Las autoridades en la Isla de Lewis tuvieron que suspender el reparto para proteger la seguridad pública.
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¿Quién puede pelearse por una caneca de basura? A juzgar por lo sucedido en la isla de Lewis, Escocia, mucha gente está dispuesta a todo, siempre y cuando la caneca sea gratis.
La isla de Lewis es una pacífica comunidad de unos 23.000 habitantes que vivió una absoluta revolución cuando el municipio decidió promover una recolección de basura que respetara principios ecológicos separando desechos biodegradables y los que no lo son.
Cuando el municipio anunció que daría canecas de basura para abono gratis se desató el caos. Cientos de vehículos saturaron las calles de la isla para llegar primero a su caneca de basura causando el primer embotellamiento de tráfico del que se tenga memoria en la pequeña isla.
Uno de los isleños, entusiasmado con la cuestión, se presentó en el municipio reclamando 200 canecas para su aldea. Otros empezaron a disputarse el lugar en la cola para acceder a las benditas canecas que de golpe se transformaron en uno de los objetos mas deseables del planeta.
Medidas extremas
Ante el peligro de que todo terminase en una violencia que echara por tierra la reputación de la isla, el municipio anunció que se suspendía la entrega de las dichosas canecas.
El municipio había entregado 4.000 y desde entonces se ha visto inundada de cartas y solicitudes de aquellos que no han conseguido su canequita.
Todo sorprende más aún porque la isla no tiene muchos árboles y no se caracteriza por sus jardines. Es más, la isla tampoco tiene una fama de amor ecológico o entusiasmo por lo reciclable.
Según varios residentes consultados por al prensa británica la única razón de este entusiasmo es que los botes de basura no costaban nada. Nada como ofrecer algo gratis para despertar las más violentas pasiones.