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Viernes, 21 de diciembre de 2007 - 19:50 GMT
Boliviano y patrimonio de Buenos Aires
Max Seitz
Max Seitz
BBC Mundo, Argentina

Gracias a su destreza con la cuchara de albañil, un ciudadano boliviano se ha convertido en el primer extranjero en ser distinguido como "patrimonio viviente" de la ciudad de Buenos Aires.

Casimiro Sejas López trabajando con su cuchara de albañil
Por más de tres décadas viene recuperando edificios históricos en la capital argentina.

Se trata de Casimiro Sejas López, un obrero de la construcción y maestro restaurador de 66 años que llegó a Argentina siendo muy joven, hace casi medio siglo.

El reconocimiento -promovido por la UNESCO- está dedicado a personas que, por sus habilidades, se destacan en la vida cultural de un pueblo.

Sejas López fue premiado por sus más de tres décadas de trabajo en la recuperación de edificios históricos de la capital argentina, según nos explicó el arquitecto Jorge Bozzano, del gobierno porteño.

Este hombre afable, casado y con tres hijos, recibió de las autoridades de Buenos Aires un diploma que lo acredita como un "artífice" que integra el "patrimonio viviente de la ciudad".

Sejas López lleva ese documento en su bolso y lo exhibe en todos lados con orgullo. "Yo trabajo desde hace mucho tiempo en la construcción y me especializo en yesería", cuenta a BBC Mundo.

"He participado en la restauración de una decena de edificios históricos en Buenos Aires, como la casa de Carlos Gardel y el Museo de la Ciudad, recuperando los ornamentos de las fachadas y los interiores".

Pero no sólo eso: Sejas López es también un maestro de restauradores al que actualmente siguen unos 20 alumnos, la mayoría mujeres, que buscan conocer todos los secretos del oficio.

Sorpresa y alegría

Casimiro Sejas López muestra su diploma de "patrimonio viviente" de Bs. As.
Fue una alegría para mí y para mi pueblo, un orgullo tanto para mis compatriotas en Bolivia como para los casi dos millones de bolivianos que viven en Argentina
Casimiro Sejas López

"Soy el primer extranjero al que declaran 'patrimonio viviente'. Fue una sorpresa ser distinguido de esta manera", afirma el albañil oriundo de Cochabamba.

"Fue una alegría para mí y para mi pueblo, un orgullo tanto para mis compatriotas en Bolivia como para los casi dos millones de bolivianos que viven en Argentina".

Sejas López dice que, desde que fue premiado, ha recibido muchísimas llamadas de familiares, amigos y desconocidos diciéndole que lo admiran y que se sienten complacidos con el hecho de que un boliviano haya sido homenajeado en Buenos Aires.

"Estoy a punto de viajar a Bolivia y sé que allá me van a recibir como héroe", adelanta.

Por otra parte, Sejas López asegura que gracias a la distinción se siente más integrado a la cultura del país que lo ha recibido hace tanto tiempo: "Creo que ya soy un ciudadano argentino pleno, aunque siempre llevo en la sangre el ser boliviano".

"Maestro"

No sólo sus compatriotas están encantados con la distinción que recibió, sino también sus alumnos, para quienes se trata de un reconocimiento merecido.

Nélida Sosa y su maestro Casimiro Sejas López
Mucho antes de que Casimiro fuera considerado patrimonio viviente de la ciudad de Buenos Aires, él era para mí un maestro ejemplar que me enseñaba su oficio con amor y dedicación
Nélida Sosa

"Mucho antes de que Casimiro fuera considerado patrimonio viviente de la ciudad de Buenos Aires, él era para mí un maestro ejemplar que me enseñaba su oficio con amor y dedicación", comenta a BBC Mundo Nélida Sosa, de 50 años.

Por su parte, Marta Záfora (39), afirma: "El encuentro con él es muy bueno. No sólo aprendemos de albañilería, sino también de la vida en general y de Bolivia".

"Ya lo valorábamos antes de que se le diera el premio. Él no nos esconde ningún conocimiento", dice el español Francisco (31), otro de los discípulos de Sejas López.

¿Pero que planea para su futuro el albañil boliviano, ahora que lo han distinguido por sus destrezas como yesero y profesor? Él dice que quiere seguir enseñando y que le gustaría crear una escuela de restauradores en Bolivia, para aplicar allí lo que aprendió en Argentina.

"En mi país hay muchas iglesias que se están deteriorando. La catedral de La Paz, por ejemplo, se viene abajo y sería bueno trabajar en ella. Ése es el sueño que tengo", asegura.

Y enseguida remata: "Para ser un buen artesano hay que ser un buen soñador".



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