Un cuarto de los seminaristas de todo Europa son polacos
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La ampliación de la Union Europea a 25 miembros en 2004 generó muchos miedos en los países más desarrollados del viejo continente. Estos temores se expresaron en un fantasma, especie de cuco: el plomero polaco.
El plomero polaco iba a desplazar a su contraparte británico, francés o alemán ofreciendo sus servicios por menos dinero. El temor no fue más que eso: uno de los tantos miedos chauvinistas para echarle al culpa a un extranjero de los males propios.
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En Inglaterra y Gales por ejemplo hay unos 100 sacerdotes polacos que suplen la falta de curas nativos
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No ha habido una invasión polaca ni un desplazamiento masivo de la mano de obra local. En muchas áreas los polacos han cubierto claras necesidades laborales de los países de origen. De estos casos, el más sorprendente es el de los sacerdotes católicos.
Hoy Polonia exporta sacerdotes al resto de Europa. Las cifras al respecto son elocuentes. En Inglaterra y Gales por ejemplo hay unos 100 sacerdotes polacos que suplen la falta de curas nativos.
Un cuarto de los seminaristas de todo Europa son polacos. Ese bastión del catolicismo durante las décadas del Franquismo, España, que solía vanagloriarse de ser la reserva espiritual de Occidente, tiene hoy unos 1.800 seminaristas.
El papado de Juan Pablo II contribuyo al número de curas que se ordenan en Polonia.
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Los polacos tienen más de 7 mil. Es decir, diez veces más seminaristas. La figura del Papa polaco Juan Pablo II es una de las razones por las que Polonia escapa esta falta de vocación religiosa del resto de Europa.
Juan Pablo II genera todavía un fervor religioso patriótico que se suma al lugar muy especial que ocupa la iglesia en la historia nacional. En el siglo XIX, Polonia fue dividida entre Prusia, Austria y Rusia y la Iglesia simbolizó la supervivencia cultural de un país que parecía a punto de desaparecer del mapa.
Un papel similar ocupó durante las décadas comunistas de la posguerra. Hoy el Vaticano espera que los sacerdotes polacos logren insuflar vida a la temblequeante fe de muchos países europeos.