El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, provocó una tormenta política al hacer una serie de bromas sobre la infructuosa búsqueda de las mentadas armas de destrucción masiva en Irak.
En una cena de gala para periodistas, Bush hizo una presentación con diapositivas en las que se burlaba de sí mismo y de otros integrantes de su gobierno.
Una imagen mostraba a Bush mirando por debajo de un mueble. Acto seguido el mandatario exclamó: "Esas armas de destrucción masiva tiene que estar en alguna parte".
Al mostrar otra en la que él miraba hacia la esquina de una habitación, dijo: "No, no veo armas por aquí".
"¿Tal vez aquí abajo?" señaló cuando proyectaba una diapositiva en la que se lo veía con el torso inclinado hacia adelante.
El público de la 60º cena anual de la Asociación de Corresponsales de Radio y Televisión pensó -al menos en el momento- que los chistes del Presidente eran muy graciosos.
A la luz del día
Sin embargo, al día siguiente, a la cruda luz del día, las chanzas de Bush no parecían tan divertidas.
Los chistes sobre la infructuosa búsqueda de las armas de destrucción masiva -principal razón para ir a la guerra con Irak- fueron calificados de mal gusto y fuera de lugar.
"Si George Bush cree que su argumento para justificar la guerra es algo de lo que uno puede reírse, entonces está más alejado del sentir popular de lo que pensábamos", dijo el senador John Kerry, contrincante de Bush en las próximas elecciones de noviembre.
"Desafortunadamente para el Presidente, esto no es una broma".
"(Los comentarios de Bush) denigran el sacrificio de los soldados estadounidenses y sus familias", agregó.
Más de 500 soldados estadounidense perdieron la vida durante la guerra y cientos resultaron heridos.