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Martes, 7 de noviembre de 2006 - 23:27 GMT
Afganistán: mujeres y alfabetización
David Loyn
David Loyn
BBC, Kandahar

Una clase de alfabetización en Afganistán
Muchas mujeres que asisten a las clases son viudas.
El Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA), se ha visto obligado a recortar toda la asistencia humanitaria no urgente destinada a los habitantes de Kandahar, en el sur de Afganistán.

La disminución en la ayuda humanitaria se produce al tiempo que el PMA lucha con el fin de enfrentar las necesidades urgentes de casi 100.000 personas desplazadas durante recientes enfrentamientos.

Los programas de alfabetización, donde las mujeres recibían comida si asisten a las clases, son los más afectados.

Muchas de las mujeres que han participado en este programa de alfabetización son viudas.

Una herramienta vital

Una mujer, cuyo marido murió cuando los soldados estadounidenses bombardearon Kandahar en 2001, indicó que las lecciones habían provocado un gran cambio en su vida.

Otra -su esposo fue víctima de un atacante suicida- hizo un llamado para se restablezca la ayuda suspendida.

"Tenemos dos meses sin recibir ayuda. Tenemos problemas y esa ayuda es realmente importante para nosotras", afirmó.

La educación de las mujeres en una sociedad profundamente conservadora podría ser una herramienta vital para el desarrollo.

Clase de alfabetización
La educación de las mujeres es vital para el desarrollo del país.
En la tradicional sociedad pashtún, la identidad de las mujeres es completamente servil al hombre.

Pero esto podría cambiar. Cualquier iniciativa internacional destinada a atacar los problemas de seguridad en Afganistán, debe considerar este tipo de iniciativa como un componente vital.

Además, existen líderes musulmanes afganos que respaldan el derecho que tienen las mujeres de ser educadas.

"Si contamos con mujeres educadas, creo que solucionaremos entre el 80% y el 90% de los problemas en nuestra sociedad", afirmó el clérigo sufi, Hji Musa Kaleem Agha.

Sin embargo, el Talibán, que tiene una creciente influencia en la sociedad afgana nuevamente, se opone a casi todas las formas de brindar educación a las mujeres afganas. Asimismo, existe una seguridad muy estricta en las escuelas.

Incentivo

Todas las mujeres necesitan ser requisadas en busca de bombas o armas ocultas antes de entrar al salón de clases.

Las alumnas viajan juntas por protección y llegan felices cuando pueden deshacerse de sus burcas azules que les cubren completamente sus rostros cuando caminan por las calles.

Mientras sus hijos estudian en clases separadas, las mujeres -de diferentes edades- aprenden a leer y a escribir además de otras herramientas como coser, para que puedan ganar dinero y mantenerse económicamente.

Para aquellas mujeres que están casadas, y que han podido persuadir a sus esposos para que las dejen asistir a las clases, la promesa de recibir una bolsa de comida a cambio fue un aliciente útil.

Una mujer con burca en Afganistán
A muchas mujeres en Afaganistán se les niega el derecho a la educación.
El director de una de las escuelas, Parizad Sadada, dijo que el dejar de brindar ayuda alimentaria es una violación a la promesa de la comunidad internacional.

"La gente que necesita esta ayuda son viudas y pobres. ¿Por qué se les debe negar sus derechos? Esta asistencia alimentaria no viene del bolsillo personal de alguien", agregó.

"El Programa Mundial de Alimentos y los países desarrollados destinan asistencia humanitaria a la gente de Afganistán. Entonces, ¿Por qué ahora la ayuda no les llega a las mujeres?", expresó.

A pesar de la importancia de la ayuda, se ha registrado un descenso en los fondos de los programas del PMA este año.

Sólo se ha cumplido con alrededor del 30% de los requerimientos.

Adicionalmente, ha habido problemas en hacer llegar la ayuda humanitaria destinada a Afganistán de manera segura debido a la agudización de la violencia en el sur del país.

Por ello, los socios locales que se encargan principalmente de hacer entrega de la ayuda, cada vez se muestran más preocupados.

Las amenazas son reales. La principal defensora de los derechos de las mujeres en el sur de Afganistán, Safia Ana-Jan, murió de un disparo mientras se encontraba a las afueras de su casa en Kandahar el pasado 24 de septiembre.

Abdul Baqi Topal, el director del programa de alfabetización de Kandahar, dijo que las clases comenzaron en medio de un fuerte rechazo a la iniciativa.

"Al realizar este trabajo tememos por nuestra vida", indicó.

Tras cinco años de la caída del régimen Talibán, el fracaso de la comunidad internacional en hacer efectiva la ayuda humanitaria está ahora teniendo consecuencias reales.



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