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Domingo, 20 de junio de 2004 - 20:00 GMT
Donde el mito choca con la realidad

Éste 21 de junio el Sol vuelve a alumbrar al norte del planeta por más horas que cualquier otro día del año.
En Inglaterra, miles de personas se congregan alrededor de las piedras sagradas de Stonehenge para celebrar no sólo el solsticio de verano sino también el trigésimo aniversario del más grande festival libre de la historia británica.

Stonehenge
Una colorida historia de un festival libre que no lo ha sido tanto.

En 2003 más de 30.000 personas acudieron a la cita en el monumento megalítico construido hace 5.000 años en Salisbury, que fue un importante centro religioso para la cultura celta.

Se reanudaba con ello una tradición que había sido reprimida por algunos años con la clausura del sitio público que impuso la fundación English Heritage, encargada de proteger el patrimonio cultural inglés, por registrarse disturbios.

Pero el festival sobrevivió, como lo había hecho en el pasado a la fuerte oposición del gobierno de Margaret Thatcher, el cual no pudo evitar que la celebración de un pequeño grupo de hippies en Stonehenge se convirtiera en una de las más importantes fechas del calendario contracultural británico.

Amor y paz

Todo empezó en 1974, cuando Phil Russell, un huérfano hijo de un acaudalado terrateniente, y Jeremy Ratter, co-fundador del grupo musical anarco-punk Crass, organizaron el primer Festival Libre de Stonehenge.

EL FESTIVAL LIBRE DE STONEHENGE 1975
Stonehenge
Viejos amigos conocieron nuevos, las manos se tocaron, los cuerpos se entrelazaron, las mentes se expandieron y, en un minúsculo punto de nuestra Tierra, el amor y la paz se convirtieron en realidad
Jeremy Ratter, co-fundador

500 hippies se saltaron el cerco de alambre de púas que había erigido el Ministerio de Obras.

Después del solsticio, 30 de ellos desafiaron una orden judicial y se quedaron otros seis meses.

La publicidad generada por el juicio aseguró que para el año siguiente el número de asistentes se doblara.

Ratter describió el festival de 1975 diciendo: "hogueras de leña, tiendas de campaña, comida gratis, escenarios y bandas, música y magia... viejos amigos conocieron nuevos, las manos se tocaron, los cuerpos se entrelazaron, las mentes se expandieron y, en un minúsculo punto de nuestra Tierra, el amor y la paz se convirtieron en realidad".

Tragedia

Stonehenge
Las piedras sagradas siguen acumulando leyendas.

Pero el co-fundador del festival no pudo asistir. Arrestado por posesión de LSD el mes anterior, Russell estaba recluido en un hospital psiquiátrico.

Recuperó su libertad diez días después del solsticio, y se suicidó unas pocas semanas más tarde.

Sus cenizas fueron dispersadas sobre las rocas milenarias de Stonehenge el 21 de junio de 1976 -cuando el grupo de asistentes se había vuelto a doblar.

Alimentado por el mito del martirio, el número de asistentes continuó creciendo al mismo ritmo hasta alcanzar los 70.000 en el décimo Festival Libre de Stonehenge de 1984.

... y dolor

El año siguiente, la colorida historia del evento anual llegó a un abrupto final.

El 1º de junio de 1985, 300 personas que se disponían a ir al festival fueron arrestadas y 12 de ellas terminaron en el hospital tras una violenta confrontación con la policía.

Adoradores y policías en 1999.
Desde hace unas décadas, la policía siempre está presente.

500 oficiales de seis fuerzas de seguridad diferentes depositaron 15 toneladas de gravilla en una carretera, a unos 11 kilómetros de las sagradas rocas, y utilizaron vehículos de las gobernaciones para bloquear la caravana de 140 carros que se dirigían a Stonehenge.

Lo que sucedió después es muy disputado.

La policía dice que fue atacada con pedazos de madera, piedras y bombas de gasolina.

Los de la caravana aseguran que fueron "emboscados" por la policía durante su pacífica peregrinación y que los agentes rompieron ventanas, golpearon a quienes se querían entregar, arrastraron a las mujeres del pelo y usaron martillos para dañar el interior de sus buses.

English Heritage había conseguido una orden judicial para impedir que 83 individuos específicos no llegaran a Stonehenge, pero la Batalla de Beanfield -como se llegó a conocer- sucedió fuera de la jurisdicción de esa orden.

Para muchos, la batalla puso en evidencia el hecho de que se había adoptado una línea aún más dura en los más altos niveles del gobierno contra el creciente número de hippies que pasaban los veranos yendo de festival en festival.

La dama de hierro

Dibujo artístico hecho tras el descubrimiento de un antiguo esqueleto, que recrea una posible escena del pasado remoto.
El lugar ha sido escenario de dramas.

Desde que Margaret Thatcher había asumido el cargo de Primer Ministro en 1979, la cantidad de "viajeros de la nueva era" se había doblado -en parte gracias al incremento de evicciones de invasores de casas en Londres, según le explicó a la BBC Andy Worthington, autor de "Stonehenge: celebración y subversión".

En 1982, 135 vehículos fueron del Festival Libre de Stonehenge a unirse al Campamento de Mujeres por la Paz, que acampaba afuera de la base aérea en Greenham Common, donde se almacenaban misiles estadounidenses.

La autodenominada Caravana por la Paz evadió a 2.000 agentes de policía y montó el Carnaval Cósmico Contra-Misiles detrás de la base.

Desde ese momento, su futuro estaba sellado.

Dos personas son demasiadas

Stonehenge
Los viajeros no desaparecieron, pero sí cambiaron.

"Thatcher decidió enfrentar a los viajeros", recuerda Worthington.

La premier le dijo a la Cámara de los Comunes "me complace mucho hacer todo lo posible para hacerle la vida difícil a las caravanas de hippies", y añadió que "si la legislatura que tenemos es inadecuada, crearemos nuevas leyes".

Y lo hizo. La ley de orden público de 1986 tornó la entrada a propiedad privada sin permiso en una ofensa criminal y declaró que "dos personas que avanzan en la misma dirección pueden constituir una procesión y pueden ser arrestadas por considerarse una amenaza al orden público".

Hay que aclarar que, en Gran Bretaña, caminar con libertad por el campo sin tener que pedirle permiso a los dueños de la tierra es uno de los derechos más antiguos y firmemente defendidos por la población.

Stonehenge
El milenario centro religioso celta ha visto tiempos de paz y de guerra.

Fue el último clavo del ataúd del movimiento de los festivales libres británicos pues prohibió que los "viajeros de la nueva era" se movilizaran.

No obstante, en vez de ponerle fin a la politización de la Caravana de la Paz, la Batalla de Beanfield hizo que muchos veteranos de los festivales se comprometieran aún más y se unieran a los movimientos contra la globalización y a protestas callejeras...

... las fiestas continuaron, en la clandestinidad...

... y las piedras que dejaron los ancestros siguieron y seguirán inspirando pasiones en la isla británica.



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