Hace cincuenta años, Viktor Grayevskiy era un periodista que trabajaba para una agencia de noticias polaca en Moscú. Cubriendo el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS (PCUS) no esperaba nada fuera de lo común.
Pero al llegar a un edificio público en Moscú, a visitar a una amiga, hizo un descubrimiento sorprendente.
El discurso de Kruschev fue crucial en la historia soviética.
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"Tenía una amiga que trabajaba en la oficina del Comité Central del PCUS. Fui a su oficina para invitarla a tomar un café. Cuando llegué, la vi muy ocupada con una especie de folleto en su escritorio. Era una carpeta roja.
En la tapa, vi las palabras 'XX Congreso del Partido. Discurso de Kruschev. Material de Estado confidencial'.
Le pregunté si podía llevárme el material, y me dijo que sí. Lo puse en mi abrigo, me lo llevé a casa y comencé a leerlo. Era como tener una bomba atómica en mis manos".
El discurso, al que las autoridades soviéticas habían logrado mantener en total secreto, hablaba de los atroces crímenes de un genocida en masa.
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Para muchos historiadores, el discurso de Kruschev marcó el inicio del colapso del comunismo europeo
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Eso es lo que Viktor Grayevskiy explica haber entendido después de una primer lectura rápida del discurso.
"Era algo terrible. Yo era socialista y miembro del Partido Comunista. Y de repente, me enteré de tal perversidad, de que Stalin era un asesino. Era difícil de creer. Me quería deshacer de eso lo antes posible. Pero en el camino a casa, decidí llevarlo a la embajada israelí, donde trabajaba un amigo.
Cuando se lo mostré, quedó pálido, y luego se sonrojó. Sabía mejor que yo que todo el mundo estaba buscando eso. Tuvo la carpeta un rato y después me la regresó. Volví al edificio del Comité Central y la dejé sobre la mesa".
Salida a la luz
Cómo llegó ese discurso a ser publicado es la historia de una carrera entre los servicios de inteligencia en el clímax de la Guerra Fría.
"Primero, un miembro de la embajada israelí en Moscú lo llevó a Viena. Desde allí, el jefe de la contrainteligencia israelí lo llevó a Tel Aviv. Cuando el primer ministro israelí, Ben Gurion lo vio, dijo: 'Si esto es verdad, dentro de 30 años no habrá más Unión Soviética'.
Decidió darle el informe a los estadounidenses, pero les pidió que guardaran el secreto sobre su origen. Alan Dulles, el jefe de la CIA, lo leyó, pero pensó que podía ser una provocación. Los mejores expertos en temas de la Unión Soviética que había en Estados Unidos pasaron dos semanas estudiándolo antes de que Eisenhower decidiese publicarlo.
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Era algo terrible. Yo era socialista y miembro del Partido Comunista. Y de repente, me enteré de tal perversidad, de que Stalin era un asesino. Era difícil de creer
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Luego, apareció en todo el mundo".
Viktor Grayevskiy se describe como un periodista que sólo estaba en el lugar correcto en el momento adecuado. Su papel fue pequeño pero crucial en el enorme drama que implicaba la batalla ideológica de la Guerra Fría.
El discurso llevó a una reevaluación fundamental no sólo del papel de Stalin, sino también sobre la moral comunista.
Para muchos historiadores, el discurso de Kruschev marcó el inicio del colapso del comunismo europeo.