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Domingo, 2 de julio de 2006 - 10:15 GMT
Galeano: "Se está perdiendo la pasión"

En esta oportunidad Estudio 834 se traslada desde el centro de Londres a la capital de Uruguay, Montevideo. El corresponsal de la BBC en el Cono Sur, Martín Murphy, viajó allí para entrevistar al escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano.

Eduaro Galeano. Foto: Renzo Gostoli.
Galeano no cree en las etiquetas, pero reconoce ser de izquierda.
Galeano ha escrito varios libros, entre ellos la trilogía "Memoria del Fuego", que rescata el pasado de las Américas a través de mil pequeñas historias, y su más reciente obra "Bocas del Tiempo". Uno de los relatos de "El libro de los abrazos", titulado "La Noche", sirvió de inspiración al cantante catalán Joan Manuel Serrat para su canción "Secreta Mujer".

De joven Galeano fue un "siete-oficios"; trabajó como cajero, mensajero y dibujante, entre otras actividades. En la década del 70, durante la época de los gobiernos militares en la región, se exilió primero en Argentina y luego en España.

Hoy lleva más de 20 años viviendo en Montevideo. Uno de los lugares que le gusta frecuentar es el café "El Brasilero", donde la BBC lo encontró leyendo un diario y tomando un café.


Muchos lo definen como un periodista y escritor de izquierda. ¿Qué piensa de esta definición?

Sí, yo soy de izquierda, y a esta altura de la vida ya no podría cambiar ni aunque quisiera. Si súbitamente descubriera las virtudes de un sistema de poder que me parece enemigo de la gente y de la naturaleza, ya nadie me creería.

¿Qué significa, para usted, ser un escritor o un periodista de izquierda?

La verdad que no creo en las etiquetas, pero no me molesta tampoco que me llamen de izquierda en una época en que está de moda arrepentirse de las propias pasiones.

¿Alguna vez pensó entrar en política? ¿Le hubiera gustado ser, por ejemplo, presidente, senador de Uruguay?

No, ¡Dios me libre y guarde! Y también ¡pobre país!, si tuviera que soportar a un tipo como yo en algún cargo de responsabilidad oficial.

Un escritor chileno dijo una vez que un buen periodista es siempre un buen escritor, pero que un buen escritor casi nunca es un buen periodista. ¿Usted qué cree?

Yo creo que el periodismo escrito integra la literatura, o sea que literatura es el conjunto de mensajes escritos que una sociedad emite, tengan la forma que tengan: periódicos, libros... Y que hay buen periodismo, mal periodismo porque hay buena literatura y mala literatura. O sea que el género no define la calidad de la expresión.

Y no creo que la literatura esté dividida entre un alto altar donde fulguran las bellas letras y unos suburbios despreciables donde está el periodismo. El periodismo implica, cuando es un periodismo escrito, claro, una responsabilidad en el uso del lenguaje escrito.

Eduaro Galeano.
La memoria es la única inmortalidad digna de fe, la memoria de los demás, claro, porque la memoria de uno muere con uno
¿Cree que en América Latina se practica, o se puede practicar, buen periodismo, es decir, un periodismo independiente, objetivo, balanceado?

La palabra "objetivo" yo no me la creo. Me parece que es una gran mentira. Creo que los que predican la objetividad en el fondo quieren ser objetos para salvarse del dolor humano, y no creo en la objetividad para nada.

Me parece que la mirada humana es siempre subjetiva, y por lo tanto la literatura que yo practico y el periodismo también es subjetivo y no se arrepiente de serlo ni tiene vergüenza de ser subjetivo.

Los altos sacerdotes de la objetividad, que son por ejemplo los periodista norteamericanos, nunca supieron explicarme por qué durante la guerra de Vietnam, cuando se suponía que la objetividad obligaba a ofrecer los puntos de vistas de los dos bandos, o sea el invasor y el invadido, en las cadenas de televisión de los Estados Unidos la opinión del invadido ocupaba el tres por ciento y en cambio el punto de vista del invasor ocupaba el 97 por ciento. Esa es la objetividad.

Y hoy en día, en la guerra de Irak, ¿cómo lo ve (el tema de la objetividad)?

En la guerra de Irak, bueno sí, al principio sí, era abrumadora la diferencia, pero al final la fuerza también de los hechos... A mí cuando yo era chico, mi mamá me decía siempre: "la mentira, la mentira tiene patas cortas". ¡Pobre vieja! Yo la quise mucho pero, involuntariamente, mentía o había sido engañada, la pobrecita. La mentira tiene patas larguísimas.

Hablando de libertad de expresión, ¿cómo ve el caso de Cuba, de ser periodista en Cuba?

Y... Debe ser muy difícil, supongo, porque yo no creo en la propiedad estatal de los medios de comunicación. Creo que la respuesta a la omnipotencia del mercado no está en la omnipotencia del Estado, y eso lo he dicho siempre en relación con Cuba, subrayando siempre mi solidaridad con una revolución que hoy por hoy sigue dando asombrosos ejemplos de dignidad y de solidaridad.

A usted, según tengo entendido, le gusta mucho el fútbol, ha escrito sobre fútbol, también tengo entendido. ¿Le hubiera gustado ser jugador de fútbol?

Sin duda. Como todos los bebés del Uruguay yo nací gritando "¡Gol!", por eso las maternidades aquí son insoportablemente ruidosas, porque todos los bebés gritan "¡Gol!" al nacer. No pude realizar mi vocación, y entonces, lo que no pude hacer con las piernas, porque era un "patadura" irremediable, lo hice con las manos.

Escribí un libro de fútbol, que se llama "El fútbol a sol y sombra". Y no me fue nada mal con el libro, por suerte. En las canchas fui una desdicha de la patria, pero escribiendo no me fue tan mal.

Hablando del vínculo entre literatura y periodismo, que para usted es más o menos la misma cosa, también entre fútbol y literatura se llevan bien, ¿no?

Sí, ahora, por suerte, se están superando los viejos prejuicios que impedían el encuentro entre la literatura y el fútbol, porque eso abarcaba todo el abanico de las opiniones, de las ideas, desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha.

Eduardo Galeano con Ernesto Cardenal y Julio Cortázar. Foto: Eduardo Gamondes.
La historia es un tema apasionante para el escritor y periodista uruguayo.
Para la derecha, el fútbol era la prueba de que el pueblo pensaba con los pies, y para la izquierda el fútbol tenía la culpa de que el pueblo no pensaba. Entonces había como una unanimidad involuntaria en torno al tema, que divorciaba al fútbol del mundo intelectual en general.

Los escritores iban con vergüenza al fútbol, escondiéndose como Humphrey Boggart, bajo el sombrero y la gabardina. Y hoy por hoy eso ha cambiando, por suerte, gracias a unos cuantos escritores que han escrito, como mi gran amigo el "gordo" Osvaldo Soriano, libros sobre fútbol estupendamente escritos.

Volvamos un poco a los libros, ¿qué está leyendo hoy por hoy?

De todo, sobretodo libros de historias, que tienen mucho que ver con un proyecto del que prefiero no hablar, porque si hablo mucho de lo que escribo termino perdiendo las ganas de escribirlo... Pero (estoy leyendo) libros que me permiten asomarme a la "contra-historia" jamás contada, hechos que han sido despreciados por la historia oficial.

Porque la historia oficial transmite la historia de los vencedores, como es lógico. Es una historia destinada a bendecir y perpetuar los privilegios heredados por los que en el mundo mandan.

Y a mí siempre me apasionó el rescate, el descubrimiento de la otra historia, de la historia escondida, de la historia mentida, despreciada, secreta, como me apasiona también en la vida cotidiana el descubrimiento de las cosas y las gentes que valen la pena.

