La bellísima voz de la mezzosoprano Lloica Czackis canta en un dialecto que ya casi nadie habla, el yiddish, el dialecto de los judíos europeos. Pero su música es del sur, es el tango. Lloica lleva años redescubriendo una casi olvidada tradición: los tangos judíos.
Czackis se ha dedicado a investigar los orígenes del tango yiddish.
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En los bares, teatros y cabarets de Berlín, Varsovia y Budapest de principios de siglo, la mayoría de los músicos, populares y clásicos, eran de origen judío.
El tango se introdujo arrasador en las salas de baile de toda Europa. Por entonces, los músicos judíos comenzaban sus esfuerzos por apropiarse de esa música que venía del Río de la Plata y compusieron sus primeros tangos para el cabaret.
"Los tangos de la época pre nazi, los del teatro, eran como los argentinos, tenían que ver con la vida amorosa", cuenta Lloica, nacida de Alemania de padres argentinos.
"Me dejaste tan impetuosamente/ que aún escucho el portazo". "No encontrarás un mejor amante /estoy seguro que volverás/ me quedaré esperando", dice la letra de la canción "Sufrir en silencio", que podría haber salido del lunfardo de cualquier tugurio porteño o montevideano, pero que fue escrita en polaco o yiddish y en Polonia.
El tango de los guetos
Agrega Lloica que "con la confinación de los judíos en los guetos, el tango cambió de tono: hablan del hambre, de los niños huérfanos, con un seudo humor que era aparentemente necesario para sobrevivir".
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Es curioso que hayan elegido el ritmo de tango para contar su experiencia. Muchas de esas canciones se hicieron muy populares y se convirtieron en himnos de los guetos
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"Es curioso que hayan elegido el ritmo de tango para contar su experiencia. Muchas de esas canciones se hicieron muy populares y se convirtieron en himnos de los guetos".
"Había un tango, Plegaria, del argentino Eduardo Bianco, que se hizo muy famoso en Europa antes de la guerra. Bianco lo tocó frente a Hitler y Goebbels en 1939; luego los nazis obligaban a los presos de los campos de concentración a tocar ese tango mientras los otros iban a las cámaras de gas. Allí le cambiaron el nombre, le llamaron: El Tango de la Muerte".
El más famoso poema del Holocausto, la "Fuga de la Muerte", de Paul Celan, se llamaba originariamente "El Tango de la Muerte", una alusión al siniestro ritual que convirtió a la música del salón del argentino en el fondo de los recuerdos de la pesadilla en los campos de concentración del poeta.
Tangos de Auschwitz
Años de trabajo de investigación también sirvieron a Lloica Czackis para encontrar otro testimonio de la época, el Tango de Auschwitz , que logró reconstruir en base a la letra dejada por una muchacha judía de 13 años y que fue una suerte de himno para los presos.
El abuelo de Lloica llegó a Argentina a mediados de los años 30 con uno de sus hermanos. El resto de la familia esperaba sus informes en Polonia; cuando uno de ellos volvió a buscar al resto se produjo la invasión de los nazis a Polonia.
Su abuelo no supo nunca más de su hermano ni de ningún otro de los miembros de su familia. Nunca volvió a hablar de eso.
Quizás esa es la herencia, el destino que Lloica Czackis encontró buscando y cantando los tangos judíos, cuando otros, como su abuelo, sólo pudieron responder con el silencio.