La edición británica de "Cambio de Esposas" también ha generado curiosos resultados.
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La televisión puede acercarse a lugares que la realidad no se atreve a transitar. La versión de "Cambio de Esposas" en Israel es un ejemplo.
En medio de un conflicto palestino-israelí que parece eterno e irresoluble, los productores decidieron aventurarse donde los políticos no pueden o no quieren.
Como se sabe, el programa intercambia esposas de familias muy diferentes y observa los resultados.
¿Qué más diferente -entonces- que intercambiar una esposa de la minoría árabe con una esposa israelí?
Esposa israelí, marido árabe
El resultado de este experimento socio-televisivo fue mixto.
En el caso de la esposa israelí que fue al hogar árabe, la relación fue bastante armónica.
Dificultades no faltaron: la mujer cambió algunas reglas insistiendo en que los chicos volvieran a casa luego de la escuela para estudiar, en vez de quedarse vagando por el restaurante donde trabaja su madre.
El marido árabe hizo también lo suyo y corrió a comprarle vino para que la mujer pudiera realizar el rito judío del shabat.
Esposa árabe, marido israelí
Nada de eso sucedió con la esposa árabe que fue a vivir con el marido israelí.
La cosa no empezó muy bien porque el marido dijo que no se sentía seguro de dejar a sus hijos con la mujer.
Ella, por su parte, no podía entender que el marido se pasase todo el día trabajando y apenas viese a sus hijos.
En el plano cotidiano, la cosa resultó un desastre permanente. Ella quería ver Al Jazeera, él decretó CNN.
Por olvido u oscura venganza, ella se olvidó de la estricta dieta judía y mezcló productos lácteos con carne.
Portazo final
La tensión llegó a tal punto que finalmente la mujer hizo las maletas dando por terminado su experimento de integración cultural.
Según el director de "Cambio de Esposas" en Israel, el programa sirvió para demostrar que las diferencias son individuales y no religiosas o culturales.
¿Será cierto?