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Martes, 26 de diciembre de 2006 - 10:20 GMT
Francia: un romance perfumado
Caroline Wyatt
BBC, París

Botellas de perfume
París es la capital mundial de la industria del perfume.

La película basada en la exitosa obra de Patrick Suskind, El Perfume, está por estrenarse en varios países europeos.

El guión, acerca de un parisino creador de perfumes que se acerca al lado oscuro para crear el aroma más sofisticado, ha sido todo un éxito en Francia, hogar espiritual de la muy lucrativa industria mundial del perfume.

No obstante, las más célebres "narices", como son llamados los creadores de perfumes en Francia, han tenido una reacción más bien distante frente a su ficticia contraparte maléfica, el antihéroe Grenouille en la obra de El Perfume.

Sin embargo, entienden su obsesión con el olfato.

Los británicos siempre han sido algo desdeñosos acerca de la actitud francesa frente a la higiene personal.

Al pensar en el aroma de los franceses, la imaginación nacional tiende a recordar el ajo y la cebolla, cigarrillos Gauloises y tal vez algo de vino tinto rancio.

Sin embargo, ninguna parisina que se precie de serlo soñaría en salir a la calle sin perfumarse.

A veces no es tanto un ligero aroma sino una verdadera nube de tormenta de fragancia que entra a los salones mucho antes que ella.

Olfateando una historia

Sección de perfumería de tienda en París.
Las parisinas tienen una enorme variedad de perfumes para escoger.

A veces me pregunto, cuando mi nariz se ve asaltada por otra vecina excesivamente perfumada en el metro, si es una forma de demarcación territorial, una versión humana de lo que los perros parisinos hacen junto a los postes de luz: establecer su territorio con su aroma.

Esa curiosidad me llevó a un pequeño laboratorio en el norte de París.

Esta semana, dos mujeres estaban sentadas rodeadas de cientos de pequeñas botellas, oliendo y pesando su contenido en balanzas, hasta ponerse de acuerdo en el aroma exacto que buscaban.

Isabelle Doyen, la mayor de las dos, es una "nariz", una experta en perfumes que ha dedicado su vida a crear nuevas fragancias y que posee una apropiadamente imperiosa nariz gálica.

Pero ella dice que no es tanto su nariz la que crea los aromas, sino su memoria, entrenada para reconocer miles de ingredientes, con todas las emociones y recuerdos que provocan.

Memorias de niñez

Dustin Hoffman (izquierda) en el filme El Perfume.
Dustin Hoffman interpreta el papel de Baldini, el creador de perfumes en la nueva película.

Mientras se agacha a oler un frasco, Isabelle hace la mímica de abrir un cajón imaginario en su mente.

"Cada olor es tan evocativo, tan lleno de memoria, que cuando quieres crear una fragancia, te adentras en tu mente y buscas los ingredientes correctos"

Su obsesión personal con el olor empezó en el jardín de su abuela, con una rosa y el sabor de una manzana que olía a pera.

Cuando, muchos años después, conoció a la fabricante de perfumes Annick Goutal, descubrió que compartían el mismo deseo idiosincrásico de recrear esa fragancia, y así nació una colaboración que ha perdurado a lo largo de su vida.

Tomo una de las velas perfumadas de su estante, y aspiro profundamente.

Es un aroma imposible de definir: huele a humedad, no es desagradable, tiene un toque de aroma viejo y de cuero gastado, polvos faciales y lápiz labial a la antigua.

Miro el rótulo: "aroma de la cartera de mi madre". Y a medida que cierro mis ojos para inhalar de nuevo, me lleva derecho a mi propia niñez.

De repente, tengo siete años de edad, estoy sentada en el cuarto de mi madre, jugando con su cartera mientras ella se prepara para salir, esfumándose a una comida elegante en una nube dulzona de Ma Griffe de Carven, un efecto que solo es arruinado levemente por el aura de nicotina de mi padre.

Influencia materna

"Los perfumes son acerca de nuestras madres", insiste Isabelle, "lo que ellas se ponían y lo que eso significaba para nosotros".

Su colega, Camille, hija de Annick, no está tan segura. Ella también aprendió de su madre acerca de los perfumes.

Y las tiendas de Annick son un destino favorito de las parisinas elegantes.

Los perfumes son acerca de nuestras madres, lo que ellas se ponían y lo que eso significaba para nosotros
Isabelle Doyen, experta en perfumería

Pero Camille agrega con una sonrisa que escoger un perfume es más como enamorarse, o escoger un novio: "Uno sabe cuando encuentra al correcto".

En mi momento proustiano con la cartera, yo no estaba sola. Generaciones de escritores se han regocijado con el sentido del olfato.

En su reciente libro "Nosegay, Una travesía literaria de lo fragante a lo fétido", Lara Feigel cita al poeta Charles Baudelaire acerca del aroma.

Este recalcaba las virtudes de todo, desde el olor de los gatos hasta la satisfacción olfativa de los besos inacabables.

El filósofo Rousseau llamo al olfato "el sentido de la imaginación", y Diderot lo alabó como el más voluptuoso de los sentidos.

Los antiguos egipcios quemaban incienso en sus templos, siendo su dulce humo una ofrenda exquisita para los dioses. De ahí viene el nombre: del latín per fuma, o "a través del humo".

Pero aunque el primer perfume fue creado para los dioses, fue rápidamente apropiado por reyes y reinas terrenales.

Fragancia real

Maria Antonieta (retrato Chateau de Versailles)
María Antonieta introdujo los perfumes modernos a Francia.

Fue en el siglo 18 que la extravagante y ostentosa reina de Francia, Maria Antonieta, fue la primera en importar de Inglaterra a la corte francesa la idea de una piel fresca y de buen aroma.

Según la historiadora de perfumes, Elizabeth de Feydeau, Maria Antonieta escandalizó a sus damas de compañía al adoptar el hábito inglés de bañarse todos los días.

Le ordenó a su fabricante de perfumes crear sales aromáticas que volvieran opaca el agua, en aras de la modestia, para bañarse a la vista de sus cortesanos.

"Fue la primera mujer en Francia en usar el perfume no para encubrir un mal olor, sino por razones sensuales, para atraer y excitar", dice la historiadora.

No es de extrañar que los campesinos le cortasen la cabeza en un arranque de furia revolucionaria.

Pero algo de Maria Antonieta ha sido recobrado a la vida. Elizabeth me muestra un palito perfumado pidiendo que lo huela: es el perfume de Maria Antonieta, recreado a partir de los ingredientes que ella adoraba.

Una fuerte mezcla de bergamota y cedro, el aroma de un Versalles desaparecido hace mucho tiempo, llena el aire, y con el, la gloriosa idea de una reina que murió por el crimen de importar la higiene personal a Francia.



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