Geldof quiere mucho más esta vez.
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"No importa qué pase en el futuro, al final el rock and roll salvará al mundo", dijo alguna vez el guitarrista de The Who, Pete Townshend.
Los conciertos de este sábado seguramente no confirmarán esta predicción, pero sí hace que uno se pregunte si la diplomacia de micrófono y un par de anteojos de sol de moda hacen romper el hielo con los líderes mundiales.
Hace 20 años, el primer Live Aid se concentró en conseguir fondos reaccionando así a las imágenes de televisión de la hambruna africana.
Esta vez, los activistas del rock and roll se volvieron más políticos. Esta vez la famosa frase de Bob Geldof "danos tu puto dinero" no está dirigida al público en general sino a los líderes de las naciones más ricas del mundo, los del grupo del G8.
Sin reponsabilidad
Este cambio de actitud sorprende a pocos, sobre todo si se tiene en cuenta que alguna vez Geldof dijo que había conseguido más dinero para África sentándose a tomar té con el entonces presidente francés Francois Mitterrand que con los conciertos de Live Aid de 1985.
La historia es sorprendente, pero esta vez Geldof intenta conseguir algo mucho más substancioso que una taza de té.
Su objetivo es que los conciertos del sábado convenzan a los líderes de respaldar su causa contra la pobreza y que además haga marchar a cientos de miles de personas a las afueras de la cumbre del G8 de la próxima semana en Escocia, si es que no su puede adentro.
Pero independientemente de los méritos de su casa, su compatriota Bono, admitió en el pasado que alguna gente piensa que no hay nada peor que "una estrella del rock con una causa".
"Yo sé cómo se ve a un rockero parado acá gritando obligaciones que otros tienen que cumplir", dijo el vocalista líder de U2 el año pasado en la conferencia del partido laborista británico.
"Pero eso es lo que hacemos nosotros. Los rockeros ondeamos banderas, gritamos a las barricadas y después nos vamos al sur de Francia. No tenemos ninguna responsabilidad y somos consecuentes con lo que hacemos, pero ustedes no, ustedes no pueden hacer eso, nosotros contamos con ustedes".
El contragolpe
Pero las campañas de aquellos que quieren mezclar música con política no siempre son vistas con buenos ojos.
La fundación en defensa de la selva tropical del cantante Sting bien puede ser acreditada con haber salvado una región de la amazonía del tamaño de Bélgica, pero no ha impedido que muchos lo tilden como un hippie predicador.
George Michael perdió seguidores en EE.UU.
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La canción anti-guerra de George Michael, Shoot the Dog (dispárale al perro), en la que acusa al primer ministro británico de ser el perrito faldero de George Bush, enfureció tanto a los estadounidenses que el antiguo vocalista de Wham se vio obligado a mudarse de Estados Unidos por un buen tiempo.
El año pasado durante la campaña presidencial en EE.UU. Bruce Springsteen se juntó con Dixie Chicks y REM para cantar y tratar de convencer a los electores indecisos de que votaran en contra de Bush.
Rápidamente los republicanos comenzaron a corear: "cállate y canta".
Para el pintor irlandés Kevin Sharkey la campaña contra la pobreza en África puede ser más dañina que saludable.
"Pensando lo mejor, se trata de un ejercicio de inocencia , y pensando lo peor, es un ejercicio peligroso", dijo Sharkey a la BBC.
"Las estrellas de rock terminan siendo usadas, los usan para darles la mano y los políticos aprovechan la oportunidad para influir en el voto de los jóvenes".
Geldof dice que de todas maneras Live 8 hará que los líderes mundiales sientan la presión del público y además ya le dio la posibilidad de ser parte de la comisión que diseñó el programa del gobierno británico para ayudar a África.