Italia es conocida por sus valores familiares, pero con un quinto de la población que sobrepasa los 65 años muchos italianos emplean a inmigrantes para cuidar de ellos.
Italia es país europeo que más gasta en pensiones.
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"Todos nuestros hijos viven en el exterior, así que tuve que buscar a alguien que pudiera encargarse de mi esposa. Fue imposible conseguir a un italiano para el puesto", dice el empresario retirado Giorgio Potsios, mientras cambia rápidamente los canales de televisión en su casa de Roma.
Su esposa, que fue operada recientemente, sólo puede asentir o negar con la cabeza.
"No puede caminar ni hablar; su lado derecho está semi-paralizado", agrega mientras sostiene su mano suavemente.
"Estar en casa es lo más importante. Yo necesitaba a alguien que supiera cómo ayudarla. Nunca pensé en enviarla a un hogar de ancianos".
El señor Potsios encontró entonces a Svetlana, una inmigrante ucraniana que se encarga del cuidado de su esposa.
Demanda de cuidadores
Él es parte de una tendencia creciente.
Tradicionalmente, las familias italianas se han encargado de sus ancianos.
Pero como los grupos familiares son cada vez más pequeños y pocos en Italia quieren trabajar como cuidadores, los extranjeros aceptan el empleo.
"Tratamos de jugar a las cartas juntas. Algunas veces leo en voz alta, aunque mi italiano aún no es perfecto", dice Svetlana alegremente, mientras describe su rutina diaria.
"Preparo la comida, ayudo a la señora con sus ejercicios de fisioterapia y hago todo lo que puedo para cuidarla".
¿Está usted calificada para el trabajo?, le preguntamos.
"No", dice Svetlana esquivando la mirada.
"Pero tengo la experiencia de la vida. ¿No es lo mismo? Cuidé a mi abuela, que era muy anciana; sé cómo leer los gestos de la gente y entiendo sus necesidades. Amo este trabajo".
Redes familiares
"Y no es caro", dice el señor Potsios. "Le pago 800 euros (US$ 1.060) al mes. Pienso que el mejor cuidado se hace en casa con ayuda extranjera. Ésa es la realidad aquí".
En la Italia familiar, el 10% de los ancianos que requieren atención de largo plazo se encuentran en hogares especiales.
Una cifra que contrasta con la del Reino Unido, Alemania o Suecia, donde ese porcentaje es menor al 1%.
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Los trabajadores extranjeros no son una solución suficiente
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En Italia es inaceptable social y culturalmente enviar a los familiares a un hogar de ancianos.
Estudios recientes sugieren que el número de italianos que se encuentran en esos establecimientos ha disminuido, mientras se incrementa la cantidad de personas que superan los 65 años.
Tradicionalmente, el sistema de seguridad social ha enfatizado esta preferencia canalizando más fondos a cuidadores familiares que a instituciones estatales.
Pero ante familias más reducidas y cada vez menos mujeres que se quedan en casa, muchos italianos ahora dependen de los inmigrantes.
"Es un fenómeno muy positivo para nosotros, porque nuestra gente joven en Italia no quiere trabajar como ciudadores y los hogares de ancianos no prestan un servicio tan bueno", comenta la doctora Luisa Bartorelli, directora del departamento de geriatría del Hospital San Eugenio.
"Comprobamos que los inmigrantes son muy buenos cuidadores. Tienen la actitud correcta, porque generalmente vienen de países donde los mayores tienen un papel en la sociedad y son mucho más respetados que aquí".
Mercado negro
Pero todo esto sucede en un mercado laboral negro y sin capacitación, algo que las autoridades quieren cambiar.
En adelante, las familias italianas que quieran reclamar pensiones para sus ancianos deberán demostrar que los cuidadores tienen permisos de trabajo en regla y están calificados.
Dos tercios del presupuesto para la salud se destina a hospitales.
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El Hospital Universitario de Roma abrió un nuevo curso para la atención de ancianos en el largo plazo.
El auditorio está lleno de extranjeros que estudian el proceso de envejecimiento del cerebro, que se proyecta en una pantalla gigante.
Los estudiantes toman apuntes rápidamente.
"Quería hacer este curso para aprender nuevas herramientas y metodologías que me permitan realizar el trabajo con confianza", afirma Hope, de Nigeria.
"He estado trabajando con ancianos en Italia durante cuatro meses", añade Cecilia, de Filipinas.
"No es fácil ocuparse de personas frágiles, pero adoro el trabajo. No lo siento como un empleo, es también una vocación".
Pocos recursos
Pero los italianos ven la situación desde una perspectiva distinta.
Cuidar a los ancianos es una labor de poco prestigio, bajo sueldo y recursos limitados.
Los planes gubernamentales para crear un fondo nacional para la atención de largo plazo nunca se materializaron.
"No veo cómo pueden evitar un cambio masivo en el sistema. Se deben destinar más recursos estatales a soluciones como ésa", dice el doctor Giovanni Lamura, investigador en gerontología.
"Dos tercios del presupuesto para la salud se destina a hospitales y al alto salario de los médicos. Se trata de algo muy bueno para una población joven, pero no refleja la realidad".
"Los trabajadores extranjeros no son una solución suficiente", explica Lamura.
"La gente necesita darse cuenta de que trabajar con ancianos no implica trabajar con el pasado".
"Cuando una población está envejeciendo tan rápido como la nuestra, la inversión en el cuidado de largo plazo para los ancianos es una forma de ocuparse de nuestro futuro".