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Miércoles, 27 de diciembre de 2006 - 00:40 GMT
París exhibe epopeya de tesoros afganos
Gerardo Lissardy
París

 Estatuilla de un íbice griego en la que se destaca una tiara. Foto:Museo de Guimet
Estatuilla de un íbice griego en la que se destaca una tiara.

Esta no es una fábula, sino una historia verídica cuyo desenlace recién se conoce.

Pero la epopeya de 22 mil tesoros arqueológicos de Afganistán que desaparecieron a fines de la década de los '80 pero lograron sobrevivir al régimen talibán tiene los ingredientes de una gran aventura: misterio, coraje y un final con sorpresas.

Un total de 220 de estos tesoros, piezas únicas de oro y marfil de más de 2.000 años de antigüedad, se exhiben hoy en el Museo Guimet de París.

Cuando las piezas desaparecieron, Afganistán se encontraba entonces sacudido por la violencia y la destrucción, en las puertas de una guerra civil luego del fin de la invasión soviética, y fueron dadas por perdidas o robadas.

La amenaza de los talibanes

Muchos consideraban imposible que los tesoros pudiesen salvarse del régimen talibán, que tomó las riendas del país en la década siguiente y pretendió acabar con toda huella de cultura preislámica en Afganistán.

Un colgante llamado   "el soberano y los  dragones", adornado con turquesa y el lapislázuli. Foto:Museo de Guimet
Un colgante llamado "el soberano y los dragones", adornado con turquesa y el lapislázuli. La colección del museo de Kabul.

"Los quisieron destruir por la misma razón, por ejemplo, que los conquistadores españoles destruyeron la capital azteca en México, Tenochtitlán, en 1519", explicó Michael Barry, experto en cultura afgana de la Universidad de Princeton y del museo Metropolitan de Nueva York.

"No consideraban las estatuas antiguas como pedazos de una historia, sino como mensajes de otra religión todavía viva", agregó Barry. Y los talibanes veían esos tesoros como "un mensaje contra el Islam mismo". Y por cierto estos tesoros tenían mucho para decir sobre el pasado multicultural del país, fruto de la influencia mesopotámica, india, griega y china en esas tierras, cruce de civilizaciones antiguas.

Siete llaves

Las piezas se salvaron por la decisión del presidente prosoviético de Afganistán, Mohamed Najibulá, de sacarlas del museo de Kabul y esconderlas en las bóvedas del palacio presidencial de Arg a fines de los '80.

Allí quedaron guardadas bajo siete llaves, cada una de ellas entregada a una persona diferente, sin que esas personas supieran quiénes eran las demás. Najibulá murió en la horca.

Un broche que representa el amor de un  heredero por un delfín. Foto:Museo de Guimet
Un broche que representa el amor de un heredero por un delfín. La colección del museo de Kabul.

"Se tenían que reunir las siete personas con las siete llaves para poder abrir los cofres", relató Sophie Maire, del Museo Guimet, que habló en nombre del curador de la exposición.

Agregó que los talibanes llegaron a capturar a algunas de esas personas e intentaron quitarles las llaves a la fuerza, pero no lo lograron. "Gracias a esa voluntad de los afganos no pudieron coger nunca el tesoro".

Re-descubrimiento

Quien pudo finalmente dar con las siete llaves y reabrir la bóveda fue el presidente afgano Amir Karzai, después de que el régimen talibán fuera derrocado por una coalición militar de Occidente en 2001.

En medio de una situación aún inestable en su país, Karzai permitió en mayo que una porción representativa de los tesoros fuesen exhibidos en el extranjero. Algo que el Parlamento afgano primero rechazó y luego aceptó.

Sortija decorada con una piedra preciosa en la que está tallada la figura de una mujer.
Sortija decorada con una piedra preciosa en la que está tallada la figura de una mujer.

Estos cambios de última hora explican por qué la exposición en París, denominada "Los tesoros recuperados" y primer destino de la gira internacional, carece siquiera de catálogo.

"Las piezas llegaron al museo Guimet el 15 de octubre", comentó Maire. "Fueron fotografiadas y restauradas en sitio".

Los tesoros en exhibición provienen de diferentes sitios arqueológicos de Afganistán, incluidos Begram (piezas del Mediterráneo, India o China) y Tillia Tepe (con oro de la Escitia).

Las piezas van desde jarrones y brazaletes de oro, hasta figuras femeninas en marfil, con una sensualidad ajena a los códigos islámicos. También hay una corona desarmable y jarras de vidrio con forma de pez, para servir vino.

Barry, que viajó a París para ver los tesoros, dijo que la exposición supone una expresión de respeto por el pasado de los afganos y su cultura.

"Mostrar esos tesoros es otra ideología", consideró. "Una ideología que podría llamarse científica y liberal".



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