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Viernes, 22 de julio de 2005 - 13:02 GMT
"La literatura es un acto de amor"
BBC Estudio 834

Laura Esquivel, escritora mexicana
Yo creo que (la cocina) es un lugar donde suceden muchísimas cosas. Pero el mundo tan materialista en el que vivimos no toma en cuenta este espacio, porque la actividad que allí se realiza no tiene ninguna retribución económica.
"Yo empecé a escribir más bien por necesidad", le comenta a Juan Carlos Pérez Salazar, en BBC Estudio 834 la escritora mexicana Laura Esquivel, quien saltó a la fama con su novela "Como agua para chocolate".

"Todo lo que estudié fue enfocado hacia la dramaturgia. Nunca pensé que después iba a llegar al cine y más tarde a escribir una novela".

Entonces, ¿qué la interesó por la escritura?

Por un tiempo escribí para programas infantiles de televisión cuando estaba casada con Alfonso Arau y él me estimuló mucho para escribir guiones de cine.

Pero es una industria muy difícil y de pronto yo tenía muchos guiones en el cajón y me sentía muy frustrada, así que decidí escribir "Como agua para chocolate".

Esta novela era como una forma de hacer mi película ideal que nunca nadie iba a filmar y en la que tenía toda la libertad del mundo de poner los personajes y las locaciones que quisiera, sin tener que lidiar con un productor que dijera que no podía ir eso porque no había presupuesto.

Lo que usted escribe tiene una calidad muy oral, ¿de dónde cree que le viene eso?

Mi padre era una persona que jugaba mucho con nosotros cuando éramos niños.

Nos pasábamos las tardes con él grabando cuentos. Tenía una de esas grabadoras de carrete... Éramos muy felices en esa época.

A mí me gusta contar historias y lo disfrutaba mucho desde que era educadora.

¿Qué tipo de cuentos les contaba su padre?

Yo siempre había deseado trasladar esta experiencia culinaria, mezclarla con mi propio pasado familiar y hacer una serie de cuentos.
Pues los tradicionales y también otros que íbamos creando en base a las experiencias cotidianas o a lo que estaba pasando en el momento.

Su novela más conocida es "Como agua para chocolate", ¿cómo se le ocurrió esa idea de basar la estructura en una serie de recetas?

En mi familia la tradición culinaria es muy, muy grande.

Yo siempre había deseado trasladar esta experiencia culinaria, mezclarla con mi propio pasado familiar y hacer una serie de cuentos.

Lo que pasa es que en el momento de empezarlos a desarrollar me di cuenta que iba a ser muy difícil, porque había una relación afectiva con cada uno de los personajes y con cada una de las recetas.

Entonces decidí mejor inventar una familia imaginaria, en la cual las recetas también habían sido parte fundamental de su historia.

Creo que actualmente la cocina es el último reducto que el mundo civilizado nos ha dejado para ejercer la generosidad.
Elegí ciertas recetas importantes en mi familia y algunas otras que recolecté de la tradición culinaria mexicana, y es así como fui creando una historia paralela entre esta familia imaginaria y las recetas reales.

¿Qué es para usted la cocina?

Es un gran laboratorio de alquimia. Es un lugar sagrado donde uno no sólo está en contacto con los cuatro elementos que conforman el mundo, jugando con ellos, sino que entra en comunión con el verdadero origen y con algo más allá.

Yo creo que es un lugar donde suceden muchísimas cosas. Pero el mundo tan materialista en el que vivimos no toma en cuenta este espacio, porque la actividad que allí se realiza no tiene ninguna retribución económica.

Es decir, que para usted la cocina es un acto de creación, como la literatura.

Es igual de importante. Es una actividad sagrada.

Yo trasladé una anécdota zen que se refiere a tres albañiles que pegaban ladrillos. Al primero le preguntaban "¿usted qué está haciendo?" y él decía: "pego ladrillos".

Al segundo le preguntaban lo mismo y éste respondía que estaba levantando una barda. Mientras que el tercero decía: "yo estoy construyendo una catedral".

El acto de cocinar es un acto de amor. Todo aquello que hace que dos cosas se conviertan en una es un acto amoroso.
Ahí ves tres puntos distintos sobre una misma actividad, y yo traslado eso a la cocina.

Pienso que podría haber tres tipos de posturas: la primera mujer respondería que no está haciendo nada; la segunda que está cocinando la comida para su familia y la tercera mujer diría que está celebrando una ceremonia de unión con el universo.

Creo que actualmente la cocina es el último reducto que el mundo civilizado nos ha dejado para ejercer la generosidad.

Y para usted también parece haber un vínculo entre la literatura, la cocina y el amor.

El acto de cocinar es un acto de amor. Todo aquello que hace que dos cosas se conviertan en una es un acto amoroso.

