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Sábado, 5 de mayo de 2007 - 16:36 GMT
Blair vs. la sátira
Hugh Levinson
BBC

Dibujo de Gerald Scarfe
Dibujo de Gerald Scarfe.
Por diez años, Tony Blair ha tenido que aguantar las pedradas y las flechas hirientes de los comediantes, imitadores y caricaturistas. Pero, ¿quién es el que ríe último: ellos o el primer ministro británico?

Blair fue Bambi. Fue Tony Teflón. Él era el futuro de la política. Y era una pesadilla, al menos para los profesionales de la sátira.

Cuando Tony Blair llegó a los reflectores, parecía tener pocos puntos débiles. ¿Cómo podían burlarse del creador del Nuevo Laborismo?

Steve Bell, caricaturista del diario británico The Guardian, pensó que tenía una respuesta cuando lo vio en la conferencia laborista de 1994.

"Noté este extraño destello en su ojo", dice Bell. "Lo hice transformarse en Thatcher, porque, por supuesto, ¿dónde había visto ese brillo antes?. Ella (la ex premier británica) tenía exactamente la misma manía de destellar brillos".

Hablando ante el vitral
El texto de esta semana: 'Benditos sean los que hacen la paz, pero sólo mientras estén respaldados por un uso de la fuerza realista'
Prédica del "vicario Blair", en la revista Private Eye
¿Era sólo un rasgo peculiar? ¿O había más ahí? Bell dice que fue el contraste entre un ojo fijo y enojado con el otro, risueño y bueno, lo que le dio una pista del caracter del líder laborista.

Ian Hislop, editor de la famosa revista satírica Private Eye, estaba también en un dilema. Cuando Tony Blair se convirtió en primer ministro en 1997, Hislop captó dos aspectos de su carácter: la juventud moderadamente rebelde y su inclinación por predicar. Hislop decidió apostar sobre seguro, creando dos columnas a la vez.

La primera fue "Blaizone", un "fanzine", suerte de revista temática de aficionados, para un fallido héroe rockero de los 70s. "Tony Lixe: Nenas. Pantalones de campana. Un Banco de Inglaterra independiente", fue el título de un artículo típico.

La otra fue "St Albion's Parish News", que convertía al primer ministro en una suerte de vicario sobreentusiasta, rápido para el aplauso, con sermones como: "El texto de esta semana: Benditos sean los que hacen la paz, pero sólo mientras estén repaldados por un uso de la fuerza realista".

Ahí estaba el primer ministro con un vitral de colores a su espalda y esas filas de niñas y niños de escuela en uniforme, y sólo pensé: 'oh, Dios, a los amantes de la sátira les va a encantar esto'. Y así fue.
Lance Prince, ex vicedirector de comunicaciones en Downing Street
Para sorpresa de Hislop, fue el Blair vicario el que resultó más divertido, por encima del Blair dios del rock. Y la fantasiosa parroquia de St Albion se fue haciendo cada vez más barroca.

"Presumiblemente tienes a alguien que lleva las cuentas de la parroquia", dice Hislop. "Mete al austero escocés (Gordon Brown) que hace las sumas de la canastilla. Luego tienes al club de los trabajadores con Prescott (viceprimer ministro). Y entonces estaba el Neighbourhood Watch (Vecinos Vigilantes), el cual inevitablemente atraía a un grupo de muy asiduos individuos desalmados. Y de ahí todos los chistes comenzaron a fluir".

Lance Prince, ex vicedirector de comunicaciones en el número 10 de Downing Street, afirma que "St Albion" tenía ecos de la realidad.

Recuerda cuando Tony Blair lanzó la campaña electoral de 2001 en la escuela de una iglesia.

"Ahí estaba el primer ministro con un vitral de colores a su espalda y esas filas de niñas y niños de escuela en uniforme, y sólo pensé: 'oh, Dios, a los amantes de la sátira les va a encantar esto'. Y así fue".

Atinándole a Blair

El actor Rory Bremner consiguió imitar la voz de Blair muy rápidamente. Pero hallar la forma de satirizar sus políticas era una propuesta mucho más difícil.

