¿Cómo garantizar que los niños se diviertan en lugares donde no hay infraestructura de entretenimiento?
La obra comienza dice el payaso. "¿Niños están listoooos?"
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En Egipto, seis egipcios y tres extranjeros han aunado esfuerzos desde hace más de tres años para llevar un pequeño teatro de marionetas a los poblados de los suburbios del Cairo.
La compañía se hace llamar "La Imaginación Popular" y los pude ver en acción en Abu Rauásh, un pueblito al norte de la capital, cerca de las pirámides.
Llegamos un viernes, día de asueto, a eso de las 2 de la tarde a las instalaciones del centro juvenil del pueblo, que consta de un polvoriento campo de fútbol y un edificio multiusos.
Diversión con mensaje
Los niños se arremolinan alrededor de los miembros de la compañía, quienes comienzan por hacer cantar a los pequeños mientras el resto prepara el escenario. Una sábana detrás de la portería funge de telón.
Pepa prepara a las marionetas.
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"Soy Pepa", se presenta una de las integrantes. "Este es un espectáculo sobre el juego y el derecho de los niños a jugar en la calle y los problemas que pueden surgir cuando se comparte el espacio entre la gente que trabaja y los niños", dice esta joven española vestida de campesina egipcia.
Y continúa: "Tratamos de plantear a los niños una situación en la que ellos mismos tendrán que dar ideas sobre cómo resolver los problemas que surgen en el camino."
La compañía es autosuficiente, ya que los integrantes fabrican sus marionetas y tramitan el permiso para actuar en determinados lugares, muchas veces a nivel personal, evitando así el burocrático procedimiento oficial. ¿Pero porqué escoger pueblitos como Abu Rauásh?, pregunto.
"La idea es ir a zonas donde no hay servicios culturales, porque normalmente todo está en El Cairo. Aún en zonas cerca de la capital como aquí, no tienen acceso a este tipo de divertimiento", aclara Pepa, antes de ir a tomar su posición detrás del telón.
La historia es interactiva
Jakob Lindfors es originario de Suecia y uno de los fundadores del grupo. Me explica detenidamente la trama de la obra: "Hay un mecánico que se llama Hassan el Mufak (el desatornillador) que tiene un taller y no quiere que los niños jueguen frente a él".
"Por eso encierra a uno de los personajes y sus amigos no lo pueden rescatar hasta que el público no se involucre. Los niños del público distraen al malo y las marionetas rescatan a su amigo. Y entonces todos a cantar y a celebrar", afirma el sonriente Jakob, conocido aquí como Yacub.
Los niños se empujan para estar más cerca de los personajes.
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La idea detrás de esta dinámica no es sólo combatir al malo, sino subrayar que el colectivo es importante. "Otra parte de la obra es musical e interactiva, donde invitamos a los niños a cantar sus canciones, y no sólo a entonar las nuestras", dice el rubio y barbado Yacub, vestido con un pantalón brinca charcos sostenido con tirantes.
El "aragoz", una tradición viva
El peligro de que la generación de los videojuegos y de Harry Potter termine con tradiciones lúdicas autóctonas es menor en pueblos como Abu Rauásh que en la capital egipcia. Los niños de inmediato reconocen a los personajes arquetípicos de la cultura popular y responden velozmente a los estímulos de los actores.
Todos le tienen miedo a Hassan el mecánico.
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Pepa me recuerda que su papel es ser la mujer de aragoz. Pero, ¿quién es él?
"El aragoz es el manipulador de las marionetas, un personaje satírico, el equivalente de Don Cristóbal en España o Polichinela en Italia. Es un personaje muy conocido de la cultura popular egipcia. Es tanto una marioneta en sí mismo como el manipulador."
La obra ha terminado con una canción, baile y tambores. Los niños se desperdigan entre empujones, gritos y risas y me acerco para pedirles su opinión.
"A mí el que me gustó más de todos el aragoz, porque es muy bonito. Pero Hassan el malo también es muy divertido. Queremos que regresen otra vez", dicen al unísono frente al micrófono de la BBC.
Difícil control de multitudes
Para los integrantes de Imaginación Popular, ha sido agotador manejar a la multitud de niños.
Y es que no es fácil hacer representaciones callejeras en un país con tanta presión demográfica como Egipto. Haysam es un estudiante universitario que vive en Abu Rauásh y concuerda que sería lindo tener más eventos así.
En cuestión de segundos, lo que era una portería se transforma en telón de teatro, la "cuarta pared" en medio del campo de fútbol.
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"Es la primera vez en diez años que viene un grupo así", confiesa Haysam. "Hizo que los niños se divirtieran mucho. Sólo muy ocasionalmente hay eventos así en las escuelas, como en el Día de las Madres", dice el joven mientras los chiquillos repiten sus palabras con algarabía.
¿Y hay alguna fórmula que garantice la diversión infantil? "Lo que más divierte a los niños del teatro de las marionetas, aquí en Egipto y en todas partes del mundo, son los golpes", dice Pepa, entre risas. "Apenas el aragoz saca el bastón y le da leña a los malos, la gente se parte de risa, pero eso es universal."
Mientras me despido del grupo, escucho a los niños tararear las canciones y repetir el tema de la obra: "¡queremos jugar, queremos jugar!"