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Martes, 28 de febrero de 2006 - 15:48 GMT
La guerra y la muerte: tema universal

Javier Lizarzaburu
BBC Mundo

Santiago Roncaglio.  Foto: Editorial Alfaguara.
Uno nunca se ve tan idiota como cuando es feliz
Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) ganó el Premio Alfaguara de Novela 2006, uno de los más prestigiosos en lengua castellana, con la novela inédita "Abril Rojo". Después de haber vivido en Perú y México, Roncagliolo radica hoy en Barcelona. Su currículo va desde novelista hasta escritor de telenovelas, pasando por el servicio doméstico.


Recibiste la noticia del premio por teléfono, mientras tienes la pierna rota. Entre el dolor y el placer, ¿cómo reacciona un escritor joven ante un premio de este tipo?

Es una buena pregunta pero no se si tengo clara la respuesta. Porque ayer pensaba que uno nunca se ve tan idiota como cuando es feliz.

Entonces, trataba de balbucear algo al teléfono con el jurado y pensaba: "estoy diciendo incoherencias".

Y al mismo tiempo tienes esta cosa física de querer moverte, de querer saltar, de querer dar vueltas, pero estoy con la pierna rota, entonces daba vueltas en la silla giratoria. Creo que debo haberme visto bastante tonto, la verdad.

¿Crees que ha cambiado algo en las últimas 24 horas?

Sí. Ha cambiado mucho para mí. Este premio primero me dará una estabilidad económica durante un tiempo, que siempre es difícil de conseguir para un escritor. Tenemos vidas muy inestables.

Segundo, me obligará a tener un hijo, porque lo prometí pensando que iba a perder. Le dije a mi novia que si ganaba tendríamos un hijo y me lo va a cobrar. Y me gustaría mucho tenerlo en realidad.

Y otra cosa, lo más importante respecto del libro es que va a acercar mi trabajo a muchísimos lectores dentro del mundo hispano.

Y lo va a hacer precisamente en un año en el que América Latina va a tomar muchas decisiones y en el que voy a poder viajar a América Latina con una novela política precisamente.

¿Por qué el vínculo entre tu novela y un año electoral en América Latina?

Es un oscuro y pequeño funcionario muy apegado a la ley, que sólo cree en sus pequeñas normas y que durante la investigación se va enfrentando a toda la violencia y toda la brutalidad de su país ... y de sí mismo
De hecho mi novela sucede durante unas elecciones. De modo que la gira que voy a hacer para promocionar la novela va a ser muy especial y muy instructiva.

¿Instructiva en qué sentido?

Siempre que viajas para promocionar libros tienes la ventaja de conocer a mucha gente. Pero en este caso además voy a poder hablar de las transformaciones que está viviendo América Latina.

¿De qué trata tu novela?

Es un thriller. Trata de una secuela de asesinatos que se desarrollan durante la Semana Santa ayacuchana, unos años después de la guerra interna, que tuvo su centro precisamente en Ayacucho.

El investigador es un fiscal distrital. Es un oscuro y pequeño funcionario muy apegado a la ley, que sólo cree en sus pequeñas normas y que durante la investigación se va enfrentando a toda la violencia y toda la brutalidad de su país.

Va descubriendo cosas de su entorno, de la guerra y de sí mismo, que quizás él habría preferido no descubrir.

Leí que tu novela surge de una pregunta: qué tiene que ocurrir para que una persona decida matar a alguien. ¿Respondes esa pregunta?

A mí me interesaba explorar qué cicatrices deja una guerra y en qué convierte a una sociedad una guerra como la que nosotros tuvimos
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Sí. Pasa por explorar qué ocurre en una sociedad en la que todo el mundo empieza a desencadenar la muerte.

Puede haber un lado que mata por justicia social y otro que mata por orden y la impresión que yo tengo del Perú es que, donde se desencadenó la guerra, no hubo después más justicia social. Y no hubo más orden. Sólo hubo muchísima muerte.

A mí me interesaba explorar qué cicatrices deja una guerra y en qué convierte a una sociedad una guerra como la que nosotros tuvimos.

Y creo que esas son reflexiones que sirven para cualquier guerra.

Esta es tu tercera novela. ¿Hay algo que late de manera específica en tu trabajo?

Sí, yo trato de variar mucho de un libro a otro. Cambio mucho mis temas, mis recursos. Incluso los géneros con los que trabajo.

Pero creo que suele haber mucho sentido del humor. Suelo narrar de una manera muy directa y suelen preocuparme cosas muy universales como la muerte, el sexo, la soledad.

Y ota cosa que creo que se repite en mi trabajo, es que trato que el lenguaje desaparezca, que el lector se sumerja en la historia hasta que se olvide que hay una realidad más allá del libro.

