En la carta de Napoleón a Josefina, se percibe al hombre corriente atribulado por el amor.
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Una declaración inédita de debilidad de Napoleón Bonaparte y un certificado de defunción de El Principito emitido por su propio creador son dos de los documentos que forman parte de una peculiar muestra de cartas de amor en París.
La exposición en el Museo de Cartas y Manuscritos se mete en lo más profundo de la vida íntima de diversos personajes mundialmente conocidos, desde Víctor Hugo hasta Edith Piaf o el zar Alejandro II de Rusia.
El material de coleccionistas privados recopilado para esta muestra en una pequeña sala en el corazón de París demuestra que cualquiera, hasta el más poderoso o fuerte, puede caer rendido en los brazos de Afrodita.
Estelle Gaudry, una representante del museo que dialogó con BBC Mundo, dijo que el mensaje central de la exposición es que el amor puede encontrarse "de diferentes formas, en diferentes objetos, y que las cartas tienen su importancia".
Según Gaudry, quizás alguna vez haya una muestra con correos electrónicos o SMS sentimentales, "siempre que hayan sido guardados" como una vieja carta de amor.
"Débil y degradado"
Uno de los primeros manuscritos con que uno se topa en la exposición es el que Napoleón escribió a Josefina en 1796, antes de partir en su campaña militar a Italia.
El despechado Antoine de Saint-Exupery desapareció tan sólo dos meses tras escribir a su amada.
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"Es imposible estar mas débil y degradado", admitió el valiente general francés en esa carta. "Vuestros pensamientos envenenan mi vida, desgarran mi alma".
Al comentar esta carta, Arnaud Bertinet, otro representante del museo, dijo que se trata de un documento casi único, que muestra "que frente a Josefina y al amor, Napoleón era un hombre como los otros".
Algo similar sugiere la misiva que un domingo de 1868 escribió el poderoso zar Alejandro II de Rusia a Katia, su amante y futura esposa.
"Hola mi ángel, te quiero más que a la vida y tu adorable carta de anoche, que vengo de recibir y de leer con pasión y con felicidad, me volvió loco", expresó Alejandro II.
Adieu, Principito
Uno de los puntos fuertes de la exposición es la colección de cartas ilustradas con imágenes de El Principito que su creador, Antoine de Saint-Exupéry, dirigió a su último gran amor.
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¡Piensa en mí! ¡Quiéreme! Sueña con el último minuto cuando nos vimos y el primer minuto cuando volveremos a vernos
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La mujer, una joven de 23 años, oficial del ejército francés, casada y embarazada, cuyo nombre fue mantenido en reserva, nunca correspondió la pasión de Saint-Exupéry, quien desesperado por los desaires le envió un sombrío último texto en mayo de 1944.
"No hay más Principito, hoy día ni jamás. El Principito está muerto o se volvió totalmente escéptico. Un Principito escéptico no es más un Principito. Estoy resentido con usted por estropearlo", escribió.
"No habrá más cartas, teléfono ni señal. No fui prudente ni pensé que arriesgara pena, pero me lastimé en el rosal cogiendo una rosa. El rosal preguntará: ¿Qué importancia tenía para usted? Ninguna, rosal, ninguna. Nada importa en la vida. No más vida. Adiós rosal", agrega.
Dos meses después de escribir esto, Saint-Exupéry desapareció misteriosamente para siempre cuando pilotaba un avión sobre Francia, en una misión de reconocimiento durante la Segunda Guerra Mundial.
Estilo directo
El zar Alejandro II se refiere a su amante Katia como el "ángel" a quien quiere "más que a la vida".
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Otras cartas de la exposición muestran un estilo más directo y simple, como el telegrama de Nathalie Paley al poeta y dramaturgo Jean Cocteau, que apenas dice: "Yo también, mi amor, en todas partes y siempre".
También es directa y simple la carta que Juliette Drovet dirigió a Victor Hugo, donde puede leerse: "Te quiero, ante todo y después de todo, te quiero, te quiero, te quiero".
En cambio, el autor de Los Miserables escribió un texto más elaborado para otra amante, Léonie d'Aunet, el 9 de julio de 1843.
"¡Oh! ¡Piensa en mí! ¡Quiéreme! Sueña con el último minuto cuando nos vimos y el primer minuto cuando volveremos a vernos", expresó Victor Hugo. Y agregó: "¡Oh Dios mío! ¡Que es largo, y necesito verte! Ángel dulce, fija tus ojos adorables sobre mí. De aquí los sentiré. Esto me recalentará el alma. Te quiero. ¡Eres mi vida! Hasta el jueves, ¡oh qué largo es!".
La cantante y el boxeador
La muestra incluye también cartas que intercambió la cantante Edith Piaf con su amante, el boxeador Marcel Cerdan.
En 1949, cuando Cerdan preparaba una pelea en Nueva York contra Jake La Motta, Piaf le envió una carta de amor desde París, sin firmar para evitar que su manager la confiscara.
"Es raro. No tengo reflejos, ni ideas, nada. Me parezco a alguien que espera un acontecimiento. En el lugar de mi corazón existe una angustia, una pena. ¡Mi amorcito, mi amorcito cómo te quiero, es una locura e inquietante! Hoy debía ensayar pero no tengo fuerzas. Prefiero estar sola. Cancelé todas mis citas porque la gente habla y me impide estar contigo", relató Piaf.