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Martes, 21 de agosto de 2007 - 05:50 GMT
Peregrinaje a toda vela
Beatriz Becerra, periodista española
Beatriz Becerra
Camino de Santiago

barco Mir

La nueva ruta del Camino de Santiago por el mar finalizó este fin de semana. La escritora española Beatriz Becerra fue una peregrina durante parte del camino, entre Cartagena -en la región de Murcia- y Málaga, en la Costa del Sol, España. A continuación nos cuenta su aventura a bordo de la embarcación rusa Mir.

Imagínense embarcarse en un buque escuela ruso, con su tripulación y un centenar de jóvenes cadetes, y poder convivir con un grupo de escritores, periodistas y peregrinos veteranos del Camino de Santiago, en una travesía que recorrerá la costa española desde Valencia a Galicia durante doce días.

Periodista Beatriz Becerra

Cuenta la leyenda que, tras ser degollado en Jerusalén, los restos del apóstol Santiago fueron arrojados fuera de la ciudad para que las alimañas los devorasen. Pero, llegada la noche, sus discípulos los recogieron y caminaron con ellos desde Jerusalén a Jaffa. Allí encontraron una barca "sin remos ni gobernalle", donde depositaron el cuerpo santo. Y "...dejando atrás el Mediterráneo, navegó por el océano rodeando todo el resto de Castilla y de Portugal y de buena parte de Galicia, hasta meterse por la boca de la Ulla hasta la ciudad de Iria...".

Para conmemorar la ruta que siguieron "los restos del apóstol Santiago tras ser degollado", se puso en marcha, por primera vez, esta iniciativa única, denominada "La Traslatio literaria y jacobea".

El lunes 6 de agosto me embarqué en el Mir, uno de los mayores barcos de vela del mundo, a las ocho de una mañana nublada en el puerto de Cartagena. Dos días antes había zarpado desde el puerto de Valencia.

Mir significa paz. Como la estación espacial, el barco es una isla navegante, una burbuja fuera del mundo que conocemos. No hay móvil ni Internet, y eso descabala, sobre todo las primeras horas ... y alivia muchísimo en las siguientes.

Los camarotes agrupan por docenas a cadetes y pasajeros: como huevos o apóstoles.

Los servicios y las duchas son comunes, dos plantas más debajo de cubierta. No se puede tirar absolutamente nada al inodoro (salvo los inevitables desechos orgánicos humanos): el tipo de cañerías que arma los intestinos del barco se colapsa con sorprendente facilidad. Una simple bola de papel higiénico puede bloquear en minutos el funcionamiento de semejante coloso.

Subiendo al mástil
Los valientes no olvidarán su trepada al mástil del MIR.
Los horarios de comidas son rigurosos: a las 8, 12, 16 y 20 horas. Ay del que se retrase o incumpla: la irrepetible Elena Koskova se abalanzará sobre él o ella con toda la furia de sus ojos azules y su nariz afilada. La comida es tan contundente como escasa en ración: frecuente por necesaria, aburrida por lo mismo.

Aunque hay motor, es la fuerza del viento sobre las velas, las 26 velas que impulsan esta grácil mole, la que consigue desplazar sus más de 2.200 toneladas.

En un espectáculo de precisión y belleza entre la relojería y el ballet, aprendices y expertos combinan la potencia y la coordinación a la hora de largar y recoger los cientos de gruesos cabos, con la agilidad y la exactitud artísticas de los que se encaraman a las gavias y encajan sus cuerpos en equilibrio para cumplir su cometido en los mástiles, tras trepar varias veces al día a una altura de hasta 50 metros para desplegar y recoger el velamen poderoso.

Las horas en cubierta son breves y eternas

Los cadetes son tantos y tan intercambiables en sus uniformes idénticos (igual de desgastados y astrosos) que dan la impresión de trabajar sin descanso, multiplicados por todos los rincones del barco: cuando no están largando o recogiendo cabos y velas, reparan la pintura, friegan el suelo, realizan flexiones imposibles, hacen brillar las mancuernas bajo el sol benevolente, estudian en el auditorio o buscan un momento de soledad para tocar un instrumento.

Los peregrinos leen plácidos junto a la borda, a la sombra o al sol, los libros de los autores que los acompañarán de forma intermitente en esta travesía. Estos están ahora en sus manos. ¿Quién no ha imaginado alguna vez disfrutar de semejante oportunidad?

Los escritores conversan interminablemente, entre ellos casi siempre; poco a poco, cada vez más, se intercalan con los peregrinos y las personas de la organización. Sestean, sujetan libros, se admiran ante el trabajo en el barco. Contemplan un mar bravío o tranquilo, se asoman sobre la quilla, observan, meditan.

Ania, tripulante del Mir
Me siento a gusto entre mis compañeros, y no echo de menos casi nada
Ania
Ania es cadete en el buque escuela Mir. Tiene 20 años y estudia en la Universidad de San Petersburgo para ser Ingeniero de Radio y Telecomunicaciones.