En el último año, tres escritores peruanos han ganado premios importantes (Jaime Bayly: Premio Planeta, Alonso Cueto: Premio Herralde). ¿Tú crees que esto dice algo de la literatura peruana o es una coincidencia?

No. Creo que en el caso de Alonso y yo hay un elemento común, que es el de la violencia y la guerra y ese tema ha sido muy silenciado durante años.

Los peruanos hemos hablado muy poco sobre ello. Y creo que estamos en el momento de reflexionar y ver qué pasó.

Y arranca con mucha fuerza porque precisamente el mundo está enfrentando una guerra que nosotros ya tuvimos.

Es decir, una guerra enviando ejércitos a combatir con terroristas.

En el caso de Bayly, él es un encanto. Todo lo que hace, lo hace bien y siempre tiene éxito aunque su tema no sea el mismo que el de Alonso y yo.

Lo que pasa es que creo que el Perú es un país excelente para los novelistas. Es un país tan complicado que a poco que cuentas las cosas más o menos como son ya tienes una gran novela.

Hay una tendencia a hablar siempre de movimientos en regiones, en países. ¿Cómo ves el tema de los movimientos literarios?

Los veo en este momento con demasiado movimiento. Yo creo que vivimos en un mundo en el que ni siquiera está muy claro qué significa ser de un país.

Yo pasé mi infancia en México. Soy peruano. Mi presente está en España. Hoy, las naciones y las culturas son más difíciles de determinar.

Eso se nota en el arte porque precisamente los escritores ya no crecemos limitados a nuestra tradición literaria, lo que hace cada vez más difícil agrupar a los artistas.

Yo creo que mi trabajo tiene mucho en común a veces más con autores norteamericanos que con autores latinoamericanos.

¿Qué te da la distancia para escribir?

Yo creo que esta vida, un poco por todos lados que he llevado, es excelente para un escritor y pésimo para tu vida personal.

Estar cambiando de escenario te hace darte cuenta de que las cosas que tu creías normales y universales quizás corresponden solamente a un sitio.

Entonces te vuelves una persona muy adaptable, muy tolerante. Capaz de escuchar a los demás y de buscar un sitio en realidades diferentes.

Desarrollas una agudeza que es muy buena para entender a los personajes. Para tratar de entender por qué actúan como actúan.

Santiago Roncagliolo. Foto cortesía Editorial Alfaguara.
Este es un libro que aunque está situado en el Perú, habla de cosas que han pasado en todos los países.
Tengo entendido que entre las varias tareas que has desempeñado está la de escribir telenovelas. ¿Qué significó para ti esta etapa?

Las telenovelas me dieron una gran destreza con el oficio, porque estás obligado a escribir todos los días y "mañana" tienes que escribir un capítulo, sí o sí.

Te dan un manejo de diálogos muy útil en cuanto a lo técnico.

Pero lo que recuerdo con más cariño es la posibilidad de subir a un autobús y que las dos señoras del asiento de adelante estén hablando de personajes que yo había creado como si fuesen sus vecinos y hablasen si iba a estar con el chico o no iba a estar con el chico.

La televisión se mete a tu casa y crea personajes con los que la gente convive.

A mí me gustaría que la literatura pudiera hacer algo similar.

La ventaja de la literatura es que no tienes que botar tantas páginas al día.

Entonces puedes ser mucho más cuidadoso y tener mucho más calidad que la que te permiten las obligaciones técnicas de una telenovela.

En otra parte leí que tomaste unos meses sabáticos para trabajar en servicio doméstico. ¿Es verdad?

Sí, pero en realidad no fueron meses sabáticos. Tenía que sacar mis papeles en España y tienes que tener algún trabajo, así que yo saqué mis papeles en este país como empleado doméstico.

Yo cocino y limpio pero no como un profesional. La familia que me contrató, pues yo creo que les caía bien y no querían despedirme. Pero llegó un momento en que me dijeron "hijito, lo haces todo mal".

Para terminar, Santiago, como tu decías al principio, este premio te va a permitir tener acceso a muchos lectores en el mundo hispano. ¿Qué les quieres decir antes de que vayan a comprar tu libro?

Quisiera decirles que este es un libro que aunque está situado en el Perú, habla de cosas que han pasado en todos los países.

Y quisiera decirles que además los acontecimientos que narra, las cosas que ocurren, los muertes que suceden, están más cerca de ellos, de los lectores, de lo que ellos mismos creen.

Creo que esta novela es una fábula sobre la guerra y también sobre la muerte y que esos temas van más allá que solamente el Perú.



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BBC MUNDO 28.02.06



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