A pesar de la recomendación que hacía Henry James a los escritores de que no pusieran a un loco como personaje central de una narración, porque según lo citara Gore Vidal "al no ser el loco moralmente responsable, no habría verdadera historia que contar", Laura Restrepo escogió a una mujer delirante como personaje central de su última novela.
Y es que lo menos que se puede decir de Delirio, la novela ganadora del premio Alfaguara de novela 2004 -editada simultáneamente en 18 países y celebrada, sin escatimar aplausos, por José Saramago como "una expresión de todo lo que tiene Colombia de fascinante" - es que no tiene una historia que contar.
Su autora, una mujer que dedicó parte de su vida a la política y al periodismo y que no por nada fue electa hace poco alcalde por un día de Bogotá tiene un don especial para cazar las historias y contarlas.
Primero que nada está la historia de Agustina. Ella es la que delira. En palabras de Restrepo, Agustina es una mujer muy linda con el pelo largísimo que viene de la clase social más privilegiada de Bogotá, pero que al mismo tiempo "es una desclasada".
Porque Agustina está perdida en dolores de infancia y es incapaz de salir de ellos como el perro que se lame las heridas creyendo que así se le sanarán alguna vez y es expulsada de su clase y de su familia como un bicho raro.
Ella delira, y para su delirio Restrepo no emplea ningún término clínico porque, según confiesa, lo que busca es describir su locura como el territorio en que se pierden no sólo las personas sino las sociedades.
La bondad de modé
Segundo, está la historia de Aguilar su marido, el encargado de reconstruir la vida de Agustina para sacarla de su delirio. Un hombre que la autora pinta bueno, honesto, fiel, enamorado de su mujer.
"Aguilar me dio mucha lata, me costó mucho armarlo porque no parece haber en la literatura ni en la sociedad contemporánea el lenguaje adecuado para hablar de la bondad", dice Restrepo a BBC Mundo.
"Es que la sociedad está llena de gente buena, pero la bondad parece una virtud en desuso como si hubiere un aura cursi alrededor de ella que hace que no la busquemos más pues nos parece fronteriza con la tontería. Hace tiempo que no escucho a una amiga que me diga que busca un hombre bueno para casarse o que en el colegio le digan a los niños que hay que ser buenos, como si eso estuviese pasado de moda".
Locura hereditaria
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Obras
Historia de un entusiasmo, 1986
La isla de la pasión, 1989
Leopardo al sol, 1993
Dulce compañía, 1995
La novia oscura, 1999
La multitud errante, 2001
Olor a Rosas Invisibles, 2002
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La historia tiene su raíz en un delirio genético. Nicolás Portulinus, el abuelo de Agustina, es un músico alemán que acaba en un pueblo de la tierra caliente colombiana que se llama Sasaima y se convierte "en el rey del bambuco" que es la música popular de esas zonas.
"Buena parte del delirio de Agustina tiene que ver con las hipocresías en la que se desarrollan nuestras familias, el montón de mentiras con el que rodeamos temas como el de la sexualidad", dice Restrepo.
En el meollo de la historia está la descripción de la técnica más autóctona de la hipocresía y cómo esta habilidad se vuelve hereditaria, cómo se aprende a mentir, a aceptar la mentira oficial como si fuera la realidad y suplantarla.
De su padre, Eugenia, la madre de Agustina aprende que a los hechos más graves de la existencia se les cambia de signo para poder mantener las apariencias.
El tejido del narcotráfico
El más cuerdo de la historia es un lavador de dólares de Pablo Escobar. El Midas McAlister un personaje divertido, cínico sin escrúpulos.
El típico arribista social que encuentra en el narcotráfico su trampolín ideal. El que tiene todo que esconder es en realidad el único en la novela con la cordura suficiente para decir las cosas por su nombre.
En medio de una hermosa narración que la crítica ha preciado como magistral, está la labor de una periodista que retrata mejor que nunca las calles de una Bogotá sitiada por una fiera herida: Pablo Escobar derramando bombas por doquier.
Por algo Laura Restrepo figura entre los autores latinoamericanos más destacados del momento, y sus libros han sido traducidos a más de una docena de idiomas.
En la actualidad vive en Bogotá, donde recientemente fue nombrada directora del Instituto de Cultura y Turismo.