexto del desarrollo sostenible.

En la parte terrestre, casi todo el territorio está cubierto de bosques primarios que, bajo un sistema de manejo tradicional sostenible, se han conservado mucho mejor que los parques nacionales
Marina Apgar, investigadora

"En la parte terrestre, casi todo el territorio está cubierto de bosques primarios que, bajo un sistema de manejo tradicional sostenible, se han conservado mucho mejor que los de los parques nacionales", señaló.

Este manejo se extiende a otros recursos naturales de gran importancia para la comarca.

"Pronto la langosta entrará en veda y tendremos que trabajar más en el campo", les dijo a los hombres de Ukupseni el máximo dirigente local, el saila, en una de las reuniones obligatorias a las que todos los adultos tienen asistir dos veces por semana para debatir temas de interés comunitario.

Desde hace varios años, el Congreso General Kuna -la principal autoridad de la comarca- decretó una veda de crustáceos y moluscos durante los meses de marzo, abril y mayo para proteger a diversas especies y, de paso, fomentar la actividad agrícola.

Los kunas, que tradicionalmente se han dedicado a la pesca y a la agricultura, venden los mariscos a los pilotos de avionetas que llegan desde la Ciudad de Panamá, quienes los revenden, a precios mucho mayores, a dueños de restaurantes de la capital.

Otras importantes fuentes de ingresos son la venta de cocos, en especial a marineros colombianos, y de molas, los tradicionales bordados que usan las mujeres kunas, a los turistas.

Medios de producción

Sin embargo, muchos habitantes de la comarca se quejan de que no cuentan con los medios de producción necesarios para salir de la pobreza.

Damián Perea   Foto: Manuel Toledo, BBC Mundo
Muchos pescadores dicen que necesitan barcos para negociar.

"Diversos gobiernos y organizaciones no gubernamentales nos han dado miles de dólares y tenemos escuelas, aeropuertos, muelles y centros de salud", le dijo a BBC Mundo un funcionario que supervisa proyectos del Banco Internacional de Desarrollo en Kuna Yala, Eisenhower Arias.

"Pero, económicamente, seguimos iguales".

"Por ejemplo, no tenemos plantas de procesamiento de cocos ni barcos para transportarlos y por eso se los tenemos que vender a los colombianos".

"Además, en estos momentos, cada una de nuestras islas es un mundo aparte porque, excepto en un sector de Kuna Yala, a lo largo de la costa no hay carreteras que permitan la comunicación entre las comunidades y el comercio de nuestros productos", señaló.

Ciudades

En su opinión, esta falta de oportunidades y el hecho de que el sistema de educación panameño no ponga más énfasis en "que la tierra es para producir", han contribuido a que miles de jóvenes kunas se hayan ido a las ciudades.

Tenemos escuelas, aeropuertos, muelles y centros de salud pero, económicamente, seguimos iguales
Eisenhower Arias, funcionario

La mayoría de los que han salido de la comarca viven en las barriadas más pobres de la Ciudad de Panamá y de Colón.

"Me parece mal que se vayan los jóvenes, en lugar de quedarse a trabajar aquí", le dijo a BBC Mundo el secretario de los caminos de la administración de Ukupseni, Baldomero de León.

"Yo mismo una vez me fui a estudiar en la capital, pero no pude terminar por falta de recursos", añadió.

Un pescador, Damián Perea, nos dijo que sus cinco hijos viven en la Ciudad de Panamá, pero que cree que eventualmente regresarán a vivir en Ukupseni, como él hizo hace varios años.

Marina Apgar destacó que "muchos se van, trabajan uno o dos años y vuelven a Kuna Yala".

"Aunque recientemente algunos han comenzado a comprar casas en la capital, en general no se olvidan de su comunidad, de su tierra, e incluso cuando viven en las ciudades mantienen sus costumbres, la colectividad y, en la mayoría de los casos, el idioma", dijo.

Turismo

La relación de la comarca con el turismo es otro ejemplo de como sigue vivo el espíritu de autonomía que animó a la revolución de 1925.

Molas  Foto: Manuel Toledo, BBC Mundo
La venta de "molas" a los turistas es una importante fuente de ingresos.

El capítulo VII de la Ley Fundamental kuna señala que "la explotación de toda actividad turística y sus modalidades en la Comarca Kuna Yala se reserva al Pueblo Kuna".

Como esta ley no permite la inversión de personas que no sean kunas, se ha evitado la llegada en masa de visitantes.

Los relativamente pocos turistas que viajan a las islas llegan generalmente en avionetas desde la Ciudad de Panamá y se alojan en pequeños hoteles de propiedad kuna o en casas privadas.

Sin embargo, en un sector de la comarca, el de Cartí, ya se han visto las consecuencias nefastas de cierto tipo de turismo.

Islas flotantes

Varias veces al año, llegan hasta esas islas paradisíacas del Caribe otras islas flotantes, los cruceros.

Eisenhower Arias
Eisenhower Arias señala que se debe fomentar el turismo de forma sostenible.

"Cuando llegan es una locura, es muy impactante, porque a una isla donde hay 1.000 habitantes bajan 1.000 o 2.000 turistas", nos dijo Marina Apgar.

Eisenhower Arias, por su parte, señaló que en ese sector del archipiélago el turismo ha afectado el comportamiento de muchos kunas, quienes se han acostumbrado a pedir dinero.

"Una vez trabajé allá y vi como se nos humillaba nuestra dignidad humana, cuando algunos turistas, que aparentemente vienen cargados de dólares, lanzaban monedas al mar para que nuestros jóvenes las sacaran de las profundidades", dijo.

"Afortunadamente, eso no ocurre en la mayoría de las islas y estamos tratando de aprender de esa experiencia negativa para evitar que se generalice".

"Sabemos que el turismo es importante porque nos trae trabajo y dinero, pero debemos fomentarlo de una forma sostenible y que respete las tradiciones y costumbres que nos hacen únicos en el mundo y por las que, precisamente, nos vienen a visitar", añadió.



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