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Viernes, 10 de marzo de 2006 - 15:27 GMT
"La literatura va a perdurar"
BBC Estudio 834

¿Cuáles son los temas recurrentes de su obra?

Antonio Muñoz Molina.
Antonio Muñoz Molina habló con la BBC desde Nueva York, donde dirige el Instituto Cervantes.

Yo creo que el principal es la conciencia de la quiebra del tiempo. Es decir, la conciencia de que ciertas personas han vivido en circunstancias históricas que las hacen pertenecer a dos mundos distintos.

Eso proviene de mi propia experiencia biográfica, del hecho de haber nacido en un país, en una época completamente distinta a la época que vino después.

Es decir, en el espacio de una vida, la mía, haber vivido desde un mundo rural, cerrado y retrógrado hasta otro totalmente distinto, esa quiebra del tiempo que hace que uno esté casi permanentemente escindido entre el pasado y el presente y que no acabe de encontrar su sitio en ninguno de los dos mundos.

Esta quiebra del tiempo es un poco la experiencia del hombre moderno, ya que de algún modo la vida de un hombre de unos 50, 60 años, pasa por muchísimas etapas. En su propio caso, por ejemplo, usted conoció un mundo sin televisión y ahora está viviendo en un mundo totalmente dominado por los ordenadores. Hay un quiebre del tiempo pero también una especie de desarraigo histórico y temporal del hombre moderno, ¿no?

Si. Eso tiene también su parte ventajosa. Yo no me estoy quejando. Quiero decir que eso me da una perspectiva bastante amplia. Yo veo el mundo en el que han crecido mis hijos y ellos dan por supuestas muchas cosas que yo sé que no se pueden dar por supuestas. Como es el bienestar social, la democracia, la tecnología al servicio de uno.

Hay dos nombres, (Jorge Luis) Borges, en un lado del Río de la Plata y del otro Juan Carlos Onetti, sin los cuales quizás yo hoy no sería escritor

Eso tiene una amplificación geográfica porque muchas personas hemos salido de un sitio y hemos acabado viviendo en otros sitios y hay tal distancia geográfica y espiritual entre los sitios de los que hemos salido y los sitios en los que estamos que somos un poco extranjeros en ambas partes.

Usted habló antes del quiebre temporal, quizás otra forma de decirlo es hablar del desarraigo y una de sus novelas, Sefarad, se basa en ese tema, y también muestra sus vínculos con distintas partes del mundo. Una de las partes del mundo con las que usted tiene grandes vínculos es con América Latina: vínculos literarios, casi afectivos...

Sí, casi no, yo diría afectivos.

A mí me sorprendió mucho el comienzo de la novela Carola Fainberg que dice: "Yo no creo que vuelva nunca a Buenos Aires"...

Sí eso lo dice un personaje, (risas).

Y ese personaje, Claudio, ¿le evoca algo?

Sí. En ese personaje puse mucho de esa desolación que he visto a veces en profesores españoles o latinoamericanos que llevan mucho tiempo en Estados Unidos, en ese mundo un poco enrarecido de las universidades y que ellos no acaban sabiendo dónde están, de qué lado están.

Yo tenía un amigo, que ya murió, que era profesor en una universidad en el Medio Oeste y me decía a veces en España, "yo no sé de qué lado del Atlántico estoy ahora mismo".

Antonio Muñoz Molina. Foto: Beowulf Sheehan/PEN American Center.
El escribir solitariamente sin que lo sepa nadie es una forma de heroísmo para la que yo creo que no estoy dotado

A ese personaje le tengo mucha ternura y también en esa novela lo que hay es mucho de mi amor no ya tanto a América Latina sino a la región del Río de la Plata. A ese mundo de Buenos Aires y Montevideo, al mundo literario, al mundo musical y al mundo de la vida cotidiana.

Mis vínculos sentimentales en América Latina son sobretodo y casi abrumadoramente con Buenos Aires y Montevideo, por muchas razones.

Y los vínculos literarios allí ¿con qué autores son?

Son con algunos nombres que son evidentes. Hay vínculos y vínculos. Hay vínculos que hacen que uno sea escritor. Hay dos nombres, (Jorge Luis) Borges, en un lado del Río de la Plata y del otro Juan Carlos Onetti, sin los cuales quizás yo hoy no sería escritor.

Me sorprendió un poco que no hubiera mencionado a Gabriel García Márquez porque por lo menos en el "El jinete polaco" uno siente su presencia, de alguna manera. ¿Con qué otros escritores usted siente un real parentesco?

En el caso de García Márquez le diré una cosa. Esa novela que después fue "El jinete polaco", comenzaba a escribirla y dejaba de escribirla durante mucho tiempo porque aparecía "Macondo", y me daba cuenta de que tenía que tener mucho cuidado con eso.

