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Miércoles, 15 de agosto de 2007 - 23:26 GMT
Tibet y el dilema de los budas vivientes
Michael Bristow
BBC, Tibet

Templo Jokhang, Lhasa
El templo Jokhang es uno de los principales centros de devoción en Tibet.

Cada día, centenares de peregrinos budistas se postran frente al templo Jokhang, el corazón espiritual de Lhasa, la capital de Tibet.

Su devoción a veces está grabada literalmente en sus rostros: muchos tienen marcas en sus frentes causadas por su constante contacto con el piso.

China dice que más de un millón de peregrinos visitan Lhasa anualmente lo que, según las autoridades, es una prueba de que protegen la libertad religiosa en Tibet.

Pero el cuadro real es más complejo. Aunque la gente puede orar abiertamente, Pekín es quien decide sobre el budismo tibetano.

Un ejemplo de ese control se presentó a principios de este mes, cuando la Administración Estatal de Asuntos Religiosos de China dictó nuevas pautas sobre a quién se le puede declarar "buda viviente".

A partir del 1 de septiembre, todos los budas vivientes reencarnados -monjes eminentes- tendrán que ser aprobados primero por el gobierno.

El próximo Dalai Lama

El objetivo de las nuevas reglas parece ser establecer cómo será escogido el próximo Dalai Lama, el líder espiritual del budismo tibetano.

Palacio Potala, Lhasa, Tibet. Foto: Manuel Toledo.
Palacio Potala, residencia del Dalai Lama en Lhasa. Ahora que él está en el exilio, es un museo.
El Dalai Lama actual, el número 14, Tenzin Gyatso, tiene 72 años de edad y vive exiliado en India desde que escapó de su patria en 1959, junto a miles de tibetanos más, después de un fallido levantamiento contra el gobierno comunista.

Otro objetivo es, aparentemente, evitar que los tibetanos exiliados puedan ayudar a seleccionar a su líder espiritual.

El artículo 2 deja en claro que Pekín no tolerará "la interferencia" de ninguna persona u organización fuera del país.

Panchen Lama

Si hay problemas de sucesión cuando muera el Dalai Lama, no será la primera vez que se presenten dificultades sobre la selección de monjes reencarnados.

Gyaltsen Norbu
Gyaltsen Norbu, el Panchen Lama aprobado por China, vive en Pekín.
Cuando el décimo Panchen Lama -considerado la segunda autoridad espiritual después del Dalai Lama- murió en 1989, comenzó la búsqueda de su sucesor.

En 1995, el Dalai Lama anunció que el niño Gedhun Choekyi Nyima, de seis años, era la reencarnación del Panchen Lama. Tres días después, él y sus padres desaparecieron.

El vicepresidente de la Región Autónoma de Tibet, Nyima Tsering, le dijo a la BBC que el joven, que ahora tiene 18 años, todavía está en Tibet.

"Quiere vivir en paz y no quiere interferencias en su vida", dijo el funcionario.

China no permite que nadie lo vea y, en su lugar, escogió a otro Panchen Lama, que vive la mayor parte del tiempo en Pekín y viaja a Tibet cada uno o dos años.

Poder político

China trata de controlar la selección de los altos líderes religiosos tibetanos porque teme su poder político.

Nyima Tsering, vicepresidente de la Región Autónoma de Tibet
Para Nyima Tsering el Dalai Lama no es sólo un líder religioso.
Aunque Pekín dice que Tibet ha formado parte de China desde a mediados del siglo XIII, ocho siglos después todavía muchos disputan esa aserción.

Las autoridades chinas consideran que los monjes en posiciones de responsabilidad constituyen un punto focal para quienes abogan por la independencia de Tibet.

El Dalai Lama "no es sólo una figura religiosa. También es una figura política que hace campaña a favor de la independencia tibetana", dijo Nyima Tsering.

Cuestiones delicadas

Los temas religiosos y políticos no suelen salir a la superficie en Tibet.

El Dalai Lama está aquí, pero no podemos hablar de él
Tibetano, señalando hacia su corazón
Los monjes en posiciones importantes se cuidan de hablar sobre cuestiones delicadas.

Cuando le preguntamos sobre el Dalai Lama al jefe del monasterio de Tashilumpo, en la ciudad de Zhigatse, Ping La, se encogió de hombros y dijo: "Él no es más que el Dalai Lama".

Es como si uno dijera que el Papa es un católico cualquiera.

Pero uno sólo tiene que raspar un poco la superficie para descubrir también la tensión política.

"El Dalai Lama está aquí", le dijo a la BBC un tibetano en Zhigatse, mientras señalaba hacia su corazón, "pero no podemos hablar de él".

¿Libertad?

Este mes también ha habido informes de que las autoridades chinas están tomando medidas enérgicas contra el sentimiento a favor del Dalai Lama en Tibet, mediante el despido de funcionarios tibetanos étnicos.

China se ha esforzado por promover la idea de que gobierna a Tibet con una mano suave.

Desde 1951, cuando reestableció su control de Tibet a través de lo que llamó una "liberación pacífica", Pekín dice que ha invertido más de US$132 millones en la restauración de sitios culturales.

Las autoridades plantean que los tibetanos pueden orar y expresar sus opiniones libremente.

"No tenemos prisioneros políticos", asegura Nyima Tsering.

Pero parece raro que en el monasterio de Tashilumpo haya fotos del presidente chino, Hu Jintao, sonriente, y ninguna del Dalai Lama.

Tal vez haya libertad política y religiosa en Tibet, pero está severamente restringida por Pekín.

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