Kalashnikov está orgulloso de la simpleza y confiabilidad de su creación.
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En la localidad holandesa de Delft se ha inaugurado una exposición de armas. Su nombre es "Rifle sin Fronteras". Su apellido sólo puede ser uno: Kalashnikov.
En el museo militar de esa ciudad se exhiben actualmente docenas de modelos de este fusil automático, también conocido como AK-47, que hizo su primera aparición pública en 1949 y hoy tiene entre 50 y 100 millones de ejemplares en circulación.
Su creador, Mijaíl Kalashnikov, un ex general del ejército soviético, continúa enamorado de su creación a sus 84 años.
"La simpleza y confiabilidad de mis armas son el secreto de mi éxito. Yo no conocía el mercado, mi objetivo era proteger las fronteras de mi país".
Crea fama
Aunque su creador no está tan contento con la fama que ha cobrado su más renombrado hijo, conocido en el mundo entero por ser el arma preferida de milicias y guerrilleros. Para él, su invento sólo debía ser utilizado por soldados regulares.
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Yo no los entrené o les pedí que lleven armas (a los niños guerrilleros), no es mi culpa
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Tampoco quiere admitir críticas en contra de la "confiabilidad" de su rifle, con el que han matado a decenas de miles de personas en todo el mundo.
"Sólo los políticos pueden resolver los problemas que tienen una solución pacífica -sin armas de fuego de por medio-, son entonces los políticos los que deben ser culpados".
Con respecto a todos esos niños que levantan kalashnikovs en África sin ni siquiera poder pronunciar el nombre, el general también tiene una respuesta: "Yo no los entrené o les pedí que lleven armas, no es mi culpa".
Memorabilia
Además de los fusiles de asalto, la exposición exhibe una serie de objetos que se subieron a la difusión internacional del Kalashnikov, como camisetas con rifles estampados, etiquetas de marcas de Vodka y una alfombra afgana con el famoso apellido.
En otra sección se muestra el destructivo impacto de una bala disparada contra una pared.
El diseño del Kalashnikov, o "aka" para algunos, fue celosamente guardado durante los años de la Unión Soviética.
Hasta esta muestra en Delft -que durará hasta mayo- sólo había sido exhibido una vez en Occidente.