Tímida y decidida a la vez, es la única chica entre 100 cadetes. "Hago las mismas tareas que mis compañeros. Llevo más de dos meses a bordo, y no volveré a casa hasta finales de septiembre".

Es la primera vez que sale de viaje en su vida. Su hermana pequeña, bailarina, no entiende nada de lo que hace, su pasión por la radio, sus prácticas en un barco entre hombres. Pero Ania es feliz aquí. "Me siento a gusto entre mis compañeros, y no echo de menos casi nada". Aunque no tiene ni la más remota idea del concepto, la idea, el espíritu o el atractivo promocional de esta Traslatio revivida.

La barca de piedra es hoy un buque escuela que nos acoge entre su tonelaje y sus velas.

Para Amparo, peregrina veterana con 14 Caminos a sus espaldas y mucho trabajo para impulsar el de Valencia, "el camino es aventura y conocimiento. Es un encuentro con la naturaleza y con uno mismo. Un renacer con cada amanecida, después del cansancio y los deseos de abandonar del día anterior". Aquí, con el mar por todas partes, siente que se halla en medio de un paisaje infinito que cambia cada vez que lo miras, pues el movimiento está a la vez dentro y fuera de ti.

Amparo, peregrina del Camino de Santiago
El camino es aventura y conocimiento. Es un encuentro con la naturaleza y con uno mismo. Un renacer con cada amanecida, después del cansancio y los deseos de abandonar del día anterior
Amparo
Y en verdad el sentido último del camino, de todo lo xacobeo, ha de estar en el mar: en la muerte del hombre viejo y el nacimiento del hombre nuevo. Pues no en vano Santiago de Compostela, ciudad sin mar, tiene como símbolo la concha, la vieira.

Y si el Camino habla a cada uno en su propio lenguaje, Amparo piensa también que hay mucho de escritor en cada peregrino: "Todos, de un modo u otro, con frases sueltas o en diarios detallados, hacemos nuestra propia poesía en papel".

Milagros es escritora. Es una mujer dulce, serena y con carácter. Periodista en medios escritos y radiofónicos, ha publicado varias novelas y trabajado como editora en infinidad de manuscritos de otros autores. Escribirá uno de los relatos que darán forma al libro de esta Traslatio literaria y xacobea. Quiere que sea breve, concentrado, parece que con un enfoque un tanto cenital: "una mirada personal sobre el enorme alcance de esta historia o leyenda de más de once siglos". Probablemente tendrá la hondura y la musicalidad de su propio acento, y el sosiego reflexivo que impregna sus pasos, y su mirada.

Tripulación rusa a bordo del Mir.
La tripulación fue rusa.
Sólo unos pocos valientes se atreverán a trepar al mástil, y lo recordarán toda su vida como una ocasión irrepetible; lo mismo que sumergirse en alta mar, lograr no ser arrastrados hacia el costado del barco y trepar con esfuerzo por una escala tan sencilla que se antoja eterna y hostil para el que asciende.

Pero todos, sin excepción, aplaudimos y gritamos como niños cuando aparecen los delfines. Lejanos primero, enseguida bajo nuestros mismos pies. Delfines brillantes, jubilosos, hacedores de sonrisas. Para unos, señal inequívoca de la bendición de Apolo. Para otros, la oportunidad que nunca imaginamos de sentirnos los reyes del mundo, en pie sobre la proa de un gigante a vela.

Y todos, sin excepción, nos sobrecogemos ante el cielo nocturno estrellado. Las voces se acallan, los ánimos se aquietan, los sueños y las esperanzas se disparan. Tumbados sobre la cubierta de popa o acodados sobre la baranda de madera, todos recuperamos por unos instantes la conciencia de ser parte de un universo desmesurado e inabarcable. Tan mínimos e imprescindibles como ese polvo blanco estelar que rocía la bóveda lejana.

El Capitán Yuri Galkin nos entrega un emocionante certificado de "aprendizaje de navegación" a los que hemos disfrutado de su hospitalidad durante las últimas 227 millas. Y Málaga nos recibe luminosa. Llegan los escritores para el nuevo tramo hasta Cádiz, e intercambian pistas, consejos y buenos deseos con los que se van. Y el Mir, hermoso y trabajador, vuelve a partir al mediodía.
La Traslatio literaria y jacobea
12 días de viaje (del 4 al 16 de agosto)
7 etapas y 8 ciudades.
22 peregrinos
40 escritores y periodistas
41 miembros de la tripulación
100 cadetes de entre 17 y 20 años

Pues así el peregrino, como el alquimista, es capaz de transformar la materia: su materia interior.

Para conmemorar la ruta que siguieron "los restos del apóstol Santiago tras ser degollado", se ha puesto en marcha por primera vez esta iniciativa única, denominada "La Traslatio literaria y jacobea".

Con los relatos de los escritores que realizaron la travesía, se editará un libro en otoño, y se filmará además un documental de 40 minutos, que recogerá la vida a bordo y la convivencia entre peregrinos y autores.



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