A diez años de la caída del Muro de Berlín, cayó uno de los últimos símbolos de la Cortina de Hierro en Europa: una valla metálica.
La cerca separaba la ciudad italiana de Gorizia de su vecina eslovena, Nova Gorica, dos poblados situados en medio de los Alpes.
Una multitud de personas se reunió alrededor de los alcaldes de ambas poblaciones, que desmantelaron con llaves inglesas y martillos la cerca para simbolizar el inminente ingreso de Eslovenia a la Unión Europea.
"El camino hacia Europa ahora está abierto, pero tan sólo simbólicamente", dijo un reportero esloveno.
Tomates y flores
Conforme al Acuerdo de París de 1947, que delimitó la frontera entre Italia y la antigua Yugoslavia comunista, cuatro quintas partes de Gorizia fueron adjudicadas a la república yugoslava de Eslovenia, mientras que una gran parte urbanizada pasó a ser de Italia.
La barrera separó a amigos y familiares por décadas, y fue víctima de la tensión propia de la Guerra Fría durante la década de los 50, como recordaron sus habitantes.
"Aún recuerdo que existía un alambre de púas. Alguien cayó en el alambre y los italianos tuvieron que arrastrarlo de regreso, porque si no, los de nuestro lado lo habrían matado", dice Cilka Princic, residente de Nova Gorica.
Otra eslovena, Julij Strosar, recordó que "nos escupíamos los unos a los otros y arrojábamos tomates hacia el otro lado".
La frontera entre los dos países continúa existiendo, pero el alcalde de Gorizia, Vittorio Brancati, se mostró optimista en que las ciudades se integrarán: "Hoy estamos derribando un muro real, pero esperamos que las barreras mentales también se derriben".
Su homólogo de Nova Gorica, Miro Brulc, explicó que en el lugar de la cerca se construirá un plaza donde la frontera será demarcada por macetas con flores.