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Viernes, 1 de junio de 2007 - 10:29 GMT
Niemeyer: el siglo de un genio
Max Seitz
Max Seitz
BBC Mundo, enviado especial a Río de Janeiro, Brasil

Oscar Niemeyer
Oscar Niemeyer uno de los arquitectos más sobresalientes del siglo XX.
"La vida es más importante que la arquitectura", suele decir el brasileño Oscar Niemeyer, uno de los arquitectos más sobresalientes del siglo XX. No sorprende, entonces, que su apego a este mundo le haya convertido en un ser longevo: este año cumple 100 años.

Durante casi un siglo Niemeyer ha sorprendido con sus edificios de concreto caracterizados por curvas libres de soportes, estructuras dinámicas y livianas en las que parece importar más la plasticidad que la función.

Fue, junto al urbanista Lucio Costa, el arquitecto de Brasilia, la moderna ciudad inaugurada en 1960. De él son el Congreso y los palacios Planalto (sede del Poder Ejecutivo), Alvorada (residencia oficial del Presidente) e Itamaraty (Cancillería), entre otras construcciones innovadoras.

Su primer proyecto fue, sin embargo, una iglesia y un casino a orillas del Lago de Pampulha, en Belo Horizonte. Las novedosas líneas de ese pequeño templo dedicado a San Francisco le dio fama en todo el país. El casino fue transformado luego en un museo de arte contemporáneo.

"Este proyecto tuvo mucho éxito porque era distinto: una arquitectura más leve y suelta, cuya forma intentaba sorprender. Fue muy importante ese primer trabajo para mí", dice Niemeyer a BBC Estudio Abierto.

Casa de Oscar Niemeyer en Río de Janeiro, en Brasil
Niemeyer vive en Río de Janeiro en un edificio de diez plantas diseñado por él mismo.

El arquitecto de Brasilia tiene, además, creaciones en el resto del mundo. Por ejemplo, trabajó con Le Corbusier en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, e ideó la Universidad de Constantino en Argelia y la sede de la Editorial Mondadori en Italia.

Estas dos últimas obras fueron realizadas durante su exilio en Europa, luego de dejar Brasil a fines de la década de los años 60 por la presión de los militares que habían tomado el poder. Volvió a su país a mediados de los 80.

Niemeyer es hoy un arquitecto consagrado en todo el mundo. Pero su camino no fue nada fácil: "Al principio me criticaron mucho, decían que lo mío era demasiado revolucionario; pero eso me impulsaba a hacer mi trabajo con más empeño. Siempre he hecho lo que me ha gustado".

En su casa

Niemeyer nos recibió en su casa en Río de Janeiro, ubicada en el último piso de un edificio de diez plantas construido por él frente a la playa de Copacabana. Desde los balcones curvos se obtiene una hermosa vista del mar y los morros de la ciudad.

El interior del apartamento es muy sencillo. Allí hay varios tableros, planos por doquier, un escritorio flanqueado por una biblioteca, un living con una comodísima silla para reposar diseñada por Niemeyer -nos dejó probarla-, un sofá largo que bordea el ventanal cóncavo y una simple mesa con sillas.

A menudo paredes en zig-zag donde el arquitecto ha dibujado mujeres desnudas trazan la separación entre un ámbito y otro. "Siempre me han atraído las curvas de los morros, los ríos y los cuerpos femeninos", confiesa en la intimidad de su casa en su ciudad natal.

Niemeyer vive frente a la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, Brasil.

Con 99 años, Niemeyer sigue trabajando con la pasión de siempre, ayudado en su apartamento por un grupo de arquitectos. "Actualmente tengo diversos proyectos en Brasil, un museo en España y otro en Italia. Estoy muy ocupado".

Siempre ha sido un idealista, desde su paso por el Partido Comunista en su juventud hasta su defensa actual de los pobres y del saber enciclopédico.

Dice que no es religioso, pero que está abierto a todo.

"El papel del arquitecto es luchar por un mundo mejor, donde se pueda hacer una arquitectura que sirva a todos y no sólo a un grupo de hombres privilegiados", asegura.

