El ballet para ti fue como un juego... ¿por qué no nos cuentas cómo fue ese inicio?
Mi madre es profesora de danza, por eso para mí fue como un juego. A los 4 años ya escuchaba música y me ponía a bailar.
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He hecho mucho por suerte, he disfrutado de todos los roles que he hecho en mi carrera
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Fue una elección propia, me divertía moviéndome.
Cuando tenía 8 años le dije a mi madre que quería estudiar danza y de ahí en más empecé en la escuela del Teatro Colón a estudiar la carrera de bailarín.
No fue una obligación, no fue nada impuesto por mi madre, siempre fue una elección y tenía el apoyo de mi familia, pero siempre con la libertad de elegir y hacer lo que yo quería.
A los 14 años ya me fui a Venezuela, estuve como 8 meses trabajando y ahí empecé mi carrera profesional.
Ya llevo 24 años de carrera profesional, feliz y contento. Siempre fue una elección mía todo lo que hice.
¿Fue una elección o simplemente no había alternativa? ¿Nunca hubo espacio para pensar en hacer otra cosa?
No nunca se me ocurrió, al contrario, cuando iba creciendo siempre tenía posibilidades de ver otras cosas, siempre me gustó, me sigue gustando, sigo disfrutando arriba del escenario, sin obligaciones de nada. Al contrario, sacrificios y un montón de cosas que uno fue haciendo, fue todo con placer.
Suena muy afortunado si uno piensa en la imagen clásica del artista, dedicado a cualquier vertiente del arte, casi siempre está unida a la imagen de sacrificio, superar obstáculos, un entorno muy adverso, la familia.
Lo bueno es que tuve a mi familia que siempre me apoyó con libertad.
A los 14 años decidí irme a Venezuela y mi familia me dijo que estaba ahí si necesitaba cualquier cosa. Me dio la libertad de poder crecer como artista, como persona. Fue siempre algo mío.
La disciplina siempre está, sigue estando, sigo ensayando en la mañana, tomando clase. Si tengo mi función, al día siguiente voy a trabajar, a entrenar, eso sigue estando, más si uno quiere llegar al nivel en el cual uno está.
Hablabas de Venezuela como primera escala después del Teatro Colón en Argentina.
A los 19 años, Julio Bocca era la primera figura del American Ballet.
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A los 14 años era muy chico y ahí fue donde se me ofreció un contrato. Quise aprovecharlo porque para mí era una experiencia de trabajar profesionalmente a una edad muy corta. Ahora eso es normal.
Después fui contratado en Brasil a los 15, seguí con el Colón, a los 18 fui al Concurso de Moscú en el cual gané la medalla de oro y a los 19 era primera figura del American Ballet.
En esa época era algo raro a los 19 años, una primera figura de una gran compañía. El año que viene cumplo 20 años con ellos. De ahí seguí trabajando, yendo como invitado a la Ópera de París, al Covent Garden en Londres, a la Scala de Milán, estuve en todos los grandes teatros, las grandes producciones, trabajando con diferentes coreógrafos, diferentes figuras del ballet.
He hecho una carrera que quizás no imaginaba, más de lo que yo esperaba, y todavía sigo haciendo lo que me gusta, que es bailar.
¿Te sientes argentino?
Sí, me siento argentino, siempre viví ahí. Nunca me fui, sigo viviendo ahí, y eso no lo cambio por nada, Buenos Aires no lo cambio.
¿Cuántos meses al año pasas en Argentina?
Serán dos meses al año; dos meses en Nueva York y el resto viajando por todo el mundo.
El haber pasado por la medalla de oro en Moscú y la experiencia en Estados Unidos, ¿facilitó el reconocimiento en Argentina?
Quizás después del concurso en Moscú se hizo una cosa popular, que en el ballet no existía. En años anteriores había figuras que viajaban por el interior -las provincias-, pero quizás no tan popular como es uno, como es la danza ahora en Argentina.
También, a mi me gustó y seguí trabajando para eso, para que la danza sea algo popular que le llegue a todo el mundo por igual. No es algo para entendidos, a mi criterio, es un arte en el cual te sientas delante del espectáculo y te gusta o no, te llega o no.
¿No es muy difícil acercar la danza clásica a un público más amplio?
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Lo que pasa en nuestros países, es que cultura, educación y salud no son lo principal
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No es difícil. Es como ir a un museo. ¿Cuánta gente puede entender el cuadro exactamente? Son muy pocos. Van, miran, podrán gustarle más un cuadro que el otro, pero de ahí en más quizás no entienden. Uno escucha música y una gusta más que otra, y en el ballet es lo mismo. Trato de hacer giras por el interior, ir a lugares donde nunca se hizo ballet, poner entradas populares o hacer espectáculos al aire libre gratuitos.
¿Son más difíciles ese tipo de actuaciones, frente a un público no acostumbrado a pocas representaciones en general?
Al contrario, el público lo agradece muchísimo, lo disfruta mucho más, ya que no tiene la posibilidad de ver tantos espectáculos. Están agradecidos de que se vaya al interior, que es el que menos cosas recibe, sobre todo en Argentina o en países latinoamericanos.
¿Hay una vocación tuya de difundirlo en el interior?
Sí. Hacemos siempre estas funciones, tratamos de que les llegue a todos por igual. Para mí es lo mismo bailar en un estadio que en el Metropolitan Opera House, estar arriba de un escenario es lo que al artista le gusta.