Para mí también fue muy importante en mi educación como escritor Julio Cortázar y la manera de construir las novelas de Mario Vargas Llosa.

Cuando yo leí esas maquinarias poderosísimas que son "Conversación en la catedral" y " La casa verde" esas novelas me impresionaron mucho, igual que me impresionó muchísimo y me sigue impresionando y sigo aprendiendo de Juan Rulfo.

Es como lo contrario, "Conversación en la catedral" sería el arte de lo máximo, igual que Juan Rulfo sería el arte de lo mínimo. Y las dos artes hay que aprenderlas intensamente.

La literatura de un modo un otro va a perdurar y sigue perdurando

Otro escritor que para mí ha sido crucial, decisivo absolutamente, al que amo, ha sido Marcel Proust. Ha sido un escritor del que yo me he alimentado y me alimento y que ha influido, no ya en mi manera de escribir, sino en mi manera de ver el mundo, muy intensamente.

Uno siente claramente esa presencia de Marcel Proust en "El jinete polaco", por ejemplo, en el retrato minucioso que se hace de los personajes y de la sociedad en que se encuentran, ¿no?

Una de las vocaciones de la literatura es contar el mundo. Estas vacaciones he estado leyendo muy intensamente a Walt Whitman y uno ve esa pasión en Whitman de contarlo todo, de que todo quepa en el verso.

Es una de las grandes tentaciones de la literatura y es una tentación maravillosa, ese querer hacer que la literatura contenga el universo.

Uno a veces sucumbe a esa tentación, como me pasó mucho en "El jinete polaco" y otras veces te das cuenta de que tienes que ser más modesto. Pero ese modelo enciclopédico siempre está ahí.

Y luego está el otro modelo, el de lo mínimo, de Borges, de Rulfo, de Chejov, son dos almas que tiene la literatura.

Muchos perciben que el papel de la literatura ha disminuido en relación con el impacto que tiene en este momento el mundo audiovisual. ¿Usted cómo ve el futuro de la literatura?

Yo cuando de verdad tuve conciencia de que iba a ser escritor fue cuando conseguí estar terminando una novela y que un editor se interesara por ella

La literatura nunca ha sido una fuerza dominante, casi siempre ha sido bastante minoritaria. Creo que en la medida en que la literatura siga escribiéndose e interpelando a cuestiones fundamentales del carácter humano, de lo que ocurre a cada uno de nosotros, la literatura de un modo un otro va a perdurar y sigue perdurando.

Sí puede que haya cambios tecnológicos que afecten a la presentación exterior de la literatura.

Le pongo un ejemplo: yo venía en el auto hacia la emisora escuchando a Bach en el ipod. Yo pensaba, Bach en 1750 jamás podía imaginar que alguien pudiera escuchar su música de la manera que yo la estaba escuchando.

Entonces, yo no soy pesimista ni optimista. Creo que la literatura responde a una necesidad muy profunda de los seres humanos, que es la necesidad de explicarse el mundo mediante las palabras.

Es la necesidad de explicar lo que hay y buscar lo que no hay. Así que no me preocupa demasiado, creo que los lectores y los autores seguiremos comunicándonos por ese camino.

Seguramente, ¿pero no percibe usted que disminuyó el papel o la importancia del escritor? Si uno lo compara por ejemplo con Emile Zolá y el famoso "Yo acuso", que por el prestigio de Zolá pudo poner en vilo prácticamente a toda la sociedad francesa con el caso Dreyfuss, hoy no se ve que un escritor pueda tener el mismo impacto.

Bueno, pensemos que quizás Emile Zolá era una excepción en su época (risas). No lo sé. En el mundo latino el escritor sigue teniendo una presencia mayor que en el mundo anglosajón. Pero yo no sabría evaluar su importancia pública.

Aparte que también desconfío de cuando el escritor es demasiado visible públicamente. A mí el modelo francés del escritor profético, o el modelo muchas veces latinoamericano del escritor pro consular tampoco me produce mucha tranquilidad.

Hay que tener cuidado con el escritor en la vida pública porque tiende a enamorarse de palabras y de generalizaciones.

¿En su caso, cuándo se dio cuenta de que iba a ser escritor?

Hay que tener cuidado con las profecías retrospectivas. Yo cuando de verdad tuve conciencia de que iba a ser escritor fue cuando conseguí estar terminando una novela y que un editor se interesara por ella.

Durante mucho tiempo escribí de manera solitaria y no estoy seguro de que hubiera resistido mucho tiempo más si no hubiera encontrado algún tipo de eco, de resonancia, en lectores o editores.

El escribir solitariamente sin que lo sepa nadie es una forma de heroísmo para la que yo creo que no estoy dotado.



ESCUCHE/VEA
Entrevista a Antonio Muñoz Molina
BBC Mundo




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