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Antes vivía pasando por la vida corriendo, en lugar de vivirla
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El escritor canadiense Carl Honoré no lleva reloj. Dice que no lo necesita y que así vive más feliz. Su norma es hacer las cosas despacio, saboreándolas.
Asegura que prefiere hacer menos cosas y que no le importa practicar lo que muchos llaman "perder el tiempo".
Y es que para él, vivir despacio no es perder el tiempo, sino ganar en calidad de vida, me explica este escritor que saltó a la fama con la publicación de su primer libro "Elogio a la Lentitud".
Pero Honoré admite que no siempre fue así. Antes vivía "pasando por la vida corriendo, en lugar de vivirla". "Comía rápido, leía rápido, estaba atrapado en un fast forward..."
El escritor explica que este cambio radical en la manera de vivir surgió mientras le contaba cuentos a su hijo antes de irse a dormir.
Los tres consejos de Carl: hacer menos, desenchufarse de la red, integrar en su vida un rito lento.
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"Mi situación llegó al punto de coquetear con la posibilidad de comprar una colección de cuentos condensados en un minuto. Es decir, 'Blancanieves en sesenta segundos'". Lo cual le pareció, asegura Honoré, una "idea genial para un padre apresurado".
Pero pronto se daría cuenta que todo había llegado a un punto casi absurdo. Fue a partir de ese momento cuando comenzó a rechazar "la cultura dominante de la velocidad".
Honoré admite que no es fácil llegar a este punto. Al hecho de darse cuenta que es mejor vivir más despacio ante un mundo que no se detiene ante nada.
Házlo despacio
Por eso Carl Honoré tiene una serie de consejos para aquellos que quieran adoptar la filosofía de la lentitud.
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Amsterdam es un ejemplo del equilibrio. La mayoría de la gente viaja en bicicleta, tiene la velocidad ideal
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En su primer libro, "Elogio a la Lentitud", que fue un éxito de ventas, Honoré recomienda a aquellos lectores apresurados "hacer menos cosas, desenchufarse de la red e integrar en su vida un rito lento".
"La revolución lenta va a ser lenta, no vamos a cambiar el mundo de la noche a la mañana porque hemos vivido por lo menos 150 años de aceleración constante."
"Pero durante ese periodo, la velocidad hizo más bien que mal, aunque en los últimos diez años el péndulo se ha movido hacia el otro extremo".
Carl Honoré está convencido de que el malestar que hay en el mundo es debido a la falta de ese contacto humano "que se sacrifica en el altar de la velocidad".