Antes de ser Papa, Juan Pablo II fue poeta. También dramaturgo, filósofo y teólogo. Según sus biógrafos, el joven Karol Józef Wojtyla quería estudiar letras y convertirse en actor.
De su juventud se conservan obras teatrales y poesías.
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Desde una edad temprana mostró inquietud por el teatro y las artes literarias polacas.
De hecho su profesor de Lengua y Literatura polaca fue una de las personas que tuvo mayor influencia durante la juventud de quien se convertiría en Juan Pablo II.
"Cuando estaba en el colegio -ha dicho el Papa -me apasionaba la literatura, en la que me inicié gracias a Mieczyslaw Kotlarczyk, mi profesor de polaco".
En 1938 se matriculó en la Universidad Jagellónica de Cracovia y en una escuela de teatro, y también fue uno de los promotores del Teatro Rapsódico un centro cultural y de actuación que funcionaba de manera clandestina durante la ocupación nazi de su natal Polonia.
Tríptico del Papa
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A cada hombre se le confía la tarea de ser artífice de la propia vida; en cierto modo, debe hacer de ella una obra de arte, una obra maestra
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De la juventud del Papa se conservan obras teatrales y poesías.
En 1960 publicó en una revista católica una obra teatral titulada "La tienda del orfebre".
Su bibliografía incluye además de encíclicas, exhortaciones, constituciones y cartas apostólicas, libros como "Cruzando el umbral de la esperanza" (1994) y "Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal" (1996).
En marzo de 2004, salió al mercado una antología de poesía del Papa con más de un millón de copias, en 20 idiomas.
La colección de poemas, titulada "Tríptico romano", habla -entre otros temas- sobre la naturaleza e incluye una referencia a su propia muerte.
Para publicar parte de su obra, el Papa usó los seudónimos de Andrzej Jawien, Stanislaw A. Gruda y Piotr Jasien.
Obra de arte
Se dice que debido a su interés por el teatro y la literatura, el pontífice tuvo un gran aprecio por los artistas.
"Me dirijo a ustedes, artistas del mundo entero, para confirmarles mi estima y para contribuir a reanudar una más provechosa cooperación entre el arte y la Iglesia", escribió en su Carta a los Artistas, de 1999.
Añadió Juan Pablo II: "A cada hombre se le confía la tarea de ser artífice de la propia vida; en cierto modo, debe hacer de ella una obra de arte, una obra maestra".