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Viernes, 23 de noviembre de 2007 - 19:52 GMT
Violencia en casa: "asunto de familia"
Redacción BBC Mundo

El 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Al menos una de cada tres mujeres en el mundo ha sido golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o ha sufrido de algún abuso en su vida, según datos de la Organización de las Naciones Unidas, ONU.

BBC habló con tres mujeres de origen ruso que fueron víctimas de violencia doméstica y aquí nos relatan su experiencia.

IRINA: "Empecé a creer que era normal"

Mi esposo solía regresar bastante tomado después del trabajo. Si la comida no estaba caliente o no había tenido tiempo de sacar la basura, simplemente llegaba y me golpeaba.

Al principio me pegaba ligeramente en la cabeza, pero con el paso del tiempo se fue acostumbrando a golpearme cada vez más duro.

Irina
Irina se sentía completamente sola.
¿Por qué no me iba? Primero, porque todos nuestros amigos y familiares me preguntaban: ¿piensas que podrás sobrevivir tú sola con tres niños? o ¿has pensado en que jamás te podrás casar nuevamente?

Además, todo el mundo me decía que lo que me pasaba era completamente normal. Y al pasar el tiempo, empecé a creer que era normal ser humillada y golpeada.

Me sentía completamente sola, como un pez dentro de una pecera, donde intentas abrir tu boca, tratas de decir algo y nadie puede oírte. Todo el mundo se desligaba del asunto y me decían, "esto no es nada y son tus problemas familiares".

La última vez que me golpeó terminé en el hospital, con tubos adheridos a mi estómago y suero intravenoso. Cuando desperté me dijeron que estaba en el hospital porque me habían tenido que operar.

Mi primer pensamiento en ese momento fue: ¿cómo y por qué fue que terminé aquí? Ah, porque mi marido me golpeó, por eso acabé en el hospital. ¿Y por qué me golpeó?, porque simplemente fui muy tonta en permitírselo.

De alguna manera, logré reanimarme después de toda la violencia que sufrí, pero definitivamente no fue bueno dejar que las cosas llegaran a este punto.

Una siempre debe enfrentarse a ellos. Si un hombre golpea a una mujer una sola vez y ella no lo abandona inmediatamente, él se sentirá motivado a golpearla de nuevo, pues nadie lo castigó por esa primera vez.

LYUDMILA: "Un asunto de familia y no público"

Después de que mi esposo me golpeó permanecí un mes entero en el hospital.

Y durante todo ese tiempo, tanto la policía, como el oficial a cargo de la investigación y mi esposo, me decían que no iniciara ningún procedimiento judicial y mucho menos, mencionara lo que había sucedido.

Lyudmila
Lyudmila considera que las leyes deben cambiar.

La policía esperaba que retirara mi denuncia. Pero cuando se enteraron de que yo misma trabajaba como policía, me dijeron que sería una pérdida de tiempo para ellos investigar un caso de violencia doméstica como éste porque no obtendrían ningún bono adicional por ello.

La mayoría de las personas a mi alrededor no estuvieron de acuerdo con mi decisión. Me decían que debía permanecer todo como un asunto de familia y no público.

Me repetían que si tenía problemas para comunicarme con mi esposo era toda mi culpa; lo mismo si me golpeaba, la única culpable era yo misma.

Decían que debía encontrar las palabras correctas para que él jamás me hubiera golpeado. Sentían lástima por mi, pero esa lástima que se traduce como "mírala, pobrecita, no tiene ni idea de cómo tratar con un hombre".

Creo que la legislación en torno a la violencia doméstica debe cambiar. El estado debe proveer mayor apoyo a las mujeres que se encuentran en este tipo de situaciones.

Ahora ya existen centros de apoyo para las mujeres pero es poco lo que pueden hacer, si las leyes no cambian.

MASHA: "Mi esposo empezó a cambiar"

Teníamos un matrimonio muy lindo y dos hijos. Pero a medida que mi esposo empezó a ganar más dinero y poder, cambió. Mientras tanto, yo vivía en casa con nuestros hijos y a cargo de los quehaceres domésticos.

Al principio teníamos algunas discusiones, pero después comenzó a golpearme. No se lo decía a nadie, me guardaba todo.

Traté de refugiarme en el alcohol y después de eso él dejó de verme como un ser humano.

Masha
Masha no se atrevía decirselo a nadie.

En una ocasión me violó enfrente de nuestros hijos. Primero me golpeó y después me violó como el "pedazo de carne" que él consideraba que era.

Me decidí a terminar con él y empecé a emborracharme. Después, él me denunció y la policía vino a buscarme. Cuando la policía me liberó, mi esposo me encerró en uno de los cuartos del lugar que compartíamos y me quitó mis pertenencias y documentos y me dejó sin dinero.

Finalmente, acabé como vagabunda en las calles de San Petersburgo por muchos años, hasta que enfermé gravemente y los doctores me enviaron a un centro de atención para mujeres en crisis. Ahí, me ayudaron a encontrar un trabajo y un cuarto donde vivir.

Intenté muchas veces ponerme en contacto con mis hijos, les envié regalos y traté de localizarlos a través de amistades, pero no quieren saber nada de mí.

Ahora me siento feliz con mi vida porque al menos tengo un cuarto donde vivir. Por supuesto, no hay garantías de que no termine en la calle de nuevo y eso es lo que más me asusta. No creo que lo soportaría una vez más.


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