La literatura es lo mismo. Es un acto de amor.

Yo creo que es lo que verdaderamente nos hace humanos. Es todo tipo de actividad que realicemos con una intención amorosa.

Hablando sobre este tema de la cocina, una amiga me comentaba que esa forma de narrar tan sensual tiene una relación directa muy femenina. ¿Ese espacio de la cocina es un espacio muy femenino? ¿Es un espacio que al hombre, de pronto, le es más difícil narrar?

Tengo muchas cartas de hombres que me escribieron cuando leyeron la novela y me agradecían muchísimo que los hubiera hecho voltear a ese espacio y redescubrirlo.
Pues sí, pero es un problema meramente cultural.

Tengo muchas cartas de hombres que me escribieron cuando leyeron la novela y me agradecían muchísimo que los hubiera hecho voltear a ese espacio y redescubrirlo.

Así, muchos hombres se metieron a la cocina y se entusiasmaron y descubrieron el enorme gozo y enriquecimiento personal que uno adquiere allí.

La misma sor Juana -nuestra gran poeta, nuestra gloria nacional- cuando la intentaron castrar intelectualmente, se refugió en la cocina.

Las monjas le quitaron todo contacto con los libros y, entonces, ella escribió que "si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito". Lo cual me parece muy acertado.

¿Usted cree que se puede hacer una inferencia entre escritura femenina y escritura masculina?

Todos los espacios íntimos son los que se relacionan con la sensualidad, con la vida, con un orden mucho más cósmico.
Yo si encuentro que hay una diferencia en la manera de abordar los temas, cómo los desarrolla uno, de qué habla y cómo elige el material para trabajar.

Pero esto no tiene nada que ver con el sexo de la persona que está escribiendo. Hay literatura femenina escrita por hombres y hay literatura masculina escrita por mujeres.

Más bien tiene que ver con lo íntimo y lo público.

Todos los espacios íntimos son los que se relacionan con la sensualidad, con la vida, con un orden mucho más cósmico.

¿Cómo cambió su vida a raíz del éxito de "Como agua para chocolate", que ha sido traducida a más de 30 idiomas?

La novela fue un parte aguas en mi vida. Fue una gran maestra y yo he aprendido muchísimo.

El cambio fue que hubo una invasión tremenda en mi mundo íntimo, en la forma en que yo distribuía mi tiempo, a lo que me dedicaba.

Ahora ya no tengo el mismo tiempo que tenía antes para dedicarlo a la cocina o a las actividades creativas que a mí me dan mucho placer.
Ahora ya no tengo el mismo tiempo que tenía antes para dedicarlo a la cocina o a las actividades creativas que a mí me dan mucho placer.

¿Le preocupa no haber repetido el éxito de "Como agua para chocolate"?

No me preocupa porque ese no es mi objetivo. Si mi objetivo hubiera sido tener el mismo éxito, pues hago "Como agua para chocolate 2" y ya.

Siempre he tratado de ser muy honesta conmigo misma, con lo que quiero decir, independientemente del resultado.

Por ejemplo, "La ley del amor" es una de las novelas que más me gustan y no tuvo el éxito de "Como agua para chocolate".

Yo creo que a quien primero sirve la escritura es a uno mismo. A mí me ayudó mucho.

Actualmente acabo de terminar una biografía novelada sobre la Malinche, que es totalmente diferente a lo que he escrito antes.

Algunos críticos califican su libro como literatura liviana o de entretenimiento, ¿qué piensa al respecto?

La verdad nunca doy opiniones sobre opiniones... ¡Ja ja ja! Son sus opiniones y son respetables como cualquier otra.

Pero usted ve su literatura como una literatura seria.

Creo que a quien primero sirve la escritura es a uno mismo. A mí me ayudó mucho.
A mí no me gusta poner etiquetas. Cualquier tipo de etiqueta limita.

Yo creo mucho en la literatura que incluye a los demás, que les toca el corazón, que nos hace sentir parte de un todo.

Es esa la literatura en la que creo y es la que hago.

No me interesa la literatura que excluye, la literatura que se hace para un solo grupito de iluminados que viven en un olimpo separado de los demás.

Laura Esquivel, ¿cuál es su receta preferida?

¡Uyy no! No tengo... ¡Ja ja ja!

Yo soy una persona que disfruta muchísimo. Si me preguntará cuál es mi cocina favorita, también entraría en problemas.

¿Y si le pidiera una para los oyentes de la BBC?

¡Ja ja ja! ¿De vida o de a de veras?

Bueno, de ambas.

Que se olviden de las recetas, je je. Esa sería mi receta.



ESCUCHE/VEA
Entrevista a Laura Esquivel
BBC Estudio 834




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