Los marinos británicos han sido criticados por su actitud tras ser liberados por los iraníes.
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Los estereotipos siempre reflejan algo de verdad, pero hasta en eso los tiempos cambian.
Nuestros abuelos, y hasta nuestros padres, siempre imaginaron a un tipo con bombín y paraguas, aunque no llueva, como el cliché que identifica al británico.
El ciudadano de estas islas, de acuerdo al mismo modelo, siempre llega a tiempo a todo y le da el asiento a las damas en el metro.
El inglés que habla es una delicia y habría derrotado a los nazis por sí solo, si lo quería, por eso de que Winston Churchill era un ganador nato, con su aliento a whisky y su puro sin encender.
Y todos son anglosajones, a pesar de que, desde los años cincuenta, la inmigración ha hecho de esta sociedad una amalgama multicolor que le ha dado una riqueza cultural y etnográfica envidiable.
La nueva imagen
Pero ahora, esa imagen anacrónica del británico ha sido remplazada por una menos digna.
Y de eso se han dado cuenta en estos lares gracias a los iraníes.
Batchelor fue objeto de burlas por parte de sus captores cuando fue despojado de su Ipod.
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En la prensa británica se comenta que los captores de los marinos británicos detenidos en el Golfo Pérsico vieron en el comportamiento de uno de ellos, Arthur Batchelor, lo que consideraban más idiosincrático del británico: tonto, infantil.
Es decir, Mister Bean.
Una de las quejas más sentidas de Batchelor es que los iraníes le quitaron su reproductor de música iPod, algo que mortificó al pobre marinero.
La respuesta que recibió por parte de sus captores fue: "Te pareces a Mister Bean".
¿El británico moderno?
Y es que el personaje creado por el cómico Rowan Atkinson, que ha remplazado a Benny Hill como exportación cómico-cultural de este país, es percibido por muchos como el estereotipo del británico moderno.
Los afiches de sus películas aparecen en Sydney, Mombasa o Bogotá.
Y muchos piensan que los británicos son como Mister Bean.
Mr. Bean se ha convertido en un estereotipo no muy agradable para los ingleses.
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Un personaje que ha remplazado el traje a rayas y el bombín por la chaqueta de paño que no hace juego con el pantalón, que es capaz de pelear con una mujer encinta en el metro con tal de sentarse cómodamente y que elige salir sin paraguas los días de lluvia, para empaparse y parecer aún más idiota de lo que su flexible y expresiva cara sugiere.
Muchos británicos rechazan este nuevo cliché, pero el que un marinero, en medio de un conflicto regional que mata a decenas de personas todos los días, se queje que le quitaron el iPod, no ayuda a restaurar una reputación cuya entereza mantuvo a los nazis lejos de estos mares cuando se habían tragado a media Europa.