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Sábado, 27 de diciembre de 2003 - 13:07 GMT
Las cartas escritas a Dios

Jana Beris
BBC Mundo, Jerusalén

Carta escrita a Dios
Algunas cartas dirigidas a Dios especifican que su destino sea el Muro de los Lamentos.

Nadie pudo confirmar jamás su último domicilio conocido y nadie lo ha visto personalmente salir o entrar a su casa. Ello no impide, sin embargo, que todos estén convencidos: la mejor forma de ubicar a Dios, al parecer, es escribirle una carta y enviarla a Jerusalén.

Eso es lo que hacen al menos numerosos ciudadanos del mundo, cristianos y judíos en especial, que en distintos idiomas y desde diferentes rincones de la Tierra, envían cartas a Dios, escribiendo como dirección: Jerusalén.

Los más ordenados entran en detalles y aclaran que su carta debe llegar al Muro de los Lamentos, el sagrado santuario judío, único remanente del Templo Sagrado, que era considerado la casa de Dios.

Pero con o sin aclaración, allí desembocan todas las cartas que llegan al correo de Jerusalén con este importante destinatario.

Sección especializada

En la sección de la Autoridad de Correos de Israel, encargada de las cartas que no pueden ser entregadas por problemas en la dirección, tienen desde hace años una singular costumbre.

Aún siendo plenamente conscientes de que no pueden salir con esas cartas a cuestas, golpear en una puerta, entregarlas y salir con sensación de misión cumplida, sienten la responsabilidad de hacer lo máximo a su alcance para garantizar que la intención de quien escribió los mensajes al Todopoderoso, sea respetada.

Muro de los Lamentos
Todas las cartas son llevadas por los empleados del correo al Muro.

Y lo que se les ocurrió como la mejor fórmula a seguir es cada varias semanas, juntar todas las cartas acumuladas dirigidas a Dios y llevarlas al Muro de los Lamentos, colocándolas en las ya muy repletas rendijas entre sus enormes piedras milenarias.

"Hacemos todo lo que podemos para que las cartas estén lo más cerca posible de Dios", nos dijo Avi Yaniv, director de la sección del Correo que tiene a su cargo estos singulares sobres.

"La esperanza es que los pedidos lleguen a sus oídos. El Muro sagrado es lo único que quedó del Templo destruido y estoy seguro de que todos aquellos que envían las cartas, sean judíos o cristianos, estarían satisfechos de saber que sus plegarias y pedidos de ayuda, desembocan en ese santuario", señaló Yaniv a la BBC.

Pedidos diversos

Las cartas arriban a Jerusalén no sólo de variadas procedencias, sino también con pedidos muy diversos. "Hay dos categorías: lo espiritual y lo material", nos cuenta este funcionario postal.

"Hay gente que pide cosas materiales concretas, quieren dinero, una buena esposa, que Dios los ayude a cambiar el auto, a tener un buen trabajo o a encontrar una casa apropiada. Pero hay gente que escribe de otra forma, lo cual toca mucho más el corazón, y que pide que su familia goce de buena salud, que sus hijos estén sanos, que un familiar muy enfermo reciba ayuda de Dios a curarse y que Dios no se lleve su alma".

Avi Yaniv y Ahuva Cohen
Yaniv y Cohen consideran que tienen una responsabilidad ante la gente que escribe.

Y están por supuesto los pedidos especialmente emotivos, como el de una mujer cuyo esposo había fallecido hacía unos años, diciendo que lo extraña muchísimo y pidiéndole a Dios que él le aparezca en el sueño.

Están también los que inevitablemente dan gracia, como aquellos que años atrás se llevaron una toalla o un cenicero de un hotel y piden perdón o hasta los que agregan el dinero del estimado valor del objeto hurtado.

A las cartas originales se suman los pedidos de los niños o adolescentes que ruegan recibir ayuda divina para tener menos tareas escolares y poder seguir adelante sin tener que esforzarse tanto en los estudios.

El muro sagrado termina siendo pues el depósito de todas estas solicitudes, desde las más dramáticas, hasta las más nimias. Y los recibe al parecer con gusto, hayan estado dirigidas las cartas al mismo Dios, a Jesús, la Virgen María, el Dios de Israel, el Rey de los Cielos u otros nombres similares.

"Enviados"

Llegan de todo mundo. El flujo es continuo pero se incrementa claramente unas semanas antes de Navidad y Año Nuevo, así como también cerca del fin de Año judío o Yom Kipur, el Día del Perdón.

Y todo, sin duda, motivado por una profunda convicción de quien escribe, de que el único que podrá ayudar -sea cual sea el pedido- es Dios.

"Cada uno tiene sus problemas, sea por falta de trabajo, dificultades en casa, con los niños, todo se refleja en las cartas", nos dice Ahuva Cohen, una de las funcionarias en la sección de correos encabezada por Avi Yaniv.

Carta a Dios
Yo quiero que mi hijo se cure de su enfermedad, que no sufra más, que quede bien, que esté sano en mente y cuerpo. Que se encuentre feliz, que siga con buenas costumbres y vida sana y saludable, que tenga buenas compañías y buenos amigos, que tenga gusto por su estudio y por su carrera, que la termine, que tenga buen trabajo después, que sea bueno y honesto, que tenga conciencia de la bondad de las personas
Carta a Dios

"Si alguien necesita ayuda y decide escribirle a Dios, es porque llega a la conclusión de que no tiene alternativa. Y nosotros tenemos que ayudar a que el pedido llegue a destino, porque somos como enviados de esa gente", sostiene.

Avi está plenamente de acuerdo y casi se enoja cuando le preguntamos si no cree que alguien que se molesta en escribir, colocar la carta en un sobre y enviarla por correo con estampilla, con destinatario "Dios", puede estar un tanto desequilibrado.

"Creo que hay cartas muy hermosas y que resultan agradables de leer. No estoy de acuerdo en que el escribirle a Dios por correo signifique que la persona sea desequilibrada. Para nada. Uno ve que la persona escribe con dolor".

"Creo que esas cartas son producto de desesperación, a veces de depresión o esperanzas especialmente fuertes respecto a algo que la persona desea. No tienen a quién dirigirse y buscan aferrarse a algo espiritual, creyendo quizás que de allí vendrá la salvación".

Y quizás sirva el ejemplo de una carta concreta, que llegó al correo en Jerusalén, escrita en idioma español, proveniente de España, para comprender qué significa pedir ayuda a Dios.

"Yo quiero que mi hijo se cure de su enfermedad, que no sufra más, que quede bien, que esté sano en mente y cuerpo. Que se encuentre feliz, que siga con buenas costumbres y vida sana y saludable, que tenga buenas compañías y buenos amigos, que tenga gusto por su estudio y por su carrera, que la termine, que tenga buen trabajo después, que sea bueno y honesto, que tenga conciencia de la bondad de las personas".

Y con una hermosa despedida, agrega: "Que me quiera y respete como su madre. Que valore el dinero bajo la providencia divina, de manera perfecta y en armonía para todos. Gracias Padre que me lo estás consiguiendo".



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