El "profesor" ganaba unos 4.000 euros al mes.
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Esta es la historia de Sir John Bourn, que preside la comisión de auditoria del gasto público británico y, en ejercicio de sus funciones, ha gastado casi un millón de dólares en 43 viajes en avión, todos primera clase, la mayoría con su esposa.
En los últimos tres años, el auditor general también gastó unos 50 mil dólares en almuerzos y cenas.
Cuando tenía que almorzar con algún funcionario, politico, dignatario, el Ritz y el Savoy figuraban primero en sus lugares favoritos.
En un almuerzo con un funcionario gastó unos 400 dólares, en otro la cuenta se le disparó a 600 dólares.
Entre las curiosidades de todas estas cuentas, está que la misma Oficina de Auditoria Nacional presidida por Sir John Bourn ha dado a conocer estos gastos.
La ópera mágica
Políticos de la oposición pidieron su renuncia y dijeron que peor aún que sus gastos de representación es el hecho de que hubiera aceptado invitaciones de las empresas británicas que estaba investigando.
Cortesía de GSL, una compañía que buscaba ganar un contrato con el estado, Sir Joh Bourn fue a la ópera, actividad que difícilmente se pueda relacionar con el control de las cuentas públicas.
Similares invitaciones recibió de importantes compañías británicas, entre ellas la polémica empresa de defensa BAE Systems, investigada en su momento por una venta a Arabia Saudita por unos 40 mil millones de dólares.
¿No comprometía todo esto la imparcialidad de Sir John?
Segun la Comisión de Cuentas Fiscales del parlamento, Sir John no incurrió en delito alguno, aunque la comisión admitió que era necesario crear un sistema más transparente para sus gastos.
En medio de la polémica una portavoz de la auditoría dijo que Sir John no volvería a tomar vuelos de primera clase o con su esposa, a menos que el parlmento lo apruebe.
Si hubiera adoptado esta conducta en su momento, habría ahorrado al erario público unos 20 mil dólares solamente del viaje que hizo a Brasil.
Eso sí, según la auditoría, los almuerzos y cenas en restaurantes de lujo siguen siendo necesarios.
A fin de cuentas, no va a terminar comiendo en un cafetín de mala muerte.