Rory Bremner
El momento llegó cuando nos dimos cuenta de que el corazón real de este gobierno era la relación de Blair con Alastair Campbell.
Rory Bremner
"Tan pronto como conseguías algo en algún área, eso se evaporaba y desaparecía y se iban a otro lado", dice Bremner. "Supongo que el momento llegó cuando nos dimos cuenta de que el corazón real de este gobierno era la relación de Blair con Alastair Campbell (la mano derecha de Blair durante varios años) en Downing Street.

Bremner escenificó para televisión piezas cómicas en las que la figura de Campbell le decía a Blair qué decir, cómo decirlo y hasta qué cerveza tomar.

Price dice que el formato era bastante certero. "Se acercaba tanto a lo que habíamos visto con nuestros propios ojos, que estábamos convencidos de que alguien en la oficina estaba informando a Bremner o a sus guionistas sobre cómo era todo exactamente, golpe por golpe".

Bremner niega que tuviera un informante. Pero admite que corrió una vez con suerte, cuando en una de las escenas salió imitando a Blair y comiendo un plátano. Alguien cercano a Downing Street lo cuestionó sobre cómo sabía que a Blair le gustaba la fruta. Fue por pura casualidad, pero después de ello siempre ponía un plato de fruta en el set.

¿Debería quedarme?

Al principio hacíamos bromas acerca de cómo Blair es susceptible a la manipulación de los medios, de cómo no sabe lo que está pensando. Hoy en día, él sabe lo que piensa y eso es mucho más atemorizante.
Ian Hislop, editor de Private Eye
Mientras tanto, nuevas formas de sátira fueron emergiendo. Conforme la tecnología se abarataba, más gente pudo producir sátira en casa, poniendo los resultados en internet.

Un productor de música de Nueva York, quien usa el alias de Rx, pasó dos semanas cortando discursos de Blair para crear un video en el que Blair canta, con música de guitarra eléctrica, la pieza "¿Debería quedarme o irme?".

Otros han mezclado hechos y ficción, para crear piezas dramáticas de TV a partir de miembros controvertidos del gabinete de Blair.

Y conforme el Nuevo Laborismo pierde popularidad, la sátira es cada vez más dura y crítica.

"Al principio hacíamos bromas acerca de cómo Blair es susceptible a la manipulación de los medios, de cómo no sabe lo que está pensando. Hoy en día, él sabe lo que piensa y eso es mucho más atemorizante", dice Hislop. "Así que con los años nuestra versión de su voz cómica ha pasado de los ojos destellantes y entusiastas a una suerte de amargura y locura".

Blair vs. la sátira

Algunos piensan que se ha ido demasiado lejos. Steve Richards, comentador político del diario The Indepedent, afirma que los comediantes se han vuelto más cínicos y son más poderosos que los políticos de los que hacen escarnio.

John Culshaw como Tony Blair
Toma del "primer ministro" en el programa Dead Ringers.
"Creo que a fines de los 50s y principios de los 60s, los creadores de sátira desfiaban con valentía la ortodoxia, que en los medios los políticos eran tratados con mucha cortesía", dice. "Ahora nos hemos ido al otro extremo, donde en los medios, los políticos son tratados con desdén, y son vistos con desdén por el público. Y vienen los comediantes que semanalmente refuerzan todas aquellos prejuicios ortodoxos".

Los comediantes de sátira, sin embargo, rechazan esa acusación de cinismo.

En conclusión: ¿ha ganado la sátira? Sorprendentemente, los comediantes no parecen creer eso. Bill Dare, productor del programa Dead Ringers, de la BBC, cree que su equipo no ha dado en el clavo en el caso de Blair en la misma forma, simple y cruda, en que sí se logró con Margaret Thatcher o John Major.

Y Rory Bremner está de acuerdo: "Todavía no siento que hayamos satirizado satisfactoriamente a Blair. Porque hay una cierta seriedad que lo rodea. Él no es inherentemente una figura cómica".

¿Resultado? Un 2 a 1 a favor del hombre de Downing Street. Quizás.



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