Gibbons enseñaba en el colegio privado Unity High School de Jartum.
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Una maestra británica a la que se acusó en Sudán de insultar al Islam, incitar al odio y despreciar las creencias religiosas por permitir que sus alumnos pusieran el nombre del profeta Mahoma a un oso de peluche, fue hallada culpable.
Un tribunal de Jartum condenó a Gillian Gibbons, de 54 años de edad, a una pena de 15 días de cárcel y la posterior deportación.
Insólita condena en Sudán
El ministerio británico de Relaciones Exteriores calificó el veredicto de "muy decepcionante" y los abogados de Gibbons dijeron que apelarán el fallo.
La cancillería británica volverá a convocar al embajador sudanés en Londres, luego de que el canciller, David Miliband, se reuniera previamente con el representante de Jartum y le explicara que todo se trató de un "malentendido inocente".
Sobre la maestra, Miliband dijo que "es una persona que está haciendo una contribución a la sociedad sudanesa".
Gibbons fue arrestada en Jartum tras permitir a sus alumnos de primaria "bautizar" un oso de peluche con el nombre del profeta.
Como parte de una actividad escolar, los niños debían proponer nombres para el juguete y someterlos a votación. El nombre elegido fue el que comparten muchos niños en el país, Mahoma (o Mohammed).
El peso de la ley
Para Robert Boulos, el director de la escuela donde trabajaba la maestra, "fue un veredicto justo. Ella pudo haber sido condenada a seis meses de prisión o (40) latigazos, y sólo recibió 15 días y la deportación".
La maestra fue arrestada luego de que varios padres se quejaran ante el ministerio de Educación.
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Los altos clérigos sudaneses habían reclamado que el peso de la ley recayera sobre Gibbons y calificaron su acción como parte de un "complot" occidental en contra del Islam.
En declaraciones a la BBC, James Jones, obispo anglicano de Liverpool, de donde Gibbons es originaria y quien la conoce personalmente, manifestó que se sentía "aliviado de que los azotes públicos no tendrán lugar".
Sin embargo, el prelado añadió estar "desilusionado" y sentir una "verdadera ansiedad".
Según sus palabras, "sé que la comunidad islámica de Liverpool se siente tan desilusionada como todo el mundo".
Para el obispo, "un caso tan mal manejado no beneficiará las buenas relaciones entre las comunidades de creyentes".