Pilar Luna, la pionera de la arqueología subacuática en México, se dedica a rescatar la riqueza cultural prehispánica, oculta bajo las aguas. Esta vez nos cuenta las maravillas del México sumergido.
Estamos encontrando hasta restos humanos de personas que posiblemente fueron sacrificadas.
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La cultura prehispánica, en el caso concreto de México, se asentó siempre alrededor de manantiales, lagos, lagunas y cenotes.
Eran lugares vitales para el desarrollo de la cultura, y también para ofrendar a los dioses y asegurar cosechas abundantes.
"Sabemos que en el agua vamos a encontrar cosas que fueron arrojadas de manera intencional o por accidente por los antepasados pre-hispánicos", señala Pilar.
"En estas aguas interiores estamos encontrando objetos de ofrendas, vasijas, vasos de cerámica, figuritas también de cerámica, piedras talladas. Hasta hemos encontrado dos entierros de infantes que habían sido depositados en el mar, como un culto funerario", agrega.
Los cambios en el nivel del agua que se han producido con el paso del tiempo, han modificado la geografía de estas áreas de asentamientos de culturas ancestrales.
Lo que estaba antes seco, hoy puede estar sumergido. Y ello representa una fuente de investigación importante para Pilar y su equipo de trabajo.
"Muy concretamente en el caso de las cuevas inundadas que tenemos a lo largo de la península de Yucatán, en especial Quintana Roo, estamos encontrando esqueletos completos de personas, a 20 metros de profundidad", dice la arqueóloga.
La preservación según Pilar Luna es "preciosa, porque nada lo ha tocado". Añade además que, "estamos encontrando hasta restos humanos de personas que muy posiblemente fueron sacrificadas".
Sacrificios y ofrendas en el agua
En las culturas pre-hispánicas se acostumbraba obsequiar a los dioses ofrendas de todo tipo.
"En Templo Mayor, por ejemplo, encontramos una máscara de jade olmeca. En el caso de los cenotes, se han encontrado turquesa, oro, hueso, concha, textil, cuero, todos materiales muy bien preservados, porque éstos se preservan muy bien debajo del agua", dice.
También en algunos ríos, Pilar y sus colegas han encontrado pequeñas embarcaciones como canoas y botes, que se han volteado, por ejemplo, con un cargamento de hachas de jade.
El tesoro arqueológico que hay en las profundidades tiene que ser inmenso y de un gran valor.
Pilar Luna explica que en términos reales no sé tiene certeza de cuántos objetos de valor arqueológico hay en las profundidades de las aguas.
"El problema es que se habla de millones de embarcaciones hundidas en el mundo. Hasta el siglo XX todo se hacía por mar. A través del mar vinieron y fueron modos de vida, comidas, vestuarios, idioma, religión y, por supuesto, hubo personajes que fueron y vinieron por mar".
Los buscadores de tesoros
Durante 30 años de su vida, Pilar Luna ha librado una dura batalla contra quienes amenazan su trabajo de investigación.
Se trata de los buscadores de tesoros o "cazatesoros" como también se les conoce.
"Hay grupos en el mundo, individualmente, o se constituyen en compañías poderosas, que les proponen a los gobiernos buscar tal o cual barco. El interés siempre son los barcos que traían o que llevaban tesoros, pero no en términos arqueológicos sino a nivel monetario: oro, plata, esmeraldas".
Para obtener su botín, a los cazatesoros no les importa si tienen que dinamitar el lugar donde han localizado el tesoro. Esto, para arqueólogos como Pilar, es un golpe muy duro.
Pilar Luna hace un llamado a cuidar el patrimonio subterráneo de la humanidad.
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"Quienes nos dedicamos a cuidar el patrimonio de la humanidad, necesitamos hacer excavaciones muy cuidadosas, sistemáticas, porque para nosotros el verdadero tesoro es el conocimiento", apunta Pilar.
"Es la arqueología la que va escribiendo esas páginas que no están escritas, y si los buscadores de tesoros perturban el lugar donde hemos hecho hallazgos importantes, entonces la interpretación de lo que hay allí, se hace más difícil, sino imposible", agrega.
Detrás de una flota
Uno de los proyectos más interesantes en los que actualmente trabaja Pilar con su grupo del Instituto de Arqueología e Historia de México, es la investigación de una flota que data que partió de Cádiz, España, hacia la Nueva España, como se conocía al territorio americano entonces, en julio de 1630.
Dos de los barcos insignias de esa flota se perdieron en el mar, sin dejar rastros visibles.
"Este es un proyecto fascinante y un reto para nosotros, porque a pesar de que no hemos encontrado todavía ninguna de las naves de esta flota, hemos ido reconstruyendo su historia, sabemos casi todo lo que sucedió, antes, durante y después del naufragio", dice Pilar con orgullo profesional.
Después de realizar una exhaustiva investigación previa, ya tienen identificadas varias áreas en el Golfo de México, donde es más probable que hayan quedado los restos de los barcos insignias de esta flota.
Sin embargo tienen especial interés en uno que llevaba por nombre "Nuestra Señora del Juncal", del que hubo 36 sobrevivientes de un total de 339 personas que iban a bordo.
"Esperamos encontrar esa flota, dijo Pilar a BBC Mundo. Estamos usando tecnología de avanzada. Es un trabajo enorme".
Pilar me confiesa que si en su niñez aprendió a querer al mar, en su madurez y después de tantos años trabajando en sus profundidades, ha aprendido a respetarlo.
"Hoy en día estoy abrumada por el mar, porque para que podamos rastrear un bloque de 10 kilómetros de lado, de un área que nos interesa, son muchas horas de trabajo".