El secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Kofi Annan, inauguró una sesión especial de la Asamblea General dedicada a conmemorar los 60 años de la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau, situado en Polonia.
En Auschwitz murieron más de un millón de personas.
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"Tenemos razón al decir 'Nunca más', pero es mucho más difícil dar pasos concretos", dijo.
Annan señaló que, después de las atrocidades cometidas por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, el mundo no había logrado evitar los genocidios de Camboya, Ruanda y la antigua Yugoslavia.
También advirtió que "cosas terribles están pasando hoy mismo en Darfur, Sudán".
Annan le pidió al Consejo de Seguridad que tome las medidas necesarias si un informe de la ONU sobre Darfur que se presentará el martes concluye que ha ocurrido genocidio en el país africano.
"Todo lo que necesita el mal para triunfar es que los hombre de bien no hagan nada", dijo, citando al filósofo inglés del siglo XVIII Edmund Burke.
"La comunidad internacional debe mantenerse atenta contra todas las ideologías basadas en el odio y la exclusión", señaló.
Indiferencia
En la reunión también intervino el escritor y sobreviviente de Auschwitz Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz.
Wiesel recordó lo que llamó el silencio y la indiferencia del mundo.
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Wiesel destacó la indiferencia de Occidente a aceptar más refugiados durante la Segunda Guerra Mundial y trazó paralelos con la situación en Darfur, Camboya, Bosnia y Ruanda.
"Sabemos que para los muertos es demasiado tarde. Para ellos, abandonados por Dios y traicionados por la humanidad, la victoria llegó demasiado tarde, pero no es demasiado tarde para los niños de hoy, los nuestros y los suyos", dijo.
"Es sólo por el bien de ellos que brindamos nuestro testimonio", añadió.
En Auschwitz, liberado por el Ejército Rojo de la ex Unión Soviética el 27 de enero de 1945, murieron en las cámaras de gas, o de hambre y de enfermedades, más de un millón de personas, la mayoría de ellos judíos, pero también gitanos, polacos y otros eslavos, así como prisioneros de guerra y minusválidos.
"En aquellos momentos, los que estábamos allí nos sentíamos no sólo torturados y asesinados por el enemigo, sino también por lo que considerábamos el silencio y la indiferencia del mundo", dijo Wiesel.
"Ahora, 60 años después, por lo menos el mundo trata de escuchar", señaló.