De no haber sido bailarín, ¿que otra cosa te podrías imaginar?
Nada, bailarín.
Para Bocca su familia le dio la libertad de crecer como artista.
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¿No hay alternativa?
No.
¿O bailarín o bailarín?
Exactamente.
¿Crees en el destino?
No sé si en el destino, el destino uno lo va formando. Creo en el gusto de uno y en las ganas que tiene uno de crecer en algo que le gusta, nada más.
¿Cómo ves el panorama de la danza en Argentina y en América Latina?
Hay muchísimos elementos muy buenos de bailarines, de maestros, de coreógrafos. Siempre los hubo y van a seguir estando, por eso en cualquier parte del mundo vas a ver a argentinos o brasileros trabajando en diferentes compañías. Lo que pasa en nuestros países es que cultura, educación y salud no son lo principal. Si no hay apoyo, lo que se hace es cuestión de pulmón o de cada uno. Por eso siempre hay que irse afuera en vez de tener todo en el lugar. Pero hay elementos maravillosos, espero que alguna vez el gobierno y las empresas privadas apoyen lo que es la cultura.
¿Es una exigencia o una esperanza?
Una esperanza, más que exigencia, ellos van a hacer lo que quieran, como siempre. En cualquier país con tantos elementos buenos, es una lástima desperdiciarlos.
Siempre se habla de la cultura como un activo que favorece el desarrollo y el progreso de las sociedades. ¿No se cumple con eso?
No se cumple, lamentablemente no hay un apoyo. Por ejemplo, yo tengo el Ballet Argentino, hace 15 años que salimos a representar al país. Es una elección mía, nadie me obligó, pero nunca hubo apoyo de mi gobierno o privado, nada, lo mantengo yo. De ahí han salido figuras que ahora son primeras figuras del American Ballet, o están en Francia, en Finlandia, están en Inglaterra trabajando.
¿Es más difícil por lo tanto, ser bailarín en América Latina que, por ejemplo, en Alemania?
Sí, tienes menos comodidades. Es todo a pulmón, cuesta más, no tienes lugares cómodos para poder trabajar, como escuelas o teatros. En todos los lados del mundo tienes un teatro, hay un estudio con las condiciones necesarias. En América Latina eso no pasa.
Y al revés, el reconocimiento en Europa, en Estados Unidos, como bailarín latinoamericano, ¿hay que esforzarse más, hay prejuicios?
Quizás al comienzo sí, yo venía allá del sur. Pero ya no, porque han salido tantas figuras que nos miran distinto, porque ven que hay buenos elementos.
¿Cómo evitas que se te suba todo a la cabeza? La fama, el reconocimiento, el éxito, las adulaciones.
Tengo una buena familia y buenos amigos por suerte. Entonces siempre te mantienen con los pies en la tierra.
¿Nunca está la tentación de creerse un genio?
A los 8 años, Bocca le dijo a su madre que quería hacer ballet.
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No, cuando uno está seguro de quién es y de lo que hace no hace falta. Esa es la parte extra que quizás la gente necesita para mantenerse viva. Y uno se mantiene vivo con la familia, con los amigos y con la posibilidad que tiene de estar arriba de un escenario.
Al nivel en el que te mueves como intérprete, ¿qué hay de la necesidad de seguir tomando clases, aprendiendo con otros bailarines o coreógrafos?
Sí, es algo que hay que hacerlo todo el tiempo, no es algo que a mí me guste. Y sobre todo cuando uno llega al nivel en el que uno está, el público quiere ver ese nivel y yo también lo quiero ver, por respeto a mí, por respeto al arte. Nosotros tenemos acá seis funciones seguidas, pero sin embargo, todas las mañanas vamos y hacemos clases y ensayos.
¿Existe también una vocación didáctica, de enseñar y transmitir?
Sí. Cuando me retire, lo haré. Me gusta dar clases, enseñar, a mí no me gusta la coreografía, no es algo que me guste, al contrario, no sirvo para eso, así que no lo hago, no me interesa. Me gusta trabajar con gente profesional, tengo mi compañía desde hace 15 años, así que seguiré trabajando con ellos.
Te retiras, en el 2007. ¿En qué fase de tu carrera estás?
Estoy en la etapa de disfrutar de toda la carrera que hice, de todo lo que conseguí y quiero retirarme bien y también hacer otras cosas. He hecho mucho por suerte, he disfrutado mucho todos los roles que he hecho en mi carrera. He hecho más de lo que yo pensaba, he viajado por el mundo, he estado en los grandes teatros, entonces quiero hacer otras cosas y también dejar el camino para la gente joven que viene por detrás. Estoy en el punto máximo. Lo que pasa es que uno siempre va a seguir creciendo en la parte artística.
En la danza más tradicional, ¿cuál es el problema de llegar a un público más amplio?
Yo creo que eso siempre depende de los artistas y de lo que quieren hacer. Yo siempre traté de que la danza fuera una cosa más popular, más amplia. Yo hago las funciones y trato siempre que con la prensa llegue la información de lo que uno está haciendo, si no, no se van a enterar. Sacarlo un poco de lo que es la élite.
¿Qué echas de menos?
Quizás estar en casa, casa siendo Buenos Aires. Estar en mi casa, en mi cama, esas cosas. Llegar en la tarde de un ensayo y estar en mi casita con mi vaso de vino tinto, esas cosas.