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Viernes, 26 de octubre de 2007 - 11:23 GMT
Estigmas cuestionados del Padre Pío
Javier Farje
Javier Farje
BBC Mundo

Padre Pío
El culto al Padre Pío es uno de más populares en toda Italia.
El Padre Pío representó, por muchos años, la forma más gráfica del misticismo.

El monje capuchino italiano se había hecho famoso por la estigmata, un fenómeno según el cual, algunos privilegiados muestran en las manos y los pies las llagas de Jesús en la cruz.

El monje fue canonizado por Juan Pablo II en 2002.

Su fama trascendió los límites monásticos en los que vivió, para llegar a seducir a estrellas como la actriz Sofía Loren y el cantante de ópera Andrea Bocelli.

Pero hoy el historiador Sergio Luzzatto está por poner en duda la capacidad de Pío de imitar a Cristo.

En su libro Padre Pio Miracoli e Politica Nell'Italia del Novecento, Luzzatto pone en duda la validez de la estigmata del monje.

La versión de Luzzatto se basa en el testimonio de una boticaria, María de Vito.

Pedido sospechoso

De Vito viajó en 1919 a San Giovanni Rotondo, cerca de Foggia, en el sur de Italia y se pasó un mes con el monje, en un peregrinaje destinado a consolidar su admiración por un hombre que, para ella, representaba el sufrimiento mismo de Jesucristo.

"En vísperas de mi partida a Foggia, el Padre Pío y con gran secretismo me pidió que no le dijera nada a sus hermanos, y me entregó personalmente una botella vacía (...) para regresarla de Foggia a San Giovanni Rotondo con cuatro gramos de puro ácido carbólico", dice el documento.

Estigmata del Padre Pío
El Padre Pío decía que tuvo los estigmas de Jesucristo durante 50 años.
"Él me dijo que el ácido era para desinfectar jeringas y también me pidió un calmante (llamado) valda".

Según la misma misiva, el mismo pedido se repitió un mes después, incluyendo cuatro gramos de un calmante llamado veratrine.

Al darse cuenta de que no lo tenía en su farmacia, le hizo el pedido a su primo, el mismo que se negó porque sospechaba que lo usaría para fingir la estigmata.

"Creo que el ácido carbólico puede ser usado por el Padre Pío para irritar las heridas de sus manos", sentencia la carta de María de Vito.

Dudas

Lo más grave de las acusaciones del libro de Luzzatto es que este testimonio fue presentado ante las autoridades vaticanas encargadas de estudiar los milagros de los candidatos a santos.

Pero el Vaticano rechazó ese testimonio y realizó su propia investigación. Según esta pesquisa, las llagas son auténticas.

El problema es que no se trata de una conspiración de enemigos del monje. Dos papas, Juan XXIII y Pablo VI mostraron sus dudas sobre la presunta santidad del fraile.

Francesco Forgione tomó el nombre de Fray Pío cuando entró a la orden de los Capuchinos en 1903, como homenaje al papa Pío V, santo patrón de su nativa Pietrelcina, en el sur de Italia.

Desde muy joven, Pío pareció insinuar que algo extraño le estaba ocurriendo.

Señales

"En medio de las palmas de mis manos aparecieron marcas rojas del tamaño de un centavo, acompañadas de un dolor agudo en el medio de las llagas", le escribió a su asesor espiritual, el Padre Benedetto.

Cuando su mentor le preguntó si tenía visiones y si experimentaba los dolores de los azotes y de la corona de espinas, que son elementos vitales de la estigmata, el padre Pío se apresuró a decir que sí.

Por supuesto que quienes siguen al pie de la letra la versión oficial, han reaccionado con mucho enojo ante el libro de Luzzatto.

Creo que el ácido carbólico puede ser usado por el Padre Pío para irritar las heridas de sus manos
María de Vito
"Queremos recordarle al señor Luzzatto que, de acuerdo con la doctrina católica, la canonización lleva en sí la infalibilidad del Papa", advierte la Liga Católica contra la Difamación.

Muchos católicos se sienten incómodos con el concepto de la infalibilidad papal, por considerar que ni el propio pontífice se salva de cometer errores en cuestiones de fe.

Al mismo tiempo, las dudas expresadas sobre la autenticidad de los estigmas del Padre Pío, que los protegía con mitones de los que rara vez se despojaba, no son nuevas.

Lo que hace el libro de Sergio Luzzatto es sumarse a quienes consideran que es tiempo de dejar de alimentar a la iglesia de mitos improbables.

Pero el padre Pío es un símbolo en la historia italiana de la posguerra, un imán poderoso para quienes creen que el fraile capuchino es un interlocutor entre lo terrenal y el cristo que murió en la cruz.

La fascinación persiste.

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