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Viernes, 5 de noviembre de 2004 - 00:13 GMT
Lucrecia Martel, Dios y el deseo

Religión, moralidad y despertar sexual: ésos son los elementos centrales de "La Niña Santa", la segunda película de la directora argentina Lucrecia Martel, que fue una de las revelaciones del festival de Cannes de este año y acaba de ser mostrada en el festival de cine de Londres.

Lucrecia Martel
Lucrecia Martel: dos películas, dos éxitos.

Fiel al estilo que Martel mostró en La Ciénaga, su primera y aclamada película, "La Niña Santa" es una cinta sutil y perturbadora. Los protagonistas, Amalia, la adolescente de 16 años, y el doctor Jano, sólo dialogan entre ellos una vez, durante nueve segundos.

Como todo en el film, su relación es inalcanzable, intocable. Cuando él se acerca a ella provocando apenas un roce sexual, ella decide que Dios la ha elegido para salvarlo de su pecado. Pero nada sucede. La tensión está construida en torno a fantasías.

BBC Mundo conversó con su directora a su paso por la capital inglesa.


"La Niña Santa" es una película con muchas lecturas: tiene el ángulo religioso, el sensual, ¿cómo la explicas tú?

Para mí es la historia de la relación de Amalia, la chica adolescente, con ese hombre, pero rodeada de una especie de trampa en que están envueltos los personajes, que es lo que a mí más me interesa entender.

¿Y qué es lo que los entrampa?

Tiene que ver con la moral, con el lenguaje, con cosas que se van armando en torno al cuerpo, a las personas.

¿La religión entra en este aspecto?

Pero solamente como parte de ese tejido invisible que rodea a las personas: dónde está la moral, dónde están las leyes que organizan las relaciones, pero no pretendí ir en contra de ninguna cuestión religiosa en particular.

La actriz argentina María Alché, La Niña Santa
Amalia había experimentado el deseo de su cuerpo de un modo tan extraordinario que le parecía una convocatoria divina

Pero hay como una lucha entre la culpa y el deseo.

Yo nunca me lo planteo en términos de culpa, porque mi posición sosteniendo la cámara está más del lado íntimo de los personajes y me parece a mí que la culpa nunca es íntima.

Los psicoanalistas me podrían incinerar por decir esto, pero para mí la culpa es una construcción externa al cuerpo.

La historia se desarrolla en un hotel a mal traer durante un congreso médico de otorrinolaringología. El puro nombre de la especialidad es bastante sensual, suena a pájaros. ¿Por qué la elegiste?

Necesitaba que el congreso fuese sobre alguna especialidad y me parecía una especie de broma, de chiste que no sé si alguien entiende, que en medio de esta gente que está preocupada por escuchar el llamado de Dios hubiese especialistas en oído y garganta.

Amalia habla de salvar al doctor Jano de su pecado, pero no está claro cómo pretende hacerlo.

Yo me propuse que tampoco quería saber, porque hay algo que a mí me encanta de las personas y es que hay misterios de las que son o no conscientes, pero que son imposibles de revelar o comunicar.

Es una cosa que tiene su costado melancólico, nostálgico, que es una especie de soledad inherente a cada ser humano, pero que es a la vez algo bello, inabarcable, misterioso.

Y a mí me parecía que yo no tenía para que saber cuál era su plan secreto y creo que si hubiera tenido oportunidad de hablar con el personaje ella tampoco habría podido explicármelo demasiado: solamente que había experimentado el deseo de su cuerpo de un modo tan extraordinario que le parecía una convocatoria divina.

Hablando del final, ¿por qué elegiste la imagen sugerente de Amalia y su amiga en la piscina? Tiene algo perverso sobre el deseo y todo lo que viene flotando durante la película congelado en una sola imagen.

Yo perverso no lo veo. Lo que me gusta de esa imagen es una sensación, porque en un cuerpo vivo flotando en el agua hay una cosa de placer muy extendido; es difícil que alguien tenga una sensación desagradable de esa imagen.

Y me parece que era una buena imagen final de lo que a ellas les está pasando, que están en ese mundo que se inventaron ellas flotando, placenteramente, sin demasiados problemas, mientras quizás en otra parte del hotel las cosas estén un poco complicadas. Y sea debido a ellas en parte.

El actor Carlos Belloso interpreta al doctor Jano
Me parecía una especie de broma, de chiste que no sé si alguien entiende, que en medio de esta gente que está preocupada por escuchar el llamado de Dios hubiese especialistas en oído y garganta.

También hay algo intocable en la película, tanto que incluyes un theremin, el único instrumento musical que se interpreta sin hacer contacto físico.

Uno, porque para mi generación el sonido del theremin es bastante evocativo de las películas clases B de los años 50 o 60, de las películas de terror, de ciencia ficción.

Y a mí ese sonido con un cierto humor me gustaba para las escenas entre Amalia y el doctor Jano no fuesen solemnes, tipo ¡oh, qué horror el tipo, lo que le está haciendo a la chica!, para bajar un poco ese tono.

"La Ciénaga" fue tu primera película, tu carta de presentación en el mundo. ¿Cómo fue esta segunda experiencia de filmar?

Quizás más distendida, porque cuando hice "La Ciénaga" yo nunca había estado en un set y había muchas cosas que no sabía.

Por ejemplo, no había experimentado que cuando empieza un rodaje es la última vez que tienes en tu mente la película armada como una unidad.

A partir del rodaje el guión estalla en miles de fragmentos que se filman desordenadamente y lo que te queda como sensación de unidad de cuando escribiste la historia es un leve recuerdo muy frágil. Y eso nunca más lo recuperas. Ojalá en 20 años pueda ver "La Ciénaga" y verla como película.

¿Cómo es la experiencia de mostrar cine adentro y afuera de Argentina?

A mí siempre me impacta mucho lo que pasa en Argentina, es el entorno que veo todos los días, así que lo que ahí pasa me afecta muchísimo.

Pero lo que sucede afuera es que, primero, uno se encuentra con muchísimos argentinos y siempre es muy impactante ver esa devolución interna alejada.

La otra cosa que siempre sorprende es que las historias, a pesar de estar bastante localizadas, porque yo filmo en la provincia de Salta, que está cerca de Bolivia, pueden ser entendidas en otras partes.

Esa es la maravilla de la cuestión humana, que las emociones pueden ser muy extendidas. Enfrentarte a eso es muy emocionante.

Por ejemplo, con "La Ciénaga" me pasó que una chica de Toscana me hablaba de su abuela y parecía que hablaba de la mía.

Con esta película me pasa lo mismo, hay gente que me dice que es su adolescencia y yo digo, cómo. Por ahí es alguien de Nueva York y yo no me imagino una adolescencia provinciana, como fue la mía, pero en Nueva York.

¿Y ahora qué?

Ahora estoy trabajando en el guión de algo que siempre he querido hacer: una película de horror argentino. A ver qué sale.



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