¡Cuántas cosas se podrán hacer en un viaje!
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Las conversaciones con los taxistas son uno de los placeres -y suplicios- de la vida contemporánea. ¿Pero puede la tecnología transformar esta interacción humana en algo del pasado?
Los taxistas son un grupo de personas inteligentes: dicen que aprender a manejar con confianza en los laberintos de cualquier ciudad hace que el cerebro se ponga más grande. Tal vez por eso la gente disfruta charlar con ellos.
Pero los adelantos tecnológicos introducidos en los taxis de algunas ciudades del primer mundo parecen amenazar la cotidiana charla con el conductor.
Por ejemplo en Australia, uno puede, mientras viaja, escuchar la información que desee, desde noticias hasta cómo pagar las cuotas de la compra de la casa. En fin, todo lo que uno quiera saber.
En Melbourne uno ya no tiene la necesidad de pedirle al taxista que le recomiende un bar o un club nocturno en la zona: es el taxi mismo el que tiene la respuesta. Y como estos sistemas no son económicos, la parte superior de la pantalla que brinda la información, viene con avisos publicitarios.
Matando dos pájaros de un tiro
Las pantallas de computadora en la parte trasera de los taxis no están necesariamente en contra del arte de la conversación.
Pero es bastante posible que si uno conversa, lo haga no con el taxista sino con un extraño.
¡Digno de un príncipe!
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Por ejemplo, si uno está interesado en comprar un par de zapatos, la pantalla le ofrece un página especial de una tienda de calzados en la que uno escribe su número telefónico y lo llaman inmediatamente para ofrecerle sus servicios. El taxi puede llevarlo a la tienda -que se encuentra en la zona por donde circula el vehículo- y más tarde continuar con su viaje.
Otros de los servicios que ofrecen los taxis "adelantados" son el pago del viaje con tarjeta de crédito (desde muchos años una práctica común en Finlandia).
En Londres por ejemplo, algunos taxis cuentan con una computadora que le indica al conductor las mejores calles para dirigirse al destino que le indica el pasajero, mientras que en otros, se pueden ver videos musicales durante el trayecto.
Pero si se siente agobiado ante tanta parafernalia, no se preocupe, seguramente pasarán varios años para que estas innovaciones lleguen a América Latina, así que por el momento serán cuestión de continuar con la charla.