El momento elegido para anunciar el matrimonio entre Carlos, príncipe de Gales, y Camila Parker Bowles causó sorpresa.
Camila Parker Bowles tendrá el título de princesa consorte.
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Pero es un hecho que fue consultado previamente con la reina Isabel II, el arzobispo de Canterbury (al frente de la Iglesia Anglicana), el primer ministro británico y posiblemente también expertos constitucionales.
El resultado es una suerte de fórmula de compromiso, denegada al ancestro de Carlos, Eduardo VIII, en 1936.
En otras palabras, Carlos podrá convertirse en rey y contraer matrimonio con la mujer que ama, pero ella nunca será reina.
La diferencia entre Carlos y Eduardo es que este último ya era rey cuando su casamiento con Wallis Simpson fue puesto en duda, y habría sido necesario modificar la ley para que permitiese un llamado casamiento morganático.
El gobierno de aquel entonces, encabezado por el primer ministro Stanley Baldwin, se negó a dar el visto bueno.
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El camino elegido es el menos controvertido
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Pero a pesar de que han transcurrido casi 70 años desde la crisis que llevó a abdicar a Eduardo VIII, aún quedan implicaciones constitucionales que observar en el casamiento de Carlos y Camila.
Como gobernador supremo de la Iglesia de Inglaterra, Carlos no puede casarse con una divorciada en una ceremonia religiosa.
De allí la decisión de elegir un casamiento civil en un sitio -el castillo de Windsor- que no tiene significado religioso para la nación.
Los críticos afirman que esta opción es hipócrita, aunque sea compatible con las leyes vigentes.
Como afirmó el columnista Andrew Carey, hijo del anterior arzobispo de Canterbury, "el camino elegido es el menos controvertido".
"Habría sido muy difícil si Carlos hubiese llegado al trono, manteniendo una relación de concubinato con Camila", agregó.
El título a ser adoptado por Camila tras su casamiento con Carlos es reflejo del sentimiento popular, que sin duda juega un papel mucho más importante que el que jugaba en 1936.
La adopción del título previo, princesa de Gales, ofendería a muchas personas que acusan a Camila de ser la "tercer integrante" en el fallido matrimonio de Carlos con Diana Spencer.
Sin embargo, la denominación de princesa consorte, recuerda deliberadamente al título que adoptó el esposo de la reina Victoria, Alberto, quien se esmeró en ganar el afecto popular para superar las hostilidades iniciales.
El historiador real Richard Waite señala además que el título de princesa consorte es otra forma de decir que Camila será "la señora del rey, y esto parece estar en armonía con la compasiva indiferencia con la que describiría la visión de la monarquía por parte del común de los británicos".