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Domingo, 5 de diciembre de 2004 - 10:47 GMT
"La gran personalidad de la danza"

Rolando Aniceto
BBC Mundo

Alicia Alonso, Anton Dolin y Alicia Markova en Las Sílfides, de Fokine
Alicia Alonso, Anton Dolin y Alicia Markova en Las Sílfides, de Fokine.

Una de las mejores bailarinas del siglo XX falleció el pasado jueves en la ciudad de Bath, en el Reino Unido, un día después de haber cumplido los 94 años de edad.

De Alicia Markova los críticos destacan que alcanzó la perfección en sus roles de Odette-Odile en El lago de los cisnes y, particularmente en Giselle, una coreografía a la que imprimió su sello.

"Es el fin de una época". "Era una de las verdaderas leyendas del ballet". Estos fueron algunos de los comentarios hechos tras el fallecimiento de quien -junto con Anton Dolin- cofundara el English National Ballet.

Otra mítica bailarina y otra memorable Giselle, la cubana Alicia Alonso, Prima Ballerina Assoluta y directora del Ballet Nacional de Cuba, conversó con Rolando Aniceto sobre la figura de Markova.


En 1943, bailando para el American Ballet Theatre, usted sustituyó a Alicia Markova, quien debía interpretar Giselle pero enfermó repentinamente cuando ya el teatro había sido completamente vendido. ¿Cómo recuerda a Markova?

Alicia Markova
Alicia Markova
Lilian Alicia Marks nació en Londres en 1910
Debutó a los 10 años de edad
En 1924, se incorporó a la Compañía de ballets rusos de Diaghilev.
En 1935 creó su propia compañía con Anton Dolin.
En 1963, la reina Isabel II de Inglaterra la nombró dama
Ese mismo año, una lesión en la pierna le obligó a retirarse de los escenarios, y se convirtió en profesora y directora del Metropolitan Opera Ballet de N. York.
Fundó en la década de los años 50 el English National Ballet, del que se mantuvo presidenta.

Alicia Markova fue la primera bailarina que yo vi bailando Giselle. La primera gran bailarina del estilo romántico como me gusta a mí, como lo he visto siempre en mi imaginación, como pensaba que debía de ser.

Alicia Markova es la gran personalidad de la danza. Es un dolor tremendo para todos nosotros la pérdida de una de las grandes figuras del ballet.

Cuando ella se enfermó, ese fue el primer Giselle que yo bailé. Nadie en el Ballet Theater quería bailarlo porque ya los tickets en el Metropolitan Opera House se habían vendido a nombre de ella.

El empresario me pregunto: "¿Usted se atreve a hacerlo?". Dije: "Yo trataré, si me ayudan". Y entonces fui a verla a ella, y ella me recibió en el hotel donde vivía, y entonces me prestó los adornitos de cabeza del segundo acto para que pudiera bailar con ellos esa noche.

Fueron tres días los que tuve para prepararme para bailar Giselle con Anton Dolin, que desde luego me ayudó tremendamente.

De La Markova siempre alabaron su agilidad, su precisión, ¿cómo usted describe su manera de bailar?

Ella bailaba muy simple. Tenía una perfecta coordinación de los brazos y la cabeza. No hacia movimientos extra; todos sus movimientos estaban bien coordinados.

Era una persona que tenía un sentido de fragilidad muy lindo cuando bailaba. Le daba a uno la sensación que era una mujer frágil, que no tenía peso, que flotaba verdaderamente. Era una sensación preciosa.

Cuénteme algo personal, algun recuerdo, alguna anécdota de usted con La Markova.

La primera vez que ella estaba haciendo una barra con el American Ballet Theatre yo estaba allí; yo era solista, ya ella era una figura y me dice: "Me dicen que te llamas Alicia". Respondo: "Sí". "¿Por qué?", me pregunta. "Porque en mi familia hay muchas Alicia. Mi madrina se llama Alicia. A mí me gusta el nombre".

Sobre Alicia Markova
Alicia Alonso. Foto cortesía http://www.alicialonso.com/
Era una persona que tenía un sentido de fragilidad muy lindo cuando bailaba. Le daba a uno la sensación que era una mujer frágil, que no tenía peso, que flotaba verdaderamente. Era una sensación preciosa

Me dice: "Ah, entonces está bien".

Recuerdo claramente que ella me vio un día en una barra en el escenario tratando de hacer ejercicios.

Entonces empecé a mover los brazos, la cabeza, tratando de practicar el baile que tenía que bailar ese día, que era el Pas de Troix del Lago de los Cisnes, pero moviendo la cabeza nada más sin mover los pies; la cabeza y los brazos.

Me dijo ella: "¡Qué maravilla!. ¿A ti te preocupa la cabeza y los brazos?".

"Desde luego" -le dije- "A mí me parece que es importantísimo".

Me respondió: "¡Qué bueno oír a alguien que hable así porque hoy en día nada más que se ocupan de los pies!".



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