María, 1979, Museu Nacional d'Art de Catalunya, Barcelona.
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A Humberto Rivas lo llaman el fotógrafo del silencio, pero sus imágenes han dado mucho de que hablar en Barcelona en los últimos días.
Es difícil encontrar una calle del centro de la capital catalana donde no se vea algún retrato o algún paisaje del artista argentino.
Todos anuncian la nueva retrospectiva de su obra, que acaba de ser inaugurada en el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC), donde permanecerá hasta el 18 de febrero de 2007.
El conservador en jefe del Departamento de Fotografía del MNAC, David Balsells, dijo que Rivas merece el título de fotógrafo del silencio porque "nunca ha querido añadir ninguna explicación a ninguna de sus obras, a las que da, además, títulos escuetos".
Sin embargo, tal vez hubiera sido mejor llamarlo el fotógrafo de las interrogantes.
Cada una de sus fotos -bien sea de una persona, de un perro, de un edificio o de una flor- parece encerrar una pregunta, un acertijo sobre el paso del tiempo.
Pasión por el cine
Rivas nació en Buenos Aires en 1937, en el seno de una familia obrera, y sus primeros intereses artísticos fueron la pintura y el cine.
Señor calvo, 2000, Museu Nacional d'Art de Catalunya, Barcelona.
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"Esa pasión por el cine trajo consigo el deseo de tener una cámara. Quería hacer fotos como las de las películas", le dijo a Balsells, en una entrevista reciente.
Cuando tenía 20 años, adquirió su primera cámara fotográfica.
"Poco a poco me fui entusiasmando... empecé a exponer tanto pintura como fotografía. Pero en 1968 y de un día para el otro, sin que yo mismo pudiera encontrar una justificación, decidí dejar de pintar", añadió el fotógrafo.
En 1976, cuando en Argentina tomaba fuerza la dictadura militar y en España comenzaba a dar pasos la democracia, Rivas se mudó a Barcelona, donde todavía reside.
Sus fotografías ahora forman parte de las colecciones de instituciones como el Museo de Arte Contemporáneo de Mar del Plata, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, el Museum of Contemporary Photography de Chicago y la Maison Européenne de la Photographie, en París.
Al Museu Nacional d'Art de Catalunya le regaló 50 de las 72 obras que integran la exposición actual.
Una guerra
La muestra recoge lo más representativo de su quehacer artístico en los últimos 30 años.
Cabo de Gata, 2001, Museu Nacional d'Art de Catalunya, Barcelona.
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Sus retratos, en los que reconoce una gran influencia del fotógrafo alemán August Sander, se caracterizan por una ausencia, casi por decreto, de la sonrisa.
Una de las pocas personas que parecería sonreírnos levemente desde un retrato suyo, en la obra Sra., 2002, lleva un antifaz.
Otros ancianos se cubren la boca, como invitándonos a que sólo entablemos un diálogo con sus ojos cansados y sus manos llenas de arrugas.
Los más jóvenes no son más locuaces.
Rivas compara la relación entre el fotógrafo y el retratado con una guerra.
"Esa guerra, para que la foto sea buena, tiene que ganarla el fotógrafo y no el retratado, porque es evidente que el retratado asume un rol, una pose de cómo le gustaría aparecer", dice.
Ambigüedad
La ambigüedad que proponen sus retratos alcanza tal vez su dimensión mayor en sus obras integradas por varios cuadros.
Flor, 1988, Museu Nacional d'Art de Catalunya, Barcelona.
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Una de sus modelos, Eva, con un rostro perfectamente andrógino, aparece crucificada en una composición de nueve fotografías.
Otra (otro), Violeta la Burra, un travesti de unos 50 años de edad, se va desvistiendo lentamente, a lo largo de seis fotos.
Los paisajes de Rivas también están desnudos y en ninguno aparece un ser humano.
De su Buenos Aires natal o de su Barcelona adoptiva no se ven los edificios más representativos, sino construcciones generalmente anónimas, casas abandonadas o en ruinas.
Hasta sus flores marchitas parecen evocar los sentimientos de Alberto Caeiro, el primer gran heterónimo del poeta favorito de Rivas, Fernando Pessoa, que trataba de comunicar sus sensaciones sin interpretarlas.
Pero, curiosamente, sobre todo por tratarse de una muestra del "fotógrafo del silencio", en la última sala de la exposición hay una cita de Albert Camus, escrita con motivo de la Guerra Civil Española, bastante elocuente:
"Fue en España donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa".