Restos arqueológicos de un puerto antiguo fueron hallados en el sitio de construcción de la estación.
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Fue catalogado como el proyecto del siglo: una obra arquitectónica destinada a unir dos continentes, con un túnel ferroviario de US$ 2,6 mil millones que cruzará por las profundidades del estrecho de Bósforo.
La idea de conectar las dos partes de Estambul por debajo del agua fue concebida hace 150 años por el sultán Abdul Mecit.
Ahora, el viejo sueño otomano está cerca de hacerse realidad.
Pero la versión moderna de aquella visión del sultán ha encontrado un escollo histórico difícil de sortear.
Arqueólogos en Estambul descubrieron un puerto del siglo IV en el lugar donde los ingenieros planeaban construir un nodo ferroviario a tono con el siglo XXI. Y el proyecto Marmaray, como se lo ha bautizado, no puede avanzar hasta tanto no concluyan las excavaciones en la zona.
En medio del Bósforo, los ingenieros marítimos trabajan día y noche para tratar de ganar tiempo y compensar las demoras en tierra.
Perforando bajo las olas, preparan lo que será el túnel ferroviario subacuático más profundo del mundo.
"Estamos consolidando el suelo inyectando cemento en el lecho marino, para poder instalar los tubos más fácilmente", explica un ingeniero a los gritos, en un intento por hacerse oír en medio del ruido ensordecedor de la máquina excavadora que opera sin pausa.
"También estamos haciendo mediciones para que la estructura pueda contrarrestar los movimientos sísmicos de la zona", agrega.
Los terremotos son un factor importante para el diseño del túnel Marmaray, que correrá a tan sólo 6 kilómetros de la activa falla del norte de Anatolia.
Contra la congestión
"Esta es la manera más efectiva de unir el lado europeo y el lado asiático de Estambul. No hay espacio para construir un tercer puente", opina el ingeniero.
El túnel ferroviario permitirá aliviar el tráfico de transbordadores en el Bósforo.
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Las autoridades de la ciudad confían en que el proyecto aliviará la congestión vehicular. El tren podrá transportar más de un millón de pasajeros al día, lo que permitiría reducir el tráfico de barcos por el Bósforo y los atascos de automóviles en tierra.
Según los planes originales, el ferrocarril debería estar funcionando en el 2010. Pero ahora los ingenieros tienen dudas de que el plazo pueda cumplirse.
Yenikapi, en la parte europea de la ciudad, fue el sitio elegido para emplazar una estación ferroviaria de última generación.
Pero allí, después de que las autoridades desalojaron a los habitantes instalados en casas precarias, los arqueólogos se encontraron con una colección inimaginable de tesoros.
Puerto antiguo
A tan sólo unos metros de la superficie, los excavadores hallaron un puerto de la antigua Constantinopla, que se conoce en los registros históricos como puerto de Eleuterio, uno de los más activos del imperio Bizantino.
"Descubrimos 43 metros de un muelle antiguo hasta el momento", revela Metin Gokcay, jefe del equipo de arqueólogos, mientras señala una serie de estacas de madera que afloran en medio de un charco de agua verde.
Según el científico, el sitio del proyecto Marmaray encierra los restos arqueológicos más interesantes que ha encontrado en toda su carrera.
"Creemos que sobre estos parantes se montaba una plataforma, y allí era donde descargaban los caballos", especula.
"También encontramos muchos objetos que nos revelan aspectos de la vida cotidiana del siglo IV", se entusiasma Gokcay, parado junto a un túnel que, según sospecha, era una antigua vía de escape de la ciudad.
"Hallamos sandalias de cuero, por ejemplo, con tiras para el dedo pulgar. Y más de mil candelabros y cepillos para el cabello. He trabajado mucho en esta región, pero es la primera vez que veo esta calidad de restos arqueológicos", confirma.
Además de parte de la estructura del puerto, el equipo de Gokcay extrajo anclas y cuerdas en perfecto estado de conservación.
Una docena de hombres está trabajando para remover el barro de siglos de cientos de cajones llenos de objetos recogidos en el lugar, para proceder luego a su estudio científico.
Pero quizás el hallazgo más valioso se encuentra bajo una gran carpa, instalada especialmente para su preservación: se trata de un gran barco de madera de más de mil años de antigüedad. Su casco, de más de 10 metros de longitud, apareció intacto bajo tierra, en un área que alguna vez estuvo cubierta por el mar.
El equipo desenterró ya un total de ocho embarcaciones -todo un récord para Estambul. Y los arqueólogos creen que haya muchos más esperando ser descubiertos.
¿Sueño o complicación?
El éxtasis de los arqueólogos es la pesadilla de los ingenieros del proyecto Marmaray.
El arqueólogo Metin Gokcay se niega a hablar de plazos para el proyecto.
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"Es verdad que no puedo conciliar el sueño a causa de este proyecto. Me preocupa que no podamos cumplir con el plazo establecido para su conclusión", admite Haluk Ozmen, gerente del proyecto.
Según este ingeniero, la excavación arqueológica sólo está demorando las operaciones en la zona de Yenikapi, pero pronto hará sentir sus efectos en el proyecto entero.
"Esto era lo único que podía frenarnos. Por eso, ahora estamos trabajando las 24 horas para cumplir con el cronograma establecido. Todo está en manos de los arqueólogos", reconoce.
Entusiasmados con los descubrimientos, los arqueólogos se niegan a aceptar las presiones comerciales de aquellos que concibieron Marmaray como un negocio.
Su misión científica debería haber concluido hace cuatro meses, pero hoy se niegan a poner fechas para terminar la excavación.
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Nosotros no nos iremos hasta que hayamos sacado el último artefacto hecho por el hombre enterrado en este sitio
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"Los ingenieros no pueden tirar cemento ni cavar más profundo hasta que nosotros terminemos", dice Metin Gokcay, con determinación.
"Y nosotros no nos iremos hasta que hayamos sacado el último artefacto hecho por el hombre enterrado en este sitio. No podemos aceptar ninguna otra propuesta por parte de los responsables del proyecto", agrega el arqueólogo jefe.
Además del puerto de Eleuterio, su equipo dejó al descubierto una porción de la muralla de la ciudad que data de los años de Constantino I.
Es la primera vez que esta pared queda a la vista de los habitantes de Estambul. Y en un sitio como éste, nadie puede adivinar cuál será el próximo hallazgo que saldrá a la superficie.