Tina Ramirez recibió de la Medalla Nacional de las Artes en EE.UU.
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¿Cuál es la razón de ser un ballet hispánico?
En 1963 yo empecé a enseñar porque mi maestra de baile, Lola Bravo, se había retirado.
Cuando yo era una niña de 13 años, le había dicho a ella que yo quería enseñar.
Ella se acordaba de eso y un día me llamó y me dijo "yo me retiro". Así que empecé a enseñar a estos discípulos que querían ser bailarines profesionales.
¿Por qué hispánicos?
Primero para darles empleo a los niños que yo estaba enseñando. Yo se cómo es el mundo del arte aquí - y en especial en esa época.
Entonces yo empecé la compañía para darles empleo a estos niños que parecían casi hispanos. Eran café con leche oscuro, bellos. Las muchachas eran bellas, bellas.
Nosotros estábamos aquí en Nueva York y nadie sabía que existíamos.
¿Esto era en qué año?
En 1970, un año antes o después. Era por esa época.
Pero en esos años, ¿la presencia hispana ya era notable, no?
Exactamente. Y eso es lo irónico de la vida. Quizás cuando yo estaba creciendo en Nueva York, éramos pocos, pero estábamos más unidos.
Íbamos siempre a los mismos sitios: al Club Opera Español, al Manhattan Center, que ahora se llama otra cosa, al Webster Hall. Íbamos a los cines hispanos que habían por todo Nueva York.
Cuando yo empecé a enseñar, vi que habían más hispanos pero en realidad no nos veíamos.
También era la época de una explosión musical en Nueva York vinculada al mundo hispano como es la salsa, el Fania all Stars. ¿Hay algún puente entre las dos cosas o fueron dos expresiones aisladas?
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Lo que nos une es el español y ahora la salsa porque todos la bailamos
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Ese punto es interesante porque en ese momento estábamos creciendo.
La gente se interesó por la música y fuimos hacia arriba y después eso cayó.
Con los años eso se recuperó y ésta vez no creo que se vaya a caer otra vez, porque hasta los comerciales en la televisión tienen ahora música hispana.
Yo he tenido mucha suerte pero he tenido que trabajar muy duro para conseguir lo que tengo ahora.
Ese trabajo se va visto recompensado recientemente cuando usted obtuvo la Medalla de las Artes.
Sí, sí. También me dieron el premio del Hispanic Heritage Awards, por lo que yo he hecho en el campo de la educación. Ese premio también me toca el alma.
¿Qué sería más valioso para usted, el trabajo que realiza en educación o lo que hace artísticamente con el Ballet Hispánico?
Eso es bien difícil de decir. Para mí, una cosa muy importante es la educación y es por eso que fundé el Ballet Hispánico.
El público en general no sabía que estábamos aquí y yo quería decir: "Mírennos. Miren como somos. Miren que somos bellos".
Usted se refiere a esa belleza cuando hablaba de la característica de la piel color café con leche. ¿Pero más allá de lo estético, hay una manera hispana de asumir el ballet?
Técnicamente, ballet no quiere decir baile en punta.
Quiere decir cualquier tipo de baile que cuenta una historia y, sí, a nosotros nos gusta el drama.
Tiene que ser así porque nosotros tenemos una historia muy dramática.
¿Y cómo se refleja eso en el repertorio de la compañía?
Exactamente por eso fue que lo llamé Ballet Hispánico.
Los bailes no son de un solo país sino de diferentes lugares, porque los hispanos se notan por las diferencias.
Hay diferencia en la música, en la manera de hablar, en la comida.
Lo que nos une es el español y ahora la salsa, porque todos la bailamos.
También nuestro uso del color es espectacular. Venimos de tierras con colores muy vivos. Y lo otro, es la manera de movernos.
Yo me imagino que en el proceso de selección de los bailarines de la compañía, la hispanidad debe desempeñar un papel ¿pero es exclusivamente para hispanos de Nueva York?
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Yo miro a los bailarines de diferente manera. Los miro para ver si ellos pueden bailar nuestras cosas con sabor, después miro la técnica y después veo si pueden actuar
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Cuando yo hago una audición miro a los bailarines de diferente manera.
Los miro para ver si ellos pueden hacer bailes tradicionales, si pueden bailar nuestras cosas con sabor, después miro la técnica y después veo si pueden actuar.
Un bailarín de Ballet Hispánico, además de la musicalidad y la técnica, debe poder actuar.
¿Y usted ha encontrado ese sabor en bailarines no hispanos?
Sí, pero da la casualidad que siempre vienen del Mediterráneo o del Caribe.
¿Tiene españoles, italianos?
Mire, en la primera compañía que tuve la mayoría eran hispanos de Puerto Rico. Ellos se fueron para dedicarse a otras cosas. Entonces empecé a hacer audiciones y vinieron israelitas, italianos y españoles.
Ahora tengo una muchacha de Santo Domingo, hay un cubano, dos puertorriqueños y una muchacha descendiente de españoles.
También tengo tres bailarines de raza negra que se mueven como hispanos y les encanta nuestra cultura.
¿Cómo se vinculan ustedes con el origen de los diferentes países de América Latina?
Es interesante porque tenemos el tango, el bolero. Todos son bailes tres por cuatro. Para una persona artística como yo, esa diferencia de ritmos me da mucho material para los ballets que hago.
¿Y ha llevado su arte hacia la región, a países latinoamericanos?
Tuvimos mucho éxito cuando estuvimos en Guatemala. También hicimos un tour por Panamá y Venezuela.
En el teatro María Teresa Carreño, el más grande e importante de Caracas, estuvimos tres días y siempre con la sala llena.
También estuvimos en el Teatro Solís, un teatro bello en Uruguay.
Estuvimos diez días en el Teatro San Martín en Argentina.
Ahí fue estupendo porque llevé un tango: Cada Noche Tango, con música de Piazzola y la coreografía de Graciela Daniel, también argentina. Y fue un éxito.
Por su origen podríamos decir que usted representa una universalidad hispana. Es hija de un torero mexicano y de una maestra portorriqueña y nació en Venezuela. ¿Usted como se identifica?
A mí me encanta eso. Desde pequeña yo sabía que había nacido en Caracas, Venezuela y leía todos los libros de Simón Bolívar, pero soy criada en Nueva York.
Yo soy un producto de lo que represento.
Yo amo a mi cultura porque mi cultura me ha protegido muchísimo sin yo saberlo.
Quizá cuando era niña y algunas personas me trataban de humillar, yo no lo veía de esa manera. La manera como lo veía era pensando "que gente más bruta, porque no conocen mi cultura".
¿Y eso ha cambiado ahora no?
No.
¿Todavía no?
Lo que ha cambiado es el recibimiento. Sí, sí, sí ha cambiado pero, sabe, cuando a uno le hacen algo feo, uno no tiene que responder con la misma actitud.
Yo voy a lo que me interesa a mí. Y lo que me interesa a mí es la educación de los niños y el ballet hispano y que nuestra cultura siga para arriba. Yo trato de ayudar a cualquier persona que tenga esos valores.
¿Usted cree que en Nueva York, la comunidad hispana y sus aportes culturales son ahora más apreciados que cuando usted fundó el Ballet Hispánico hace ya 35 años?
Sí. Somos reconocidos por el método de baile. Ahora somos muy conocidos, el público general ya nos conoce.
Y no solamente eso. Yo he estado enseñando en los últimos 35 años, los discípulos me traen a sus hijos. Así que esto es como enseñar a tres generaciones.