¿Pero, entonces, por qué él no ha hecho nunca obras para los más necesitados? "La arquitectura evolucionó a partir del progreso técnico. Pero en el aspecto social es mala, porque nuestro trabajo es para los gobiernos y los hombres ricos. El pobre no participa en nada", admite.

"La arquitectura está ligada al régimen capitalista y eso va a continuar así, lo cual es pésimo".

Brasilia "dividida"

Y lamenta, por ejemplo, que Brasilia esté actualmente dividida entre pobres y ricos, y que las favelas ocupen más lugar que la ciudad proyectada originalmente.

"Construí Brasilia con tanto empeño y entusiasmo. Era algo diferente; la arquitectura debe crear sorpresa. Hay quienes dicen que, mirando hacia atrás, volverían a hacer todo lo que hicieron. Yo creo que no, que cada día es diferente".

Niemeyer nos dejó probar una comodísima silla para reposar diseñada por él mismo.

Para él, las ciudades deben tener una densidad demográfica limitada y a su alrededor debe haber siempre un cinturón verde.

Cuando le preguntamos qué piensa de la arquitectura actual, Niemeyer prefiere no opinar de arquitectos en particular y, en cambio, dice que lo importante es hacer lo que a uno le gusta y no lo que a los otros les gustaría que uno hiciera.

"Una vez un arquitecto amigo mío dijo algo bien cierto: que no hay arquitectura antigua y moderna, sino arquitectura buena y mala", cuenta.

Le pedimos su opinión sobre rascacielos como las Torres Petronas, que el argentino César Pelli construyó en Kuala Lumpur, Malasia.

"Depende de cómo se hagan", advierte. "Un lugar donde la arquitectura de altura está justificada es La Défense, en París. Los edificios están separados por grandes espacios. La relación de la arquitectura con el entorno fue muy bien pensada. El resto de los rascacielos es una mierda".

Arquitectura audaz

Al crear, ¿qué importa más para este arquitecto que se considera "como cualquier otro"? ¿La razón, la intuición o la emoción?

Niemeyer confiesa que "siempre le han atraído las curvas de los morros, los ríos y los cuerpos femeninos".

"La invención, probar algo diferente", afirma Niemeyer. "Cuando la arquitectura no busca esto, queda reducida a una escala menor. Si quiere tener nivel de obra de arte, debe ser audaz".

Y recuerda que el escritor y político francés André Malraux dijo una vez que dentro de él tenía todo lo que amó y le gustó en la vida y que recordaba eso siempre que trabajaba. "¿Quién sabe? Quizás ocurra lo mismo conmigo", especula.

De esta manera, Niemeyer ha explorado la versatilidad del concreto armado, que le ha permitido hacer realidad sus fantasías onduladas. Se sabe que odia la estricta línea recta hecha por el hombre: "Me gusta trabajar con las curvas, que aceptan más invención y sensibilidad".

Le resulta difícil saber si en el futuro habrá algo mejor que el concreto para crear "sueños" arquitectónicos: "Hasta ahora no hay nada que nos deje hacer lo que este material admite".

Bolívar "monumental"

Niemeyer es un defensor de los gobiernos de izquierda en Brasil y el resto de América Latina.

Recientemente el presidente venezolano, Hugo Chávez, le comisionó un monumento dedicado a Simón Bolívar luego de que ambos conversaran sobre la grandeza del prócer cuando el mandatario visitó al arquitecto en Río a principios de este año.

"Fue un proyecto que hice como regalo para Chávez, no para que se construyera pronto. Es muy caro porque mide 170 metros. Una obra para un hombre como Bolívar tiene que ser monumental", asegura Niemeyer.

El interior del apartamento de Niemeyer es muy sencillo.

"Puede apuntar en la dirección de Estados Unidos, cuyo régimen infelizmente fue siempre contra América Latina. George W. Bush, al final, es el terrorista número uno y yo lo detesto", añade.

Al final de la entrevista, Niemeyer nos pide que no lo hagamos mover para tomarle una fotografía. Todavía se recupera de una operación de fémur. Pero sí accede a firmarnos un libro; su letra tiene el temblor de los años.

Y nos alienta a deambular por su casa, que es como estar en un "santuario de la arquitectura".


BBC Estudio Abierto


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