O sea, ¿para escribir hay que leer mucho?

Hay que saber ver, tener muchos ojos en el cuerpo, hacer con las letras lo que (el ex jugador de fútbol argentino Diego) Maradona hacía con la pelota, porque él también tenía muchos ojos en el cuerpo, entonces veía con la nuca, con la espalda, con los pies. Y el escritor también. El escritor es buen escritor cuando sabe ver más allá de lo que se ve, y ofrece lo que ve a los demás para ayudar a ver.

Escuché una vez decir que un escritor no escribe sobre lo que quiere sino sobre lo que puede. ¿Eso es verdad o es un cliché?

Cada cual lo vivirá a su manera. Yo trato de que coincida lo que quiero con lo que puedo, pero en general, por supuesto que quiero mucho más de lo que puedo, soy una personita nomás, nacida para morir, como vos y como cualquiera, no soy un superhombre ni me besaron las hadas en la cuna.

Creo que los bichitos humanos estamos todos condenados a ser subjetivos, y que en definitiva ésa es la prueba de que vivimos todavía, de que todavía somos capaces de vivir con pasión, y eso no me parece nada malo en un mundo que tiende a la frigidez obligatoria
Entonces claro que sí, que me gustaría hacer más cosas, y hacerlas mejor, pero bueno, hago lo que puedo, y en general lo que puedo coincide con lo que quiero.

A usted le interesan mucho los libros de historia. Ahora está investigando un poco sobre las "historias escondidas". ¿Qué opinión le merecen estas llamadas "novelas históricas", que están tan de moda hoy en día?

No, en general no leo novelas históricas, sino libros documentales, que son los que me dan material desde hace ya muchos años, desde que escribí, te diría, "Las Venas Abiertas de América Latina", allá por el año 70.

El tema del pasado vivido como tiempo presente siempre me llamó, me estimuló mucho, me apasionó, pero no a partir de las recreaciones de los escritores que hacen ficción histórica, sino del material documental nomás, de las crónicas que cuentan lo que ocurrió, aunque se cuenta siempre, como te decía antes en otra respuesta a otra pregunta tuya, con una visión subjetiva de las cosas.

Yo no creo en la objetividad de la historia porque no creo en la objetividad de la vida. Creo que los bichitos humanos estamos todos condenados a ser subjetivos, y que en definitiva ésa es la prueba de que vivimos todavía, de que todavía somos capaces de vivir con pasión, y eso no me parece nada malo en un mundo que tiende a la frigidez obligatoria.

O sea, ¿se está perdiendo la pasión?

Sí, creo que es casi una obligación para sobrevivir en el mundo de hoy. El fútbol, por volver al tema del que estábamos hablando recién, premia cada vez más la velocidad y la fuerza y desconfía cada vez más de la fantasía, del brío, del juego que nos invita a jugar por el placer de jugar, por la pasión de jugar.

Y lo mismo ocurre en todos los planos de la vida, hay una suerte de dictadura del miedo, que nos obliga a desconfiar de la pasión y a temerla.

Desde el amor (cuidado que porque te viene el Sida), hasta la comida (guarda que tiene colesterol), todas formas de pasión tienden a ser sospechosas, y sobretodo la más linda de las pasiones, que es la pasión humana que te invita a ver al otro, al prójimo, al vecino, como un posible hermano, y no como un competidor o un enemigo.

Eduardo Galeano, ¿cómo le gustaría ser recordado?

No, yo no quiero ser recordado en absoluto. Pero sí creo que me gustaría seguir vivo en la gente que quiero.

Yo creo que la memoria es la única inmortalidad digna de fe, la memoria de los demás, claro, porque la memoria de uno muere con uno, y que esa suerte de inmortalidad, también condenada a muerte a la larga - no hay que hacerse demasiadas ilusiones - te permite sentir que has sido una brisita nomás de un viento que va a seguir soplando cuando ya